Nus, el libro de Manuel Gago sobre la historia de Baroña

El director de Culturagalega.gal y profesor en la facultad de periodismo de la USC entre otras facetas, Manuel Gago, ha escrito la novela de ficción «Nus» (Desnudos en castellano), basada en los acontecimientos ocurridos en Baroña cuando se produjo la detención de los nudistas en los 80. La historia se ubica en la Galicia del postfranquismo en la playa de Calabarda, con Toño Figueroa como protagonista.

El joven tiene una doble vida en su memoria en la que se entremezclan juventud, sexo y mentiras familiares, a la vez que dentro de este «retrato irreverente e irónico sobre la Galicia de aquella época» también hay lugar para el descubrimiento de un castro ancestral en Baroña por parte de un grupo de arqueólogos.

¿Cómo descubrió el movimiento conocido coloquialmente como «Tetiñas Free» que surgió a raíz de lo sucedido en la playa de Baroña en los 80?

Lo conocía desde pequeño, porque soy de A Pobra do Caramiñal (A Coruña, en la otra parte de la península del Barbanza). Cuando era niño los nudistas eran casi como unos seres mitológicos que hacían no se sabe muy bien qué, en un lugar que además, en aquel momento, aparecía en todas partes por su poder icónico: el castro de Baroña. Hasta el punto de que la primera vez que fuimos visitar el castro de Baroña (tendría siete u ocho años), a mí lo que me interesaba realmente era ver los nudistas, a ver en que consistía ese supuesto antro de perdición del que se hablaba en voz baja y cuando los mayores pensaban que nosotros no escuchábamos.

¿Por qué decidió inspirar la novela en este suceso?

Tenía ganas de escribir una novela de la Transición gallega que había entrecruzado varias perspectivas: la evolución de las relaciones personales y sentimentales en los años 70-80, vistas desde la perspectiva de un joven, pero también quería entrecruzarlo con los avatares de la política y de la sociedad del momento. La sociedad gallega de principios de los 80 es muy dinámica y se vivieron varios movimientos sociales -ecologistas, laborales, de defensa del patrimonio- muy interesantes.

Pero el movimiento nudista era distinto a todos ellos: partía de otro lugar y de otro tipo de gente. Cuando comencé a trabajar en la documentación de la novela hubo algo que me hizo decidirme: de todos aquellos movimientos, el único que hacía que a la gente se le pusiera una sonrisa en la cara de inmediato y se comenzarse a reír era el movimiento «Tetiñas Free». Sus organizadores concibieron el movimiento en primer lugar riéndose de ellos mismos. En un momento como aquel, en el que todo se planteaba en términos graves y apocalípticos (como en cierto modo se sigue haciendo en Galicia), esa capacidad de transmitir el mensaje sobre la moral provocando la risa me pareció de una gran genialidad. No había dudas y debía tirar por él.

El protagonista, Toño Figueroa, ¿está inspirado en alguno de los precursores del movimiento como Miguel Cancio, uno de los principales?

No, Toño parte de otro lugar y no tiene una identificación clara con ninguno de los personajes que vivieron ese movimiento en primera persona. Prefiero trabajar con un protagonista que vaya por su propio camino y no tener que jugar con las inevitables limitaciones de tener un referente real. Pero muchos de los otros protagonistas de la historia real están parcialmente presentes en los personajes secundarios, aunque sin pretensión de recrearlos con precisión. Son como trazos biográficos que en realidad son apenas rasguños, porque los personajes evolucionan por su cuenta.

¿Por qué apostó por un retrato irónico de esta época del postfranquismo gallego y no por una línea más histórica?

La ironía no está reñida con la historia, ero en realidad en mis novelas intento siempre dejar bien claro que son ficción, que pueden estar inspiradas en hechos reales pero que a partir de ellas la ficción es libre y coge otros caminos. A lo mejor porque soy periodista y en mi trabajo debo ceñirme mucho a los hechos, en la ficción me gusta hacerla evolucionar.

En mis novelas me apasiona estar siempre en el filo de la navaja que separa la imaginación de los hechos, y que el lector se cuestione qué es real y qué es ficción. Porque a veces lo que pensamos que es ficción resulta ser lo más real y viceversa. Me gusta jugar con el lector y que, si le apetece, investigue por su cuenta esos límites. También quería divertirme con mis lectores y echarnos unas risas en la playa, reírnos de nosotros mismos, y celebrar 1.000 veranos. La literatura también debe ser eso, una fiesta.

