La historia de cómo y cuándo surgió el nudismo

A finales del siglo XIX, los que abogaban por las ideas higienistas y luchaban contra la industrialización defendieron el hábito de desnudarse para sintonizar con la naturaleza.

Parece ser que todo fue culpa del Árbol del Conocimiento, o más bien de la serpiente: si Adán y Eva no hubieran decidido tomar el fruto prohibido, no se habrían avergonzado de ir desnudos ni habrían tenido que esconderse. La posterior expulsión del Paraíso es bien conocida por todos. Más allá de la enseñanza moralizante que la Biblia trate transmitirnos con el Génesis, también hay algo antropológico. Hubo un momento en la historia del Homo sapiens en que, por necesidad probablemente, comenzó a llevar ropa.

No hace falta más que echar un vistazo a cualquier museo para comprobar cuánto cambia la ropa en lo que a moda se refiere no ya de un siglo a otro, sino incluso de una década a la siguiente, demostrando con ello la funcionalidad requerida y las necesidades de cada momento. Estamos vestidos todo el tiempo, aunque lleguemos al mundo desnudos, y quizá por ello el pudor siempre permanece con nosotros como si de otra prenda se tratase.

Aún a estas alturas sigue habiendo polémicas sobre si las mujeres pueden enseñar un pezón en Instagram o si es transgresor que Rigoberta Bandini (candidata a Eurovisión) muestre un pecho en dicho certamen. Y entre toda esta amalgama de polémicas un poco dignas del primer mundo, se encuentran las playas nudistas. Porque si hay un lugar donde podrás quedarte como tu madre te trajo al mundo sin problemas de que nadie lo considere obsceno o acabe llamando a la policía, esas son las playas nudistas.

Pero, ¿cómo surgió realmente el nudismo? Pues si pensamos en lo tapada que iba la gente a estos lugares a principios del siglo XX, parece que se nos está escapando algo en la ecuación.

Lo cierto es que le debemos mucho a los higienistas. Es verdad que antes de la Industrialización, durante la Edad Media e incluso antes, los registros que tenemos sobre la ropa y el pudor parecen diferentes. La gente se bañaba junta, dormía junta, y según la leyenda la hetaira griega Friné se desnudó ante todo un público que en absoluto se escandalizó, sino que decidió salvarle la vida (el desnudo griego es frecuente en sus representaciones). Sin embargo, es natural pensar que la moral religiosa cambiase la situación. A finales del siglo XIX, cuando los problemas de hacinamiento y pobreza eran acuciantes y afectaban a gran parte de la población, lo que además provocaba epidemias agravadas por la desnutrición, los médicos comenzaron a denunciar las condiciones de vida.

La persona real es la persona desnuda

Así, la necesidad de mantener determinadas condiciones de salubridad se convirtió en una máxima fundamental. A finales de ese mismo tiempo, comenzó a oírse hablar del naturismo, en un momento en que los avances tecnológicos y la industrialización se encontraban en alza. El naturismo, al fin y al cabo, aboga en teoría por disfrutar de la naturaleza y actuar para conservarla mediante el ahorro energético y el uso racional de los recursos naturales. Promueve también la práctica del deporte, para conseguir de esta manera la salud del cuerpo y la mente. Quizá las directrices no eran tan firmes en el momento en que surgió, pero había algo claro: la salud del cuerpo es óptima cuando entra en contacto con elementos naturales (sol, agua, aire y tierra).

En el Imperio Alemán, hacia 1898, se funda el primer ‘Freikörperkultur‘ o club naturista, que heredaba muchas ideas de los higienistas y eran enemigos de la Industrialización. «Estamos experimentando que está pasando en las ciudades modernas, pues se está produciendo un movimiento abiertamente propagandístico que glorifica la desnudez», diría el teólogo de Múnich, Franz Walter. Al grito de «guerra», la gente de ciudades como Múnich y Berlín comenzó a desnudarse en los lagos urbanos, bañados por el sol, el viento y el agua. Se describían como luchadores partidarios de la belleza nudista y le declararon la guerra a una sociedad que para ellos se había vuelto excesivamente neurótica y moralizante.

«No queremos negarlo: una persona desnuda es una falta de gusto para la gente de nuestro tiempo y parece una bofetada en la cara; así de antinaturales nos hemos vuelto», escribió Heinrich Pudor (nudista, posterior nacionalista y antisemita), según informa Spektrum. Muchos citaban a Goethe, que en el pasado había escrito aquello de «la persona real es la persona desnuda». No obstante, no fue hasta 1925 cuando surgió el nombre oficial de «naturismo'».

