El cautivador pudor de Afrodita Cnida, la primera escultura de una mujer desnuda del mundo clásico

El pudor de la diosa del amor y el sexo marcó el arte occidental. (Detalle de grabado de Afrodita de Cnidos de Claude Randon 1674 – 1704).

En el siglo IV a.C. Praxíteles, el más célebre escultor de Grecia de ese entonces, hizo algo escandaloso: una estatua de una mujer desnuda.

Durante más de tres siglos y medio, el mundo clásico se había acostumbrado a ver la figura de hombres en toda su gloria, pero ésta era probablemente la primera escultura de una figura femenina de tamaño natural sin nada que ocultara sus partes íntimas.

La isla de Kos le había comisionado una estatua de Afrodita y él había hecho dos: en una de las versiones, la diosa del amor, la belleza, el placer y la pasión estaba vestida.

En la otra, sin ropa, con una mano haciendo un gesto para intentar en vano esconder algo de su belleza inmortal, mientras que la otra sostenía algo de tela, quizás una prenda de vestir o una toalla.

Horrorizados frente a tal visión, los isleños de Kos decidieron adquirir la diosa recatada; sin tales remilgos, la vecina ciudad de Cnidos aprovechó la oportunidad y se llevó a la deidad despreciada a casa, para que desde su templo bendijera los viajes de los barcos que pasaran por sus costas.

Una revolución

Esa primera representación del cuerpo femenino desnudo en el arte fue una revolución.

Praxíteles había roto con la tradición de cubrir a las mujeres, pero igual de importante, señala Mary Beard, historiadora del mundo clásico, es que su Afrodita “no se está exponiendo descaradamente ante nosotros: aparece como si la hubiéramos sorprendido por casualidad cuando está a punto de tomar un baño o acaba de salir de él. Con una mano, se cubre modestamente”.

Uno de los desnudos más polémicos del arte occidental: la primera escultura de una mujer desnuda de tamaño natural en el mundo griego y probablemente en Occidente.

“Es como si el escultor nos estuviera dando una excusa para ver a la deidad desnuda”, apunta Beard en el documental “El impacto del desnudo” de la BBC.

Así, “Praxíteles estableció esa inquietante relación entre la estatua de una mujer y un espectador masculino supuesto que nunca se ha perdido en la historia del arte europeo”.

En el centro del mundo

Pero quizás no habría tenido tal impacto de no ser por la osadía de la población de Cnidos, una ciudad helénica en el suroeste de Asia Menor -ahora en la península de Datça en la actual Turquía-, que estaba en el centro de las rutas comerciales de Alejandría a Atenas, y su puerto protegía a los marineros de los etesios, esos fuertes vientos del mar Egeo que soplan de mayo a septiembre.

El santuario que albergaba a Afrodita Euploia o ‘Afrodita del buen viaje’, que era su nombre en su calidad de diosa del mar, era “completamente abierto, para permitir que la imagen de la diosa pudiera ser vista desde todos los lados, y se cree que se hizo de esta manera con la bendición de la diosa misma”, según contó más tarde el escritor romano Plinio el Viejo, para quien la escultura esa no era sólo la mejor de Praxíteles, sino también la mejor del mundo entero.

Estaba lejos de ser su único admirador. La Afrodita Cnidea, como se le llegó a conocer, cautivó con su belleza el mundo antiguo.

Los habitantes de Cnidos estaban tan orgullosos de su diosa que la pusieron en sus monedas.

“Más tarde el rey Nicomedes [de Cos] trató de comprársela a los cnidios, prometiéndoles liberarlos de su enorme deuda estatal”, relató Plinio el Viejo en su “Naturalis historia”.

“Pero los cnidios se mantuvieron firmes en su decisión, y acertadamente, ya que fue la obra de Praxíteles la que hizo famosa a Cnido”.

La más bella del mundo

Efectivamente, la ciudad se hizo prominente, convirtiéndose en un destino de peregrinaje.

La escultura era considerada como una de las más deseables de su tiempo, literal y metafóricamente.

Plinio observó que algunos visitantes terminaban “sobrecogidos por el amor hacia la estatua”.