¿Quería mezclar historia del patrimonio de la comunidad con la historia del movimiento «Tetiñas Free» a través de la referencia que hace en el libro al descubrimiento de un castro ancestral en la playa de Calabarda?

En mis anteriores novelas, «El ángel negro» y «El ejército de humo», el relato estaba contado desde las clases subalternas, las clases populares, y son dos historias que hablan de que frente a determinados discursos conformistas que conciben a esas clases como agentes pasivos y sufrientes de la historia, los aparentemente humildes tienen recursos para responder y actuar en su mundo de manera activa.

En Nus trabajé con otra idea contraria: en la literatura gallega, al igual que en el resto de la cultura del país, las clases altas y dirigentes casi no aparecen, o cuando aparecen se retratan de una manera tan ingenua e inocente como maquiavélica. Quería escribir desde una voz vinculada a la clase media-alta de una Galicia que estaba cambiando con rapidez. El castro me permitía establecer un contrapunto. Los vecinos, en Nus, son tan misteriosos como los propios habitantes del castro que se está excavando. Alguien cuenta su historia por ellos y son casi invisibles.

Opinión personal sobre el movimiento y cómo piensa que marcó la historia de la comunidad en cuanto al nudismo se refiere

Como gallego, me siento muy orgulloso de las historias que escuché del movimiento, de su carácter vitalista y de su capacidad para, desde una playa de Baroña, obtener eco en todo el mundo. Fueron un ejemplo de activismo inteligente, de cómo todos tenemos dentro algo por lo que luchar y porque consiguieron provocar un debate a nivel español sobre la moral y delitos enquistados del Código penal, como el escándalo público, usado desde el siglo XIX para el control moral de la población.

El movimiento «Tetiñas Free» ayuda también a otra idea. Mucha gente, de diferentes opciones políticas, intentan simplificar la idea de Galicia y reducirla a un tópico, sea lo que sea. Pero Galicia, como cualquiera de las sociedades modernas europeas, es un país complejo, diverso y contradictorio. Parte de mi trabajo en muchos ámbitos es contribuir a evitar que se nos reduzca a un tópico, a demostrarnos a nosotros mismos que vivimos en una sociedad compleja. Comprender eso es una clave para la Galicia del futuro.

Nus (Desnudos)
Autor: Manuel Gago Mariño (escrito en Gallego)
Ediciones Xerais de Galicia S.A. 2021
ISBN: 978-84-9121-821-0

Fuente: Quincemil Cultura. Autora: Amara Santos.

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El naturismo es una filosofía de la naturaleza que data del siglo XVIII

No todos los naturistas son nudistas. El nudismo es una práctica de naturismo nacida más tarde a principios del siglo XX. Cuando el naturismo es un movimiento cultural que responde a los principios de una filosofía de la naturaleza más globalizada nacida en el siglo XVIII y que se basa ante todo en la medicina natural.

En el programa «Le Téléphone sonne», Eric Delvaux recibió a Viviane Tiar, presidenta de la Fédération française du Naturisme y a Julien Claudé-Pénégry, portavoz de l’Association des Naturistes de Paris para discutir las nuevas prácticas del naturismo. Recordaron que el naturismo no se limita exclusivamente al nudismo sino que es ante todo «una filosofía de vida más natural, históricamente definida como una práctica natural de la medicina». La oportunidad de volver sobre los orígenes de este movimiento cultural gracias al historiador Arnaud Baubérot que ha dedicado un libro al tema y que habló al micrófono de Jean Lebrun en «Le vif de l’Histoire».

Originalmente, la defensa de la medicina natural

El naturismo nació a mediados de la Ilustración. Se define como un programa de transformación social, resultado del deseo de defender la medicina natural ante el nacimiento de la llamada medicina «terapéutica» y «moderna». Las primeras formas de naturismo surgieron con la inquietud de volver a una concepción antigua de la medicina, defendida por el antiguo médico griego Hipócrates (460 a. C. – 377 a. C.) en el papel que necesariamente desempeñaba la naturaleza en las enfermedades. Si «el estado de naturaleza» es definido primero por la filosofía de la Ilustración, muchos médicos naturistas lo utilizan para compartir una visión que consiste en pensar que las enfermedades tienden a curarse por sí solas. No sin experimentar de pasadacierto escepticismo hacia enfoques modernos, más terapéuticos y racionales.

