Llega el nudismo a la sociedad española

Entre las mejores crónicas de los años de la Segunda República se encuentran los artículos que a diario publicaba el entonces relevante periodista Corpus Barga, parcialmente recogidos en Los pasos contados. En una de sus columnas costumbristas nos da cuenta de la moda que llega a Madrid, y de cómo en las playas populares, que por entonces estaban en los ríos Manzanares y Jarama, se podían ver, sin que nadie se asustase, cuerpos desnudos de madrileños y madrileñas. Para no alargar la cita reproduzco sólo la parte en que habla de las mujeres:

“El desnudismo es hoy, en Madrid como en todas partes, el elemento veraniego más popular, algo así como la bicicleta en los sports. Las clases altas que todavía quedan en Europa parece que están de vuelta del desnudismo. Se empiezan a vestir otra vez, mientras que en el pueblo es ahora cuando empiezan a sentirse los estragos higiénicos de la piel quemada, cara y cuerpo al sol. La chula de Madrid se ha quitado, pues, el mantón a la veneciana con los flecos más cortos, que llevaba todavía en las últimas obras del género chico. Se ha quitado también la falda de percal “planchá”, y, en fin, ha surgido, si no de su concha, entre los pedruscos del Manzanares, la Venus madrileña”.

La práctica del desnudismo integral en España, tanto el realizado de forma comunitaria , en el ámbito de las sociedades nudistas, de las que hablamos a continuación, como el practicarlo “por libre”, por ciudadanos aficionados, tiene, como casi todo, infuencia externa. Sin duda la más importante, como en el caso de la educación sexual, fue la recibida de Alemania, a través de publicaciones y libros. También hubo entusiastas propagandistas, como el escritor catalán Joan Sanxo Farrerons, que solía firmar con el seudónimo de Laura Brunet. Autor de Aventuras galantes de Pigault, editado en la colección “Publicaciones Galantes de Barcelona”. Fue director de la revista Biofilia. Nos interesa aquí hablar de su libro Desnudismo integral, publicado por la Biblioteca Hermes, también de Barcelona, en 1931, que alcanzó unas ventas aproximadas a los 10.000 ejemplares en el primer año y triplicó esta cantidad al año siguiente, destinándose 10.000 para su exportación a Latinoamérica. El libro reivindica una vuelta a la naturaleza y es muy crítico con la vida en las ciudades, así como con el capitalismo y el consumismo. En la segunda parte del libro encontramos un amplio reportaje, en el que nos narra un viaje, realizado en 1930 a Alemania, principal país en la práctica del desnudismo, iniciado a principios del siglo XX. Nos relata la existencia de una docena de revistas ilustradas, relacionadas con el nudismo y que, al parecer, se podían adquirir en cualquier quiosco de prensa. De la mano de una joven nudista, el autor nos conduce a los campos nudistas, en los que encontramos la práctica de todo tipo de deportes así como representaciones teatrales. En estos campos naturistas, que no estaban vallados, los jóvenes, chicos y chicas, hablaban con total naturalidad de sexualidad, demostrando un gran conocimiento de la materia.

Entre otros datos, nos habla el autor de más de 500.000 personas practicantes del nudismo y la existencia de unos 50 grandes campos nudistas, sin contar pequeñas fincas privadas en las que también se practicaba el nudismo. Toda esta cultura y forma de entender la vida serían extirpadas a partir de la llegada de Hitler al poder en 1933. Aquel gran criminal, Hermann Goering, a la sazón ministro, declaró el 3 de marzo de 1933 que “la cultura del nudismo es uno de los grandes peligros que amenazan la cultura y las costumbres alemanas”. Poco después se produjo la disolución y prohibición de todas las entidades nudistas, y sus socios fueron perseguidos.

Resulta normal que, dada la importancia que tuvo en los años treinta el nudismo en Cataluña, fuera Barcelona la ciudad en la que se publicaron la mayoría de las revistas nudistas, y también los libros sobre la materia. Alcanzaron también éxito títulos como Desnudismo y salud, firmado por el doctor Strasborg, editado por Librería Sintes en 1932. Un mes entre desnudistas, de Roger Salardenne, traducido por Isidro Maltrana y publicado por Librería Ameller, y El desnudismo integral y sus efectos, del profesor Kart Miller, editado por Ediciones Ciencia y Arte. Si bien es cierto que la mayoría de las publicaciones nudistas eran obra de colectivos o de militantes por libre de la causa, también hubo, como siempre ocurre, el olfato de alguna que otra editorial que entendió que, al amparo de estas libertades, podía haber negocio; ése fue el caso de la valenciana Carceller, editora de La Chala, y que al calor del cambio de régimen puso en pie su Biblioteca República, que dio a la luz títulos como Amor y sexo, La prostitución, La locura sexual y Vicios y aberraciones. Las ilustraciones eran maravillosas. Lo cierto es que se hizo famoso su Almanaque Nudista, “con doscientas fotografías al natural, algunas magníficamente iluminadas, presentando hombres, mujeres y niños en plena campiña, completamente desnudos, rindiendo culto a nuestro padre Sol y nuestra madre Naturaleza. Una obra higiénica que no debía faltar en ninguna casa”. Todo ello al precio de una peseta; no se podía pedir más.

Un acontecimiento en el mundo de los nudistas debió de ser el estreno, en 1934, de la película Elysia. El paraíso de los desnudistas, dedicada a la defensa del nudismo. Ignoramos si se conserva una copia de esta rara avis cinematográfica; toda la información que tenemos de la misma procede del eco que tuvo en la prensa de la época. En parecida línea que la anterior, El paraíso recobrado. El edén de los naturistas, es una comedia realizada también en Barcelona, en 1935, dirigida por el pintor Xavier Güell. Todo un elenco de belleza participaron en esta curiosa película, como la artista del género frívolo, Mapy Cortés, de la Compañía Campúa-Santpere, y la que había sido Miss Cataluña en aquel año, Antonia Arquer. Con la llegada del gobierno radical-cedista, estas películas tuvieron problemas de todo tipo, y así quedó de manifiesto con la prohibición de películas nudistas, ordenada por el gobernador civil de Barcelona en abril de 1935. Por entonces la totalidad de los miembros del gobierno de la Generalitat se encontraban encarcelados y Manuel Azaña no hacía mucho que había salido de prisión tras ser detenido en Barcelona en octubre de 1934 por su relación, nunca probada, con la “rebelión” de la Esquerra.

Fuente: Libro La conquista del cuerpo (fragmento). Autor: Isabelo Herreros. Editorial Planeta 2012. ISBN 978-84-08-07946-0

Información relacionada:

La España naturista en los años 30.
Libros sobre Nudismo, Naturismo y Desnudo Artístico.

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