El baño y la sauna en Europa y América

El baño de la sauna, o simplemente la sauna, como se denomina en nuestro idioma, no es nada nuevo: el doctor Alfred Martín, excelente investigador sobre las técnicas del baño, considera a la sauna como la más antigua y eficaz manera de bañarse. Según él, el baño caliente ya era conocido de los germanos. Tácito narra en su Germania: “…los germanos, durante sus largos y fríos inviernos, después del sueño, que casi siempre alargaban hasta muy entrado el día, a menudo se bañaban en agua muy caliente”. Era un baño para el cual el agua se calentaba tirando dentro piedras que previamente se calentaban, por cuyo proceso se formaban también vapores, los cuales son una característica de la sauna.

Los historiadores griegos comentaban las costumbres de los antiguos guerreros procedentes de Asia Menor que vivieron antes de nuestra era, de tomar frecuentes baños de vapor similares a la sauna. Montaban con pieles una especie de tienda y en su interior calentaban gruesas piedras, una vez éstas calientes echaban agua sobre las mismas, creando una atmósfera de vapor donde se introducían a tomar su baño.

En Roma no sólo los emperadores sino el pueblo romano tomaban regularmente baños de vapor, como lo demuestra los restos de baños romanos descubiertos en nuestros días. Aquel pueblo sabía que por la transpiración abundante provocada, relajaba al mismo tiempo que estimulaba el organismo.

Como explica Martín en su obra, mientras que en Europa después de un tiempo de florecimiento, en la Edad Media, el baño caliente y de vapor cayó en desuso debido a que en aquel tiempo se despreciaba el aseo del cuerpo, se mantuvo en cambio en Rusia y Finlandia. Afortunadamente, al cabo de muchos años, nos hemos dado cuenta de que algo muy valioso se perdió con respecto a la salud física y mental al olvidar las antiguas costumbres del baño.

El artista alemán Hans Sebald Beham (1500-1550) nos deja ver en un grabado de madera un cuarto de baño en la Edad Media. En una disposición típica de aire caliente: el hogar con las redondas piedras apiladas, una jarra panzuda para preparar el agua caliente, bancos largos de dos pisos, y cubas para el agua fría. Una de las seis mujeres se da golpes con una rama de abedul.

También Alberto Durero grabó un dibujo a la pluma con el tema Baño de mujeres. Hogar y caldera son idénticas a las de Beham. También en Durero se encuentran las cubas, las mujeres y los niños tranquilamente sentados y ocupados en su limpieza.

Para el finés la sauna es como un rito imprescindible en su misma vida, es una parte de su hermosa patria. En el resto de Europa se introdujo a raíz de los Juegos Olímpicos del año 1936. En Berlín, se edificó, cerca de los arrabales Staaken, un pueblo finés para sus equipos olímpicos y se construyó un pequeño lago artificial al lado de su inevitable casa de baño. No era, sin embargo, la primera sauna en Alemania. Anteriormente, en 1932, ya Artur Moldenhauer había hecho construir una sauna finlandesa en Berlín. Dos años más tarde, en 1934, fue construida otra sauna, a petición del entrenador de esquí Veli Saarinen, cerca de Garmisch Partenkirchen. Pero pocas personas la practicaban, sólo algunos deportistas. Fue la vistosa casa de baño del Pueblo Olímpico, anunciada con mucha propaganda en la prensa y fotos, la que inició la conquista de la sauna en Alemania y países vecinos. El autor de este libro experimentó en su propio cuerpo, hace más de 50 años, las ventajas y valores del baño sauna y ha seguido fiel a ella desde entonces.

En la actualidad, después de casi medio siglo, existen saunas en todas las pequeñas y grandes ciudades de Alemania, pero más aún en Austria y en Suiza, así como en todos los países de cultura occidental.

Hace solamente unos 20 años que los americanos descubrieron los beneficios de la sauna. En la actualidad, se instalan unas 20.000 cada año y aunque la sauna no está todavía muy extendida, es claro que el movimiento va creciendo.

Solamente hablar con cualquier saunista norteamericano y empezará a seducirle con suaves promesas de todo lo que puede hacer la sauna; limpiar el cuerpo y alma, elevar el espíritu, hacer desaparecer las tensiones, relajar los músculos, etc. para proseguir calificándola de un tranquilizador sin peligro, comparándola con una meditación trascendental, y como si fuera bastante, le dará a conocer que Paul Newman, y la mayoría de los artistas toman una sauna varias veces a la semana, y finalmente le conducirá a la puerta de una sauna. Aquí está la realidad. Es realmente magnífica, la sauna americana es sensual y lujosa.

La estructura clásica europea de la sauna es espartana. Tradicionalmente, era una pequeña cabaña de madera cerca de un lago. Las saunas modernas americanas son de diseño espacial, tipo “Apolo”, y construidas en poliéster o fibra de vidrio y caben en cualquier rincón de de la casa o institución, en colores decorativos. Constituyen el complemento indispensable para el hogar, clubs de salud, hoteles y gimnasios. En nuestra época no hay ningún complejo de esquí que no tenga el suyo.

Pero, iniciemos brevemente la experiencia: el saunista entrará a la sauna completamente desnudo (o vestido con una toalla). Sauna y mucha comida no van juntos, entonces evitar entrar con el estómago lleno. Los resultados serán desagradables. Quite todo de su cuerpo, como la bisutería, gafas, horquillas y todo lo que conduzca el calor.

Sauna quiere decir transpirar y salud, y de eso se trata, de transpirar copiosamente. La sauna estimula el sistema natural de refrigeración del cuerpo, exponiéndolo a altas temperaturas. Parte de este proceso es el aumento de la circulación sanguínea de la superficie, lo cual da una fina belleza y limpia apariencia a su piel. No hay límite de tiempo para estar dentro de la sauna, aunque veinte minutos son considerados como tiempo normal.

Igualmente, lo que debería tener al lado de la puerta de la sauna, es un lago fresco o el mar, pero si falta, puede sustituirlo por una piscina, río o ducha fría.

Después del baño frío debe descansar durante el mismo tiempo que ha pasado dentro de la sauna. Bien abrigado, déjese escurrir sin secarse. Notará un suave bienestar mezclado con una sensación de limpieza, agradable agotamiento y total satisfacción.

Fuente del texto: Libro La Sauna (fragmento). Autor: Hermann Wike. Ediciones Cedel 1976.