“Erōtes” o “Amores”, una obra asociada al autor sirio Luciano de Samosata, habla sobre un noble que se obsesionó tanto con la imagen de Afrodita que pasó la noche en el templo e intentó copular con la estatua. Al ser descubierto por un custodio, sintió tal vergüenza que se arrojó por un acantilado al mar.

Otros escribieron poemas y alabanzas admirando la forma en que el mármol cobraba vida en la redondez de sus muslos, la perfección de su trasero y la sensualidad de su boca entreabierta.

Contrasta y compara. Esta es una copia de una escultura de Praxíteles de un hombre desnudo: ningún recato necesario pues por 350 años se venía mostrando todo lo humano… masculino.

En un estilo más ligero, un epigrama lírico cuenta que la diosa Afrodita misma fue a Cnidos para ver la escultura. Al reconocer su perfecta semejanza, se preguntó: “Paris, Adonis y Anquises me vieron desnuda. Eso es todo lo que sé. Entonces, ¿cómo lo logró Praxíteles?”.

Otro similar, que se le atribuye a Platón, cuenta que, tras observar la estatua por todos los lados, la diosa dijo: “¿Cuándo me vio Praxíteles desnuda? Praxíteles nunca vio lo que no era correcto ver: su herramienta esculpió una Afrodita que le gustaría a Ares (dios olímpico de la guerra y amante de Afrodita)”.

Y, a pesar de ser producto de la imaginación, esos epigramas translucen la genialidad del artista que no sólo se desvió de la tradición representando al cuerpo femenino sin recato, sino mostrando dioses no como seres distantes y majestuosos para reverenciar, sino más emotivos y vulnerables, dotándolos de una gracia más humana.

Una ruptura que, según los conocedores, fue tan importante en ese entonces como el impresionismo en la modernidad.

Venus púdica

En el caso particular de la Afrodita Cnidea, los muchos escultores que siguieron la pauta de Praxíteles en el mundo clásico, adoptaron pretextos similares para presentar a la mujer o diosa como recatada y desvestida, dándole a todo observador una excusa para admirarla sin pudor.

De hecho, es también conocida como La Venus Púdica, nombre que además se utiliza además para describir esa pose clásica en el arte occidental en el que la mujer desnuda en cualquier posición intenta esconder sus partes íntimas de la mirada de otros.

“Cuando, siglos después, amantes del arte desde el Renacimiento en adelante alabaron los logros de los antiguos, quedaron cautivados por esas tímidas diosas”, señala Beard.

Y los artistas plasmaron esa admiración en sus propias obras.

Una de las Venus púdicas más hermosas de la historia.

La pose, sin embargo, fue perdiendo su atractivo con el paso de los siglos y los cambios sociales.

Los críticos empezaron a señalar que le negaba al sujeto femenino el poder en su sexualidad y que la idea de que fuera atractivo ver a una mujer tratando de proteger su cuerpo desnudo de miradas no deseadas, era inquietante.

En 1863 el pintor francés Édouard Manet le asestó un golpe con su obra Olimpia.

Olimpia aparece dueña de su cuerpo, mirando sin vergüenza a quien la mira. No le teme a los deseos. No es vulnerable. No está expuesta a una intromisión no consensual. Su desnudez es su decisión.

La Olimpia de Manet no es una chica tímida y recatada; no está a merced de los hombres.

Misterio

La célebre Afrodita Cnedia original desapareció. No se sabe exactamente cómo. Hay quienes piensan que fue llevada a Constantinopla o que fue destruida en un incendio, pero la verdad es que es un misterio.

Lo que sabemos de ella es gracias a las descripciones y a copias hechas a ojo. Varias copias.

A lo largo de los siglos, muchos hicieron realidad su deseo de poseer a Afrodita Cnedia.

Generaciones de artistas hicieron imitaciones fieles y otros más juguetones, en las que le ponían la otra mano para tratar de cubrir el pecho o le quitaban ambas para que mostrara todo.

Hubo hasta una que, de frente, estaba vestida, pero se levantaba el vestido por atrás.

Y algunas de ellas están hoy en día en los museos: la Venus Colonna (Venus es el nombre romano de Afrodita), la Venus Capitolina, la Venus Medici, la Venus Barberini, la Venus di Milo, la Venus de Borghese, la Afrodita Kallipyrgos (que se traduce como la ‘Afrodita con el buen trasero’)…

Te dejamos en compañía de tres de ellas.