El principal remedio recomendado es la creencia en la fuerza vital benéfica, a la que se refiere la famosa teoría de los humores. Se trata de volver a conectar con una observación de la salud lo más cercana posible a la naturaleza, y defender la idea de una naturaleza curativa. Entre sus diseñadores, el biólogo Georges-Louis Leclerc de Buffon, el médico y enciclopedista Jean-Joseph Menuret, el médico Xavier Bichat y el filósofo y médico Théophile de Bordeu. Es este último quien es el primero en concebir el neologismo de «naturista» en su Investigación sobre la historia de la medicina, para calificar a los médicos que toman la naturaleza como única guía. Creen que el cuerpo humano está naturalmente dotado de fuerzas vitales que gobiernan su funcionamiento y que el orden de la naturaleza es el único agente curativo de las enfermedades.

Invitado en el programa Le Vif de l’histoire, Arnaud Baubérot explicó que «el naturismo insiste en la necesidad de fortalecer las defensas del cuerpo con los únicos beneficios de la naturaleza. Un movimiento que se federó especialmente en el siglo XIX en torno a la idea de que la enfermedad del exterior puede, debe evitarse si el cuerpo sigue la higiene natural necesaria».

Una concepción médica que cada vez pesa menos de cara a los avances de las ciencias médicas, condujo paulatinamente a finales del siglo XIX, por una mejor comprensión de la anatomía, la biología, la química y la adopción de métodos más experimentales, de laboratorio y de medicina, el desarrollo progresivo de la microbiología. Pero es una filosofía que todavía está muy vigente (sobre todo en estos momentos con la situación y la política sanitaria).

Fue principalmente en los países germánicos donde el naturismo médico tuvo un gran éxito en sus inicios. Los médicos naturistas todavía son muy influyentes y continúan desarrollando métodos de tratamiento natural. Uno de sus grandes teóricos es el médico austriaco Vinzenz Priessnitz quien, a principios del siglo XIX, trataba a las personas con aplicaciones de agua fría, esto es hidroterapia, pero también con ejercicio físico diseñado sobre el ideal higiénico de los deportistas griegos. Un método, explica Arnaud Baubérot, que «consiste en hacer sudar el cuerpo estimulando una determinada fuerza natural que puede luchar contra las enfermedades». Es necesario endurecer el cuerpo para optimizar sus propias capacidades de resistencia. Siguiéndolo está elabate Sébastien Kneipp (Ma cure d’eau), quien durante la segunda mitad del siglo XIX, contribuyó a la proliferación de los primeros establecimientos curativos dedicados a esta medicación naturista. Al mismo tiempo, fomentó la formación de asociaciones que reunieran a partidarios de este método, incluido el suyo en 1894. El curandero suizo Arnold Rikli le añadió la helioterapia a tomar el sol y luego la luz en la década de 1860 como método para calentar el cuerpo en parques ajardinados (o el nacimiento de la práctica cultural del bronceado).

Los elementos naturales son los más capaces de restaurar el funcionamiento normal de los órganos. Muy rápidamente, esta filosofía se vuelve más política.

El orden de la naturaleza para cambiar el orden social

Es una filosofía que también expresa, para algunos, una reacción hostil al materialismo y al capitalismo industrial. Una concepción de la vida recuperada con fines políticos por los círculos anarquistas a finales del siglo XIX y principios del XX para expresar un cierto rechazo al orden social, en particular a través de la influencia del pintor Émile Gravelle y la formación del Cercle des Naturiens. Pretenden defender los males de un proletariado cuya salvación solo puede pasar por un retorno a la naturaleza. Sin embargo, esto está lejos de ser la prioridad de la clase trabajadora. Pero este movimiento que puede definirse como reaccionario es en sí mismo es el fruto de una sociedad individualista emergente que fue posible gracias a la evolución de las costumbres y el progreso social. La creencia en la existencia de leyes naturales a menudo se habrá aprovechado para justificar la transformación de un sistema que comprometería las relaciones humanas y la relación de la sociedad con la naturaleza. Se trata de realizar una auténtica renovación social. Solíamos oponernos al orden social, al orden de la naturaleza.

