Vestido cuando sea práctico, desnudo cuando sea posible: camping naturista celebra 30 años

Sin camisa, sin zapatos, no hay problema.

Ese es el mantra en el Sunward Naturist Park, ubicado en una propiedad de 500 acres cerca de Calabogie, Canadá.

El camping se completa con 35 plazas de caravanas, una granja, una isla, varios barcos, una sauna, un área de voleibol y fogatas. Es un camping rocoso pero pintoresco con colinas, pinos y un lago de agua profundo llamado Jamieson Lake.

El lugar parece cualquiera de los otros cientos de campings en el este de Ontario. Excepto por la desnudez.

Este verano marcó el 30 aniversario del Sunward Naturist Park de nadadas desnudas, juegos de voleibol, fiestas de queso y vino y noches de cine. Y para los aproximadamente 50 miembros que visitan habitualmente, el camping es un lugar donde se redefine la definición de recreación al aire libre “normal”.

El Parque Naturista Sunwar.

“El naturismo, el nudismo, es una de esas cosas en las que si necesito explicártelo, no lo entiendes”, dijo Tony Milne, copropietario de 72 años. “Es una sensación que tienes que no quieres usar ropa, quieres estar en el bosque, al sol, en el aire, en el agua y no usar ropa”.

Milne es consciente de las críticas que recibe el nudismo, la mayoría de ellas relacionadas con la suposición de que el estilo de vida es una ideología sexual, pero dijo que se trata de un concepto erróneo e injusto.

“Para mucha gente, estar desnudo significa que vas a tener sexo. … Realmente no tiene que ir de la mano”, dijo. “Si alguna vez has tenido sexo con la ropa puesta, lo entenderás”.

Muchas de las críticas están relacionadas con la cultura norteamericana, que tiene dificultades para aceptar la desnudez, dijo Milne.

“Si mencionas la desnudez a las personas, se convierten en una versión de sí mismos de 12 años o se convierten en la dama de la iglesia”, dijo.

Milne se identifica como un nudista de toda la vida y explicó que hay poca diferencia entre los términos nudista, naturista o naturalista. La razón de los diversos nombres es agregar un nivel de ambigüedad, dijo.

El perro de un campista se acurruca mientras dos mujeres observan el hermoso paisaje desde el muelle de Sunward.

Milne agregó que la ropa crea un sistema de clase, del que reflejan los términos trabajos de cuello azul y blanco. “Una de las cosas es que, una vez que te quitas la ropa, ya no hay distinción de clase”, dijo. “Todos son iguales”.

A pesar de lo mucho que le gusta estar desnudo, Milne aseguró que no se opone a usar ropa, especialmente en los inviernos canadienses. “Una de las mejores cosas que digo es: Vestido cuando sea práctico, desnudo cuando sea posible”. Milne puso esto en práctica el martes por la tarde, vistiendo una camisa y una toalla para protegerse del viento y de los bajos 10º C.

Aunque Milne es nudista, junto con la mayoría de los miembros, la desnudez no es un requisito en Sunward Naturist Park, excepto en un lugar. “Lo único en lo que insistimos es que estés desnudo en el lago, porque hay miles de lugares donde puedes ponerte un traje de baño”, dijo Milne.

“Textiles” es la palabra que usan los nudistas para describir a las personas que usan un traje de baño, y no hay textiles en Sunward Naturist Park. Pero es un lugar acogedor para las personas interesadas en probar una experiencia de camping nudista.

Sue, de 62 años, y Dave Banville, de 63 años, se convirtieron en nudistas hace 14 años y ahora se adhieren al estilo de vida durante casi todo el año, migrando a una colonia de Texas durante el invierno. Irónicamente, Sue se convirtió en nudista después de tener graves problemas de imagen corporal.

Hace diez años, Sarah Hardy, de 57 años, era una de esas recién llegadas. “Fue una aventura de lista de deseos”, dijo. Pero una década después, ella todavía regresa. “Fue una cosa de una sola vez, pero la gente era muy agradable y el ambiente era tan saludable y limpio”, dijo.