Afrodita Cnedia inspiró a generaciones de artistas de todo el mundo antiguo a hacer copias, como -de izquierda a derecha- la Venus Capitolina (II o III a.C.), Venus de Medici (I a.C.) y Colonna Venus.

Fuente: BBC News Mundo.

Desnud Arte: Gerhard Marcks

Gerhard Marcks (18 de febrero de 1889 – 13 de noviembre de 1981) escultor y pintor del movimiento del expresionismo. Nació en Berlín, Alemania. Desde el año de 1907 empezó a realizar sus primeros trabajos en el campo de la escultura. Conoció a George Kolbe, Richard Scheibe y Gaul. En 1908 abrió un taller con Scheibe. Sus primeras obras tienen la influencia de la tradición gótica germana: figuras esbeltas y estilizadas (generalmente desnudas) y una mayor inclinación por las formas medievalizantes, en detrimento de las expresionistas.

Para el año de 1914, ambos realizaron unos relieves para la exposición del Deuscher Werkbund (Colonia), la exposición estaba a cargo de Walter Gropius. Además, presentaron varios relieves realizados en terracota que luego fueron dispuestos para la decoración del restaurante de Gropius y Meyer. Este evento fue el umbral de una fructífera colaboración con Gropius, responsable de la fundación de la Bauhaus.

Con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, Marcks tomó la decisión de luchar por su país. En el periodo de posguerra activó la colaboración con la Bauhaus, esta agrupaba a varios artistas que hacían parte de la Escuela de Bellas Artes y la de Artes y Oficios, la Bauhaus ocupó un papel primordial en el panorama cultural alemán. Su programa estaba hondamente mediado por las experiencias de Otto Bartning, y pretendió concertar la independencia de la obra artística y su carácter funcional.

Esta perspectiva sociológica de la función de la obra de arte será característica de la producción de la Bauhaus, hasta 1933, año de su clausura. Marcks fue uno de los primeros artistas que fueron invitados a ser parte de este selecto grupo de artistas. Su labor fue encargarse de la dirección del taller de cerámica. La Bauhaus tuvo varios talleres, todos con una perspectiva vanguardista y funcional. Cuando la Bauhaus estaba consolidada tenía talleres de imprenta, mueble, textil, tipografía, metal, plástica y pintura mural.

Su taller de cerámica tenía gran independencia y ello se reflejó en una producción de mayor cantidad y calidad. Un aporte importante en su taller se lo dio Max Krehan, gracias a su talento, pero también a la dotación de hornos y de otros materiales utilizados en el taller. En definitiva, le brindó un notable avance en la producción de este taller. En este taller se inculcaba, a los estudiantes, la pasión por la investigación de las formas tradicionales folklóricas, para luego adaptarlo a una perspectiva propia.

Marcks fue el pionero en el concepto de diseño industrial en la escuela de Weimar. Posteriormente, por problemas internos Marcks decidió dejar la dirección del taller y centrarse en el aspecto productivo con ayuda de sus estudiantes:  Otto Linding y Theodor Bogler. Cuando ascendió el nazismo, el escultor fue destituido. Sus obras fueron confiscadas y su difusión prohibida. Con la caída de Adolf Hitler, su suerte empezó a mejorar y fue llamado a la Escuela de Arte de Hamburgo. Realizó varias exposiciones individuales y colectivas y estuvo al mando de diseños de monumentos e iglesias. Por ejemplo: el tímpano de la iglesia de Santa Catarina de Lübek.

Durante su trayectoria practicó tanto la escultura de bulto redondo como el relieve en terracota e incluso el grabado. Sus obras tuvieron la influencia de Kolbe y Scheibe, y la de Wilhelm Lehmbruck, representante de una generación impregnada por el impresionismo y el clasicismo. Una obra significativa de esta etapa es su escultura Madre turingia (1921), escultura en acero, también podemos mencionar: Pareja de enamorados. Su técnica más usual fue la xilografía, una obra realizada con esta técnica es Gato y caballo (1921). Posteriormente se destaca Freya, escultura realizada en el año de 1949, donde demuestra su predilección por un sentido clásico de la figura que le emparenta con Kolbe y en la que queda patente la influencia del escultor clasicista Adolf Hildebrand (1847-1921). Luego de su muerte le rindieron varios homenajes, uno de ellos a cargo de la comunidad alemana residente en Chile, construyeron la estatua Gisela, que se encuentra en el cerro Santa Lucía de Santiago; su inscripción reza: “Tributo de gratitud del pueblo alemán”.