Arnaud Baubérot: «Fue un punto de ataque para desafiar a la sociedad, hasta que los ataques anarquistas llevaron a su destrucción por la represión policial a mediados de la década de 1890. Esto es lo que contribuye mucho a una especie de retirada en la búsqueda de una forma de vida alternativa, como en Francia en la década de 1970, después del fracaso de mayo de 1968, cuando un cierto número de activistas se dirigieron a las comunidades neorurales, para abogar por el retorno a la naturaleza de la vida o la búsqueda de estilos de vida alternativos. La víspera de la Gran Guerra, eran, en ciertos aspectos, ‘naturianos’, tanto que ellos mismos se abstuvieron del alcohol, el tabaco, los vegetarianos, practican la higiene naturista ascética y la gimnasia desnuda al aire libre todas las mañanas”.

Comida natural: vegetarianismo y naturismo

Los médicos naturistas también confieren a esta filosofía un ideal de moderación y frugalidad en cuanto a la alimentación, ya que la salud no se concibe sin una alimentación sana. La nutrición juega un papel clave en el funcionamiento de los seres vivos. Las dos corrientes comparten una misma concepción de salud y las reglas a seguir para preservar el cuerpo de una forma más natural. El naturismo siempre va acompañado de la búsqueda de alimentos más saludables. Las revistas vegetarianas publicaron numerosos artículos dedicados a la medicina naturista durante el primer cuarto del siglo XX. El énfasis está en una dieta naturista, con productos asociados a un estilo de vida alternativo. Es la promoción del vegetarianismo y el veganismo, considerado más natural, popularizado por el doctor Paul Carton en Les trois aliments meurtriers.

Del nudismo parcial al nudismo total

Los naturistas alemanes del siglo XIX concibieron la desnudez en una perspectiva higienista y deportiva que también será exportada a Francia, donde se instalan redes de venta por correo de las llamadas prendas «naturistas», que consisten en ser tentados por camisas sueltas, ropa blanca, sandalias, ropa que se supone debe permitir que el cuerpo se ventile.

Arnaud Baubérot: «El naturismo se asoció rápidamente con la práctica del entretenimiento. Entre dos guerras, se crearon clubes o centros cerrados para que los amantes del naturismo, y el nudismo (gimnasia) pudieran encontrarse, desnudarse o desvestirse, no necesariamente del todo, pero juntos disfrutar. los beneficios del sol, el agua dulce…». Pero ya es «hacer naturismo» para reunirse en centros con amigos para practicar juegos o ejercicios físicos diversos desnudos o en traje de baño. Estos son lugares favorecidos por los médicos hermanos André y Gaston Durville que realmente democratizan el naturismo y lo hacen accesible al mayor número posible de personas con una justificación médica cada vez menos sistemática.. Solo se avanza en la alimentación saludable y la actividad física regular. Sin olvidar, por supuesto, la cuestión de la ropa. Sin embargo, en el campo de Chevreuse, en Physiopolis sur l’île de Platais e incluso en Héliopolis en l’île du Levant, en Var, el desnudo total todavía está prohibido y desvestirse aún no es sinónimo de nudismo completo.

Es un tal Marcel Kienné de Mongeot quien verdaderamente se embarca en una generalización de la aceptación del nudismo dentro del naturismo, a través de su campaña a favor de la desnudez en su revista Vivre intégralement de 1927. Cuando todavía se adopta por lo esencial, la desnudez parcial en todas partes. Para él como para muchos otros defensores naturistas que le suceden, el nudismo permitiría cultivar una mayor tolerancia hacia los cuerpos tal y como son en sus diferencias. El cuerpo desnudo ya no suscitaría miradas discriminatorias, ambiguas y perversas.

Arnaud Baubérot: «Él es quien fundó los primeros centros naturistas donde se practica la desnudez total. La desnudez total aparece y se sistematiza realmente a finales de los años 20, principios de los 30, como el Club gymnique de France à Villecresnes, uno de los primeros lugares donde practicamos la desnudez total colectiva desde 1930″.