La salud fue una gran parte de por qué Hardy sigue regresando, ya que dijo que el camping la ayudó a superar un problema de dieta crónica que luchó durante 35 años. “Había personas de todas las edades, de todos los tipos de cuerpo, y mi primera reacción fue: Dios mío, no hay nada malo en mí'”, dijo. “Me cambió la vida”.

Hardy ahora dirige un taller de positividad corporal en el camping donde las personas, predominantemente mujeres, vienen y escuchan a varios oradores en una granja en el camino. El evento ofrece un almuerzo informal y un baño desnudo opcional para terminar el día.

Una recién llegada más reciente fue Christiane Poirier, de 63 años, quien visitó Sunward por primera vez en el verano de 2018 después de asistir al taller de Hardy. Ella dijo que disfrutaba tanto del camping que decidió regresar. “Me sentí tan bienvenida aquí que supe que era el lugar adecuado para mí”, dijo. “Hay algo sobre caminar desnudo, los pies en el suelo”.

Es común que los recién llegados regresen, dijo Milne, evidente por el hecho de que el camping creció de alrededor de 10 asistentes en su primer año a más de 50 en el año 30.

En el futuro, Milne dijo que le gustaría que se unieran más adultos jóvenes, ya que dijo que el campamento tiene un poco de un grupo demográfico más viejo. Pero dijo que las personas de todas las edades son bienvenidas y él sabe que, después de que vengan una vez, lo más probable es que regresen.

“Quiero que vengan y lo intenten, para abrir sus mentes”, dijo.

Fuente: Ottawa Citizen. Autor: Luke Carroll (Texto original en inglés).

Quiero que me pase a mí: Monte Verità, la precuela del movimiento hippie

El eclecticismo y la falta de coherencia que se les atribuía supusieron el mejor aglutinante en Monte Verità.

Monte Verità, la precuela del movimiento hippie.

En 1900 siete hombres y mujeres se dirigieron a los Alpes suizos en busca de un lugar donde dar forma a su ideal de convivencia. Encontraron una colina cerca de Ascona, un pequeño pueblo en el cantón del Tesino. Desde su cima se dominaba un amplio horizonte sobre el valle y el lago Maggiore.

Entre ellos se encontraba Henri Oedenkoven, hijo de un próspero industrial belga, y su pareja, Ida Hoffman. Compraron la propiedad y le dieron el nombre de Monte Verità: el monte de la verdad.

Esta verdad no hacía alusión a un concepto absoluto. Se oponía a lo que los fundadores consideraban la mentira de la sociedad industrial. El objetivo era crear un sanatorio que ofreciese a los inconformistas una oportunidad de conocimiento y desarrollo espiritual.

Un sanatorio para inconformistas.

La dieta vegetariana, la igualdad de género y la comunión con el entorno natural se establecieron como los principios básicos de la cooperativa. Su espíritu era inclusivo, abierto a propuestas de nuevos miembros. La rutina se desarrolló en torno al nudismo, los baños de sol, el deporte, el amor libre, el cultivo de los huertos, la abstinencia del alcohol, el trabajo manual y el baile.

En Monte Verità coexistieron corrientes muy diversas. Anarquistas, feministas, socialistas, defensores de la psicoterapia y místicos de la naturaleza acudían en busca de una idea de libertad.

Los hombres se dejaban crecer el pelo y la barba; las mujeres vestían ropa blanca y sandalias. En la prensa se les conocía como “profetas descalzos” o “apóstoles del rábano”. La atención, el escándalo, se enfocaba en su supuesta promiscuidad.

Se construyeron cabañas de madera en las que penetraba el sol y el aire de montaña; creció el cultivo en huertos; una modista ofrecía a los recién llegados prendas que se ajustaban a la vida del sanatorio; se construyó un edificio comunitario en estilo modernista; en la azotea, el sol se adoraba en clave nudista.

Monte Verità, un refugio hippie en los Alpes suizos.

Se fundó una escuela de danza natural y expresiva, no formal, que buscaba la liberación a través de la música. Los bailes se practicaban en los campos de montaña. El Reigen, la danza circular, en corro, fue la expresión característica de esta no-disciplina.

En la celebración del solsticio de invierno de 1904, un abeto se instaló en el comedor del edificio comunitario. Se encendió una gran hoguera, las mujeres cantaban, Ida ofreció un recital de piano, se leyó a Goethe y la noche culminó con un baile.

