Deporte y streaking

El fenómeno del sreaking se extendió rápidamente durante el mes de marzo de 1974 y aquí tuvimos la suerte que la “primavera de los ovnis” nos desvió la atención de semejante práctica de protesta; también la boda del secretario de estado norteamericano Henry Kissinger con Nancy Magginnes sorprendió y distrajo; pero nada contribuyó tanto a olvidarnos de las carreras “in pudibus” en España, como la campaña triunfal del F. C. Barcelona, el Waterloo del Real Madrid y el éxito sindical de la reivindicación de los serenos y vigilantes a través del presidente del Sindicato Nacional de Actividades Diversas, el soltero Juan García Carrés.

La práctica del streaking alcanzó al deporte; no al nuestro, por fortuna, “sano y de recios valores”. La violencia es otra cosa. Los ladrillos que rasgan y hieren los cueros cabelludos de los colegiados, fruto de los exaltados. Los matchs en los graderíos, consecuencia de las pasiones. Las hermosas declaraciones de jugadores y “místers”, reflejo del momento histórico de cada equipo ante el partido del domingo.

El deporte extranjero no pudo sustraerse a recibir afrenta del streaking y así tenemos noticias de que en Belleville (Ontario), capital del condado de Hastings, famosa por sus quesos y sede del Albert College, Gary Murphy, vistiendo solamente los patines, se convirtió en el primer jugador de hockey sobre patines nudista.

Murphy, a la izquierda de Los Panteras Combativos (The Pickering Panthers), ganó una apuesta de cuarenta dólares a sus compañeros de equipo por presentarse desnudo delante de treinta aficionados que estaban esperando la salida.

En el resumen de agencias que publicó “Pueblo” el 12 de marzo de 1974, se dice que la mayoría de los que esperaban eran muchachas y se presentó ante el grupo con el mayor desparpajo.

Otro streak deportivo, se registró días más tarde en Berbier (Suiza), donde siete jóvenes esquiadores, uno de ellos mujer, practicaron el esquí, sin más atuendo que las botas, segín informó la Oficina de Turismo de la población.

Delante de ellos esquiaba una joven con la ropa de los nudistas. Una vez recorrido el trayecto, estos últimos se escondieron en el bosque para vestirse.

Los empleados de la Oficina de Turismo dijeron que los streakers tuvieron mucha suerte al no sufrir ninguna caída, ya que en caso contrario, lo hubieran pasado mal a pedar de que el sol no dejaba de calentar. Parece ser que estos nudistas eran norteamericanos.

El streaking no tuvo fronteras. De Europa a Asia Oriental para aparecer en Hong-Kong, concretamente en la isla de Lamma, a la entrada del puerto, en el mar de la China meridional.

Allí, un hombre desnudo hizo esquí acuático. Según testigos presenciales -señaló la agencia Efe- el individuo, al parecer un europeo, salió repentinamente de entre la niebla y pasó como una flecha por entre los juncos anclados alrededor de la isla.

Parece, pues, que el streaking deportivo no ha tenido demasiados practicantes, y eso que no debemos olvidar que los primitivos atletas que tomaban parte en los antiguos Juegos Olímpicos, celebrados en la ciudad griega de Olympia, competían desnudos completamente, por lo que estaba prohibido a las mujeres casadas el acceso al estadio e incluso a la ciudad de Olympia, para evitar que el espectáculo de aquellos espléndidos atletas sirviera de término de comparación con sus esposos, en la que éstos siempren saldrían desventajados, como señala el periodista Andrés Mercé Varela en su obra “De Olympia a Munich“.

Por el contrario – añade-, era permitida la entrada al estadio de las chicas solteras, ya que se estimaba que el espectáculo era idóneo para despertar en ellas ideas sanas, cual eran la admiración del sexo fuerte, el incentivo a los placeres del amor, y la inclinación al matrimonio.

En España no se ha dado ningún caso de streaker deportivo, de una parte por la “sólida formación moral” de nuestros deportistas y de otra, porque no nos imaginamos a un árbitro, por ejemplo, juez de un partido de categoría regional preferente, haciendo un streaking reivindicativo. Posiblemente moriría en el tumulto, agredido por los púdicos espectadores de boina, ceja corrida, cayada en la diestra, caliqueño baboso y apagado y ojos inyectados por la rabia de semejante afrenta.

Aunque bien es verdad, que morir a manos de la gañanía, también es una bonita forma de morir por el deporte.

Desde 776 antes de Cristo, los Juegos Olímpicos fueron celebrándose cada cuatro años en el primer plenilunio de agosto. De esta época data también una concepción griega sobre la naturaleza de los Juegos Olímpicos, cuyos comienzos, sin embargo, fueron muy anteriores, en Delfos, Nemea y Corinto. El sentido de los Juegos continúa siendo -incluso en los celebrados en épocas posteriores- el unir cada cuatro años, en una corta paz, previamente acordada en honor de los dioses, a todas las tribus griegas, que se encuentran continuamente en discordia. Sin embargo, es característico de la mentalidad griega el celebrar una competición entre tribus, incluso durante un encuentro pacífico.

Si alguno de los participantes en la competición sucumbe a consecuencia del esfuerzo físico, se cree ver en su muerte la misericordia de los dioses que le han llamado en el momento de su mayor gloria… La distinción humana a los vencedores no consiste en premios, sino en la concesión de una corona de laurel. Esto significa un gran honor, tanto para él como para su familia; no sólo su nombre quedará inscrito para la posteridad en la lista de los vencedores, sino también su estatua se alzará en el recinto olímpico.

Estas listas de vencedores nos ofrecen a menudo los puntos de referencia más importantes para la determinación de la fecha. Por lo general, al vencedor se le exime de pagar los impuestos. Antes del comienzo de los Juegos, todos los participantes tiene que aceptar, bajo juramento, las reglas de la competición; de esta norma sólo están dispensados los griegos libres que tienen un nombre sin tacha.

Luego se prohibe la asistencia a las mujeres bajo pena de muerte y, en el año 394 de la Era Cristiana, un edicto del emperador Teodioso el Grande, prohibió los Juegos Olímpicos porque sus participantes no hacían gala de pudor precisamente y los romanos los repudiaron por la inmoralidad del desnudismo de los atletas, que amenazaban a la religión y a las costumbres.

Los Juegos Olímpicos modernos, de la mano del barón de Coubertin, nacen el 6 de abril de 1896, en Atenas y en el Estadio Panathenaico, de mármol blanco.

Hoy, en este año 1974, el streaking deportivo retrotrae la memoria de aquellas manifestaciones que tuvieron por singular escenario la ciudad de Olimpia.

Fuente del texto: Libro Correr desnudos como el rayo (fragmento). Autor: J. Soto Viñolo. Ediciones 29, 1974.

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