La lucha por los cuerpos al natural

Desde las escuelas filosóficas de la Grecia antigua, pasando por las corrientes médicas de Alemania y las libertarias ibéricas del siglo XX, el naturismo reivindica hasta la fecha la desnudez, la aceptación de los cuerpos y la armonía con la naturaleza.

Restaurante de un club naturista en 1948 en Saint Albans, en el norte de Londres.

El naturismo es un movimiento que recorre un hilo de raíces históricas. Ya en la antigua Grecia, las cuatro escuelas filosóficas –Platón, Pitágoras, Diógenas y Epicuro– compartían unos ideales naturistas, con ejes fundamentales como el vegetarianismo y el mito del regreso a la naturaleza. El nudismo era también la tónica en competiciones y ejercicios atléticos, sobre todo entre los hombres.

A mediados del siglo XIX, emergía de nuevo el movimiento en una Alemania inmersa en la industrialización y el liberalismo. La crítica a la artificialidad de la vida moderna y el progreso heredado de la ilustración se combinaron con una vertiente naturópata, que difundía los beneficios que representaba para el cuerpo humano el contacto con la naturaleza. Extendía el nudismo, el vegetarianismo y los ejercicios al aire libre, como el excursionismo o los baños de mar.

También tuvieron que ver las corrientes higienistas de la época, que impulsaron avances sanitarios en la esfera pública y privada. Primero, con un cambio de hábitos en el ámbito privado de los cuerpos y de los hogares, con medidas como la ventilación, el uso de jabón, la prevención de enfermedades venéreas… Más tarde, con la voluntad de sanear las ciudades y poner fin a epidemias, la insalubridad y el hacinamiento, se impulsó una profunda transformación urbana y del sistema social. Dimensiones como la sexualidad, la salud, el urbanismo o la higiene pública se convertían en estrategias dirigidas a gobernar a la población; nuevos regímenes biopolíticos, según las palabras del sociólogo Michel Foucault.

La experiencia naturista alemana tuvo un triste desenlace. Fragmentos de esta perspectiva higienista, combinadas con factores como la exaltación del cuerpo, el espacio vital-natural que cada ciudadano alemán reclamaba y la preservación de la sangre alemana, derivaron en una cosmovisión imperialista y racista, que inspiraría parte del programa y el ascenso del movimiento nacional-socialista.

El naturismo libertario

En la península Ibérica, las primeras décadas del siglo XX fueron de efervescencia social, política y cultural, con una creciente fuerza de las organizaciones obreras y un ambiente prerrevolucionario. Influenciadas por el icarismo, el fourierismo y la difusión que hicieron anarquistas como Antònia Maymón o Federica Montseny, las corrientes naturistas aterrizaron con fuerza entre las masas proletarias. «La rama naturista libertaria fue la más transgresora y la única en mezclar naturismo científico y pensamiento filosófico, introduciendo valores que podrían considerarse como precursores de las posteriores ideas ecologistas», explica la historiadora Maria Carmen Cubero.

Dolors Marín también recoge a espiritistas y librepensadoras la explosión contracultural de aquellos años: “Se trataba de un laboratorio de ideas rompedoras, en ebullición, de alternativas opuestas al capitalismo, de una enseñanza autodidacta que no provenía del sistema. Los militantes aprendían de las autoediciones y de la prensa obrera y recurrían a médicos cercanos a la clase trabajadora como el doctor Ferrandis, Nicolas Capó o Isaac Puente”. Y explica cómo el esperantismo, el espiritismo, la trofología, la exploración de alternativas energéticas, el laicismo combativo, el eugenismo, la exploración de las sexualidades o los movimientos para la emancipación de la mujer también fueron corrientes surgidos entonces. Cabe destacar también el excursionismo dentro de esa explosión.

Los domingos, los obreros iban en grupo a la naturaleza, confraternizaban y escapaban del control al que les sometía la fábrica, el patrón o el propio sindicato. En 1925, el médico rural Isaac Puente difundió en entornos obreros un manifiesto naturista-excursionista para hacer frente a lo que llamaba la “incultura física” de la época. Una obra memorable y vigente, compilada ahora en el libro Alpinismo (Piedra Papel, 2019).

La extensión de estas prácticas fue acompañada de publicaciones como Pentalfa o Ética e Iniciales, congresos y encuentros divulgativos, colonias anarco naturistas, ligas vegetarianas, proyectos pedagógicos, ateneos y grupos naturistas.

Muerte y renacimiento

La Segunda República supuso un período de explosión naturista, pese a la represión del Estado, por parte de grupos fascistas y de la burguesía catalana –muy ligada a la iglesia–, que lo tildaba de pornográfico e inmoral. La posterior Guerra Civil y el franquismo aniquilaron completamente estas prácticas, destruyendo locales o deteniendo a sus miembros. La persecución fue total durante cuarenta años.

En 1978, la apertura sociopolítica en el Estado español permitió experimentar las primeras rendijas de nudismo clandestino en las playas de Pals o Sant Pol de Mar. En la localidad almeriense de Vera se inauguraba un año después el primer camping nudista del Estado español, una zona que con los años se convertiría en un icónico polo de atracción turístico-naturista. Pero aún quedaba camino por recorrer. La campaña “Tetiñas Free” del año 1983, propiciada a raíz de la detención de catorce bañistas desnudos, dio una gran visibilidad al nudismo ya su despenalización. En 1989 se abolieron las consideraciones de tipo moral del Código Penal y en 1995 los delitos de escándalo público fueron derogados. El nudismo quedaba oficialmente legalizado en cualquier espacio público.

Cuerpos desnudos en todo el mundo

Por lo general, la desnudez y su percepción social suele quedar influenciada por los factores religiosos, morales o culturales que imperan en cada región del mundo. Más allá de países con tradición o con un circuito turístico-nudista potente, la mayoría de regiones toleran el nudismo tan sólo en unas pocas zonas o playas reservadas. En otras muchas, sobre todo del continente africano y asiático, esta práctica se mueve entre la ilegalidad y la represión, ya menudo es considerada obscena o provocativa, y ni siquiera se tolera el topless.

Hay países con amplia tolerancia. Pese al retroceso que sufre el movimiento en la actualidad, sobre todo entre las más jóvenes, en países como Alemania hace más de cien años que existe la Freikörperkulture (FKK) (“cultura del cuerpo libre”). En zonas rurales, pero también en ciudades como Munich, donde disponen de parques, jardines, balnearios, saunas, ríos y lagos urbanos en los que poder practicar el nudismo. El Estado francés también cuenta con una gran red de espacios naturales, campings, restaurantes y hoteles naturistas así como con el reconocimiento, soporte y políticas de promoción por parte de las administraciones.

Países como Holanda, Reino Unido o Irlanda siguen un modelo con iniciativas comerciales como los clubs privados. Croacia cuenta con más de treinta establecimientos hoteleros naturistas, un sector turístico que ha experimentado un importante crecimiento en los últimos años.

Fuente: Directa. Autor: Guille Larios (Texto original en catalán).

Información relacionada:

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Inicios del naturismo: Los pioneros (Francia).
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