En realidad no era nada nuevo, incluso Rousseau había reflexionado en el pasado sobre ello, pero como ya se señaló, la industrialización, urbanización y condiciones de hacinamiento fueron las que llevaron a que estas ideas en realidad más antiguas adquirieran de nuevo gran popularidad. Se produjeron debates muy acalorados, incluso juicios, aunque el nudismo se extendía como la pólvora a otros países de Europa.

Se estableció el curioso nudismo socialista-proletario bajo las ideas del pedagogo Adolf Koch, que trataba de combinar educación, pedagogía y gimnasia de la salud para frenar la deshumanización del cuerpo a través del trabajo industrial: Koch estaba convencido de que la gimnasia al desnudo podía curar a las personas explotadas por el capitalismo y fortalecer la autoconfianza del proletariado. (La era dorada del nudismo terminó con los nacionalsocialistas).

Mientras, el nudismo se extendía a otras zonas de Europa, desde Croacia a Inglaterra, llegando incluso a nuestro país. En el sur de la nublada Gran Bretaña aparecieron pequeñas pero incipientes comunidades nudistas. Aquello parecía el principio de algo nuevo, y algunos optimistas como el escritor John Langdon-Davies se aventuraron a asegurar que pasaría muy poco tiempo antes de que una persona prácticamente desnuda que se pasease por Regent Street dejara de ser vista como indecente o degenerada. «¿Por qué la gente teme quitarse la ropa? Es un miedo que la costumbre y la presión social pueden eliminar, y que casi todo el mundo ignora: el temor a ser menos atractivo desnudo que vestido de gala», escribiría.

También surgieron las primeras revistas naturistas. Aunque en un principio se publicaban fotografías de hombres musculosos en poses clásicas, pronto se enfocaron en las mujeres jóvenes, atractivas y sensuales, lo que según explica un artículo publicado en Hyperallergic, enfureció a muchos naturistas, que habían tratado de dejar cualquier atisbo de sexualidad a un lado para centrarse en la salud del movimiento, de cara al resto de la sociedad. En general, estos primeros clubes que evolucionarían mucho con el paso del tiempo hasta la llegada de los hippies, en los años 20 eran lugares propicios para tomar el sol, socializar, hacer ejercicio, nadar e incluso bailar.

Según explica Sandra E. Schroer, de la Universidad de Michigan, en la investigación Nudists in the Know: Investigating Social Assumptions of a Clothed Society, en Estados Unidos el comienzo del nudismo social se atribuye a la búsqueda de la salud como en Europa, y a la inmigración. A finales del siglo XIX el doctor John Harvey Kellogg (a él le debemos los cereales) abogaba en el famoso sanatorio de Battle Creek por los métodos holísticos, el énfasis en la nutrición y el vegetarianismo y el uso terapéutico de enemas. Dietas innovadoras, hidroterapia constante y ejercicio constante pensados para los ricos y famosos. Aunque Schroer señala que no se puede establecer una conexión directa entre el doctor y el nudismo, sí que asegura que fue un firme defensor de los beneficios físicos del viento, el sol y el aire en la piel y el cuerpo: los principios del naturismo.

¿Y en España? La situación fue similar a Alemania: el nudismo llegó y se estableció con cierta popularidad antes de la guerra, paró durante el régimen y volvió a resurgir después. Contamos en nuestro país con la Federación Española del Naturismo, que además de organizar encuentros da información sobre playas de tradición nudista. Y es que a día de hoy la playa es fundamental para la práctica del naturismo, pues ha pasado a ser algo más lúdico que una filosofía de vida para muchas personas. Se practica en vacaciones, cuando se puede dar rienda suelta a ello. Otras de las creencias que en el pasado venían unidas a la filosofía del naturismo se han instaurado en la sociedad, pero por separado, como el vegetarianismo.

Pero como indica Schroer en su investigación, para aquellos que lo consideran una filosofía de vida, el naturismo es algo más: desafía a las personas a cuestionar supuestos comunes sobre la imagen corporal, la sexualidad, el respeto, las relaciones hombre-mujer, las normas sociales o el envejecimiento. «Enseña lecciones de aceptación y tolerancia hacia uno mismo y los demás. Para algunos, es un sistema de principios y valores. Para otros, un estilo de vida simplificado con conexiones directas con la naturaleza, la salud o la espiritualidad. Al aprender sobre la aceptación del cuerpo, podemos llegar a comprender cómo afecta las percepciones de autoestima», concluye.

Fuente: Alma, Corazón, Vida. Autora: Ada Nuño.

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