Afluyeron personajes célebres. Isadora Duncan, Paul Klee, el dadaísta Hugo Ball, Thomas Mann, Franz Kafka, D.H. Lawrence, Trotsky y Freud recalaron en el sanatorio.

Fuente: Traveler.es Texto: Cósimo de Monroy.

Información relacionada:

Libro “Contra la vida establecida”. Autor: Ulrike Voswinckel.

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Almería año 1978: Inaugurado el primer camping nudista español

Bajo el auspicio de la Asociación Naturista de Andalucía (ANA), entidad legalizada hace más de cinco meses y miembro de la recién nacida Federación Española de Naturismo (FEN), afiliada y reconocida por la Federación Naturista Internacional (FNI), el pasado día 1 de septiembre 1978 ha sido inaugurado en la provincia de Almería el primer camping naturista que se abre en la Península desde el final de nuestra guerra civil.

“Al parecer, en España existe todavía un concepto equivocado de lo que es el naturismo, confundiéndolo pura y simplemente con la práctica del nudismo”, dice el presidente de la ANA, Branco Bruckner (D.E.P.), un ingeniero agrónomo yugoslavo nacionalizado español hace años y funcionario del Ministerio de Agricultura. “Aquí, debido principalmente al ostracismo y la mala propaganda realizada durante los últimos cuarenta años, no son pocos los que piensan que el naturismo es algo inmoral, cosa que no puede estar más lejos de la realidad. Los naturistas son gente mucho más moral e íntegra que la mayoría de los bañistas de nuestras playas. Lo único que nosotros pretendemos es vivir en armonía con la naturaleza, haciendo, por supuesto, vida familiar, pero sin molestar ni ser molestados. La inmoralidad, pues, no hay que venir a buscarla a nuestros campos y playas, sino a las de Benidorm o Torremolinos”.

Armonía y naturaleza

Según la definición adoptada en 1974 durante el congreso mundial de naturistas celebrado en la ciudad francesa de Arde, el naturismo es “una forma de vivir en armonía con la naturaleza, caracterizada por la práctica de la desnudez en común, con la finalidad de favorecer el respeto a uno mismo, a los demás y al medio ambiente”. Se trata de un movimiento naturalista y ecologista que defiende, por un lado, la acomodación e integración del hombre con el medio ambiente natural, y por otro, la conservación de dicho medio ambiente, luchando contra los atentados que se cometen en todos los sentidos en detrimento del mismo. El naturismo se declara, asimismo, como movimiento internacional, antropológico, humanista, social, apolítico, deportivo y, sobre todo, familiar, ya que son las familias -frecuentemente varias generaciones juntas- las que constituyen su base. Por último, los defensores y practicantes del naturismo lo definen también como movimiento liberador, pues intenta “superar los ancestrales tabúes del cuerpo humano, desvelándolo tal como lo hizo la naturaleza”. Como consecuencia de todo esto, el espíritu de franqueza, amistad y alegría, se patentiza y destaca por encima de todo en los centros naturistas, cosa que cualquiera puede ya comprobar, efectivamente, en el recién abierto camping almeriense, a pesar de los pocos días que como tal lleva funcionando.


