La belleza del cuerpo en la antigua Grecia

La representación del cuerpo es un instinto básico del ser humano, y no fueron los griegos, entre los pueblos de la antigüedad, los únicos que aspiraron a mostrar la forma humana como objeto bello cargado de contenido. Además, igual que en la sociedad actual, en el mundo anti-guo el cuerpo humano vivo servía de vehículo para expresar valores personales y colectivos –riqueza, condición social, clan, género y conformidad o discrepancia– mediante el ropaje, las joyas, los tatuajes, el “piercing” y otras modalidades de alteración del físico. Pero nunca en la antigüedad ni en ningún otro lugar como en Grecia, se dedicó mayor atención al cuerpo, tanto en el arte como en la vida cotidiana, ni hay ninguna civilización en que sea más ostensible el gusto por la desnudez.

En consonancia con otras civilizaciones de la antigüedad, la desnudez femenina en la Grecia arcaica es representación del culto religioso vinculado al deseo de fertilidad humana o de productividad agrícola. La religión es la madre del arte y, con su sencilla y elegante representación del cuerpo humano, las figurillas cicládicas son los albores prehistóricos de la gran tradición griega de obras en mármol.

En el lenguaje pictórico del antiguo Egipto y de las antiguas civilizaciones de Oriente Próximo, el desnudo masculino aparece en los cultos y en contextos específicos tales como la representación de trabajadores manuales o el de hechos bélicos y su repercusión. En la guerra, simboliza el sometimiento o la muerte del vencido. Sin embargo, en el arte griego, y desde la época arcaica, suele ser el héroe triunfador el que aparece desnudo o con alguna pieza de armadura, lo que, unido a los genitales a la vista, añadía un interés al homoerotismo griego. En las escenas de batalla, la desndez se hace recurso normativo para diferenciar a los guerreros griegos de sus enemigos, en particular los persas, para quienes la desnudez era vergonzosa, cuando, en realidad, era tan prevalente en cualquier período del arte griego que cabría pensar que el atuendo normal de hombres y muchachos era ir desvestidos.

Pero la desnudez en público no era norma ni en la guerra, ni mucho menos en la vida cotidiana, sobre todo cuando concurrían ambos sexos. Si bien, cuando no había mujeres sí que era normal que los atletas anduvieran desnudos por la escuela de lucha (palestra) y en el gimnasio, palabra ésta que, por cierto, deriva del vocablo griego gymnosque significa “desvestido”. En la antigua Grecia los gimnasios, al contrario que los actuales, no eran cerrados y espaciosos, llenos de aparatos, sino espacios abiertos, generalmente fuera de las murallas de la ciudad, situados en parajes donde hubiera agua para beber y árboles que dieran sombra. Otra circunstancia en que la desnudez masculina era norma se daba en el symposium, una curiosa modalidad griega de fiesta masculina en la que to-dos estaban desnudos, bebían vino, cantaban y se entregaban a relaciones sexuales con muchachos y cortesanas.

La desnudez femenina, salvo en el culto y la prostitución, no era socialmente aceptable, y en arte va casi siempre acompañada de connotación sexual. Entre las escenas eróticas con figuras de la cerámica ateniense hay representaciones de mujeres bañándose y vistiéndose, reservándose al espectador varón el papel de observador que mira furtivo. En escultura, las representaciones de Afrodita desnuda, diosa del amor, explotan la interrelación de curiosidad natural del mirón y los poderes sobrenaturales de una diosa desnuda sorprendida en el baño, que se venga de los fisgones. Mirar lascivamente a las ninfas de categoría semidivina no era tan arriesgado, y en el arte de tema mitológico se representan muchas veces sus carnes violadas a modo de fruto del botín.

El restringido repertorio de circunstancias en que se aceptaba la desnudez femenina espoleó cada vez más la imaginación de los escultores en el tratamiento del ropaje para dotar a las formas femeninas de un erotismo más elocuente que la propia desnudez. Ninguna estatuaria como la del Partenón confiere al ropaje que vela las formas femeninas mayor poder de connotación sexual. La figura de Dionisos reclinado en su esplendorosa y divina desnudez, en el extremo Este del frontón, contrasta en el opuesto con la figura reclinada de una diosa de incierta identidad, tal vez Afrodita.

Aunque el dios está desnudo, la diosa y las dos notables figuras que la acompañan aparecen cubiertas por un sutil tejido que ciñe sus cuerpos y cae como agua poniendo de relieve los senos y vientre turgentes, los hombros redondos, la rodilla y el muslo, relacionando entre sí las zonas erógenas y transformando el frío mármol en carne animada y vaporoso drapeado.

Fuente del texto: Catálogo de la Exposición La Belleza del Cuerpo en la Antigua Grecia Abril-Septiembre 2009 (fragmento). MARQ Museo Arqueológico de Alicante.

Ver o descargar el catálogo completo en formato pdf aquí.

Información relacionada:

La Grecia Antigua y la exaltación del cuerpo masculino.
La desnudez en el deporte de la antigua Grecia.

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