Veinte años difundiendo nudismo

Veinte años han pasado desde que aquel 30 de diciembre de 1999 decidí publicar en la red la primitiva web “Lugares Naturistas 1999/2011” a la que han seguido tres blogs, “Info Lugares Naturistas 2008/2009”, “Info Nudismo 2009/2019” y el actual “Histonudismo 2019/…” ¡Veinte años que se cumplen hoy! Algo inimaginable siquiera en los inicios de mis primeros pasos por Internet.

La idea de esa nueva web me tentaba poderosamente, pensé que habría muchas personas como yo que no conocían lo que era el nudismo naturismo y donde practicarlo, y quizás nunca llegarían a conocerlo por la falta de información, casi inexistente en aquella época. Así que un buen día decidí crearla, las dificultades no faltaron, totalmente autodidacta tuve que superar problemillas técnicos, enlaces que fallaban, páginas que no se abrían, imágenes que no se veían, incomprensiones, etc.

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Evolución de Lugares