El naturismo se abrió al público en general en los años 1950-1960 en un período de plena expansión y que exigía una mayor aceptación de uno mismo, del propio cuerpo y del de los demás. El movimiento revolucionario de mayo del 68 pasa por esto. Julien Claudé-Pénégry cree que «sin ropa, son las barreras sociales las que caen bajo el efecto de una mayor igualdad al descubierto. La fuerza de la desnudez permite poner a todos al mismo nivel. Ya no miramos al hombre ni a la mujer con una mirada llena de prejuicios e ideas falsas”.

Si el nudismo se ha convertido en uno de los principales componentes del naturismo, no se puede desvincular de la idea de reforma higiénica, cambio dietético, mantenimiento y representaciones del cuerpo, la relación con la ropa de moda.

Fuente: franceinter.fr Autor: Jimmy Bourquin (texto original en francés).

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El nudismo purificador

El profesor Capo solía decir: «Hagamos un pequeño esfuerzo y seamos puros». Y cuando se refería a la pureza no sólo aludía a la salud del cuerpo sino también del espíritu y la mente. Capo entró de lleno en el nudismo a mediados de los años veinte, cuando se instaló en Barcelona, y se convirtió en uno de sus principales promotores a través de la revista Pentalfa. Naturismo y Nudismo se complementaban.

«El desnudismo es una vuelta consciente a la naturaleza y nunca una práctica de exhibicionismo y de estímulo del erotismo», aseguraba Capo. Pero este ideal un tanto ingenuo era difícil de transmitir y complicado de entender en una sociedad que veía el desnudo como un pecado, y el cuerpo de la mujer como una tentación inmoral.

Nicolás Capo (derecha), con su mujer, Ramona, que lleva en brazos a su hijo Apolo, en la colonia nudista de Gavà, en 1932.

Para Capo el nudismo -o «desnudismo científico y filosófico», como lo llamaba- era sinónimo de salud y librecultura, e implicaba una liberación de la mente y del sexo en el sentido de deshacerse de la necesidad de practicar sexo y, así, purificarse y fortificar la mente. El profesor veía el sexo con la única finalidad de procrear; las mujeres no tenían, en su opinión, connotaciones sexuales. Pese a la naturalidad con que difundía los beneficios del nudismo, era muy discreto y, a la vez, muy estricto con quién y dónde practicarlo. Por este motivo, tanto la familia Capo como sus pacientes tomaban sus baños de sol desnudos y al resguardo de curiosos en la terraza de su vivienda de la calle Alcoy de Barcelona o bien en los campos nudistas que fundó a imagen de los que proliferaban en Francia y Alemania. Uno de esos campos nudistas fue fundado en 1929, estaba situado en Gavà (Barcelona), el Paternón o masía Can Torelló, y era el punto de encuentro de naturodesnudistas y «amigos del sol»: matrimonios y familias con hijos. Nunca accedían personas solas con el fin de evitar voyeurs, a quienes el profesor decía que se equivocaban, que aquello era salud y no había que hacer caso a las «malas pasiones».

Resguardados por una tapia de más de dos metros de alto practicaban gimnasia sueca o educación fisicobiológica y deportes de equipo, también baños de sol, comían paellas vegetarianas, y compartían canciones, poesías y simbólicos bailes purificadores alrededor del fuego. En este entorno estaban seguros de que los niños serían vegetarianos convencidos, como Gandhi y Tolstoi, que vivirían sin probar la carne de «inocentes animales», y no se extrañarían de sus cuerpos porque lo considerarían natural, no lo verían como exhibicionismo.

A pesar de la discrección y el respeto con que practicaban el nudismo siempre sufrieron persecuciones. Uno de estos ataques tuvo lugar, como denuncia el propio Capo en una «Carta abierta al señor Presidente de la Generalidad y al señor Gobernador General» publicada en el número 228 de Pentalfa, un día de verano de 1932. Un grupo de miembros de la Sociedad Naturodesnudista de Barcelona estaba practicando gimnasia y tomando el sol desnudos tras los muros del Partenón de Gavà cuando una docena de jóvenes falangistas asaltaron la masía, robaron a los allí presentes y quemaron sus ropas.

Fuente: Libro Recetario del profesor Capo (fragmento). Varios autores. Larousse Editorial 2016. ISBN 978-84-16641-05-5

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