División de opiniones en el pueblo

Situado a unos once kilómetros de la localidad de Mojácar, en el noreste de la provincia de Almería, el camping Las Palmeras tiene su entrada por la carretera de Vera a Garrucha, justo unos tres kilómetros antes de llegar a las playas de este modesto pueblo portuario. Cuenta con emplazamiento para cuatrocientas tiendas unos treinta apartamentos familiares, piscina, supermercado y bar-restaurante, todo ello en medio de una enorme arboleda de eucaliptus y palmeras. La posesión del carné de ANA, la FEN o la FNI es, preceptiva para poder acampar y los precios que rigen en Las Palmeras (ochenta pesetas por persona y día) pueden considerarse totalmente normales e incluso por debajo de los habituales en campings españoles de similar categoría. La dirección del mismo corre a cargo de sus actuales propietarios, un matrimonio alemán que lleva un año afincado en España y que acaban de hacerse naturistas a raíz de la legalización de ANA el pasado 23 de marzo. Lógicamente, la transformación del camping en zona privada para uso exclusivo de los practicantes del naturismo ha sido acogida en Garrucha con manifiesta disparidad de opiniones. Desde la abierta simpatía que hacia el naturismo muestran ya, en general, los jóvenes habitantes y residentes de la zona, hasta los naturales recelos y movimientos de oposición observados entre los círculos más tradicionalistas y conservadores del pueblo. Para el maestro albañil que actualmente trabaja en la construcción de una nueva serie de apartamentos en el camping el tema no merece, sin embargo, mayor atención por parte de sus paisanos. “A mí no me parecen bien ni mal”, dice. Y añade: “Por mí, que cada cual haga lo que mejor le parezca, para eso hemos pedido la libertad. Yo, desde luego, no traería aquí a mi familia, pero reconozco que esta gente no se mete con nadie y son tan normales cómo usted y como yo. Además, que a nadie le disgusta ver mozas en cueros vivos, ¿verdad?”.

El encargado del supermercado, por su parte, sí ha detectado algún sentimiento de oposición entre la gente del pueblo, sobre todo entre las personas mayores y chapadas a la antigua, que nunca están conformes con estas ideas que llegan de por ahí. La opinión generalizada que hemos podido recoger entre los españoles que trabajan en el camping o que tienen algún tipo de relación con el mismo (los repartidores de bebidas, el panadero, etc.) es la de que “prácticamente no existe ninguna diferencia entre ir desnudos o bañarse con un tanga de esos que no tapan ni los pelos, y que tanto abundan en la misma playa de Garrucha”.

“Para mí que esto es más sano”, dice finalmente el tendero. “A los tres días de ver a todo el mundo en pelotas, te acostumbras y deja de llamarte la atención. Yo veo ya los cuerpos desnudos como la cosa más natural del mundo”.

Veinte millones de turistas en potencia

Aunque ya antes de la segunda guerra mundial existían movimientos naturistas minoritarios en varios países europeos, el naturismo como movimiento masivo tiene una antigüedad de unos veinte años. Aparte de los países nórdicos, tan imbuidos del espíritu naturista que ni siquiera necesitan formalizar asociaciones para su práctica, los que cuentan con mayor número de miembros federados son Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Bélgica, Francia, Suiza, Austria y Canadá. Nada menos que un total superior a los veinte millones de personas de todo el mundo son miembros de la FNI -casi ocho millones y medio tan sólo en Alemania- y suponen en la actualidad un potencial mercado turístico de grandes posibilidades para nuestro país. La importancia de contar con campos y playas para la práctica ordenada y controlada del naturismo puede, efectivamente, explicarse con la simple referencia de los casos de otros lugares del área mediterránea, como la isla de Córcega o Yugoslavia, donde sólo en lo que va de año el 75% y el 25%, respectivamente, de los turistas que allí han entrado pertenecían a la FNI.

De ahí, precisamente, el interés con que la iniciativa de la ANA -entre cuyos fines no aparece por ningún sitio el lucrativo- ha sido acogida por parte de la Mancomunidad Turística de la Costa de Almería (Almantur) y el apoyo qu esta entidad presta a la asociación que preside el ingeniero Bruckner. No en balde, el auge del naturismo en la provincia puede servir de acicate para levantar la no demasiado boyante industria turística almeriense, convirtiéndo se en una futura e importantísima fuente de ingresos para la deprimida economía provincial. Y no hay que olvidar que Almería tiene 195 kilómetros de litoral, con numerosas, y variadas calas desérticas y deshabitadas, que sin, duda la con vierten en uno de los rincones de Europa más idóneos para la creación de centros naturistas.

Los precios de afiliación a la ANA -que dan igualmente derecho al carné de la FNI- varían desde las mil pesetas de cuota anual para mujeres u hombres solos hasta las 2.000 para las familias con hijos menores de dieciocho años, pasando por las 1.500 para las parejas. Aparte de otras doscientas, cuatrocientas y trescientas pesetas, respectivamente, para la emisión del carné. Los hombres solos necesitan ser presentados por dos familias, o dos parejas de socios para su admisión en la asociación.

Fuente: elpais.com Texto: Eduardo Castro.