Fuente del texto: Historia-Biografía.com Autora: Camila Díaz.

Nota: Haciendo clic sobre cualquiera de las imágenes puedes visualizarlas en sus tamaños originales, en modo “pase de diapositivas”.

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Desnud Arte: Sofus Madsen

Sofus Madsen (1881-1977) nació en Kristiania, Noruega, hijo de Sofie y Theodor Madsen. La familia se mudó a Bergen cuando Sofus tenía tres años, a Kalmargaten. Allí creció, y allí tuvo quizás su primer encuentro con la escultura. En el barrio, el escultor Hans E. Johannessen tenía su estudio. Sofus lo visitaba a menudo, y tal vez este encuentro temprano con las artes fue primordial en su elección de carrera.

Después de la escuela primaria, Sofus Madsen comenzó en la Escuela Técnica Nocturna de Bergen, donde le enseñaron dibujo a mano alzada para moldes de yeso y retratos de modelos vivos. Uno de los dibujos que hizo después de un molde de yeso de una escultura antigua muestra que ya era un artista experto y que a una edad temprana se familiarizó con los ideales del arte clásico.

Madsen continuó su carrera educativa como aprendiz en la fábrica de rosetas de Ingebrigt Vik y en el taller de tallado en madera, como aprendiz de yesero. En este momento, alrededor de 1900, Vik, el artista detrás de la escultura de Grieg en el parque de la ciudad de Bergen, estaba ocupado y lucrativamente ocupado suministrando tejados, figuras de estuco y figuras de fachadas a una ciudad en crecimiento. En Vik, el joven Madsen aprendió sobre todo un oficio. No recordaba los tres años de Vik con gran placer: había muy poco arte y demasiado trabajo duro.

Madsen no era un artista radical y modernista. El arte clasicista fue su gran fuente de inspiración a lo largo de su vida.

Bergen, Copenhague, Berlín, París, y otra vez y para siempre Bergen, después de 12 años en el extranjero. Las grandes ciudades del continente dieron al joven Madsen diferentes impulsos artísticos: las palabras clave son clasicismo, expresionismo, simbolismo, naturalismo, conceptos que son al menos un buen punto de partida para caracterizar el arte de Madsen.

Las esculturas de Madsen hablan de un artista que dominó la anatomía humana en arcilla desde el principio. Pero su arte es algo más que reflejar el juego muscular debajo de la piel suave. No menos importante, se suponía que el juego de los músculos expresaba los movimientos de la mente. Y el arte de Madsen va más allá de eso: en su arte, él particularmente quería diseñar algo significativo sobre las etapas de la vida, desde la inocencia de la infancia hasta la edad adulta y el amor. Una serie de obras centrales trata sobre la voluntad de vida del hombre, y especialmente del hombre. Esto se expresa en títulos como Liberación, Voluntad y Poder de ruptura.

La representación de Madsen de personas en desnudos más o menos heróicos habla de un artista que buscaba lo común y lo intemporal, elevado por encima de la trivial vida cotidiana y en estrecho contacto con la naturaleza, incluida la naturaleza en el hombre.

Sofus Madsen mantuvo una distancia segura de todas las tendencias modernistas. Siguió un camino tan amplio y seguro en su arte. Si él nunca moldeó tanto la cabeza de Lenin en barro, revolucionario, Madsen no lo fue, ni políticamente ni en las artes. Madsen pertenecía a una generación de artistas para quienes todavía era natural crear esculturas de los dioses de la antigüedad, idealizadas y con todos los atributos, para darles una actualidad en lo contemporáneo. Y en las mejores cosas de Madsen encontramos las empuñaduras inspiradas y las poses significativas que llevan los temas que quería dar forma plástica.

Fuente: Sofus Madsen Sulpturmuseum (texto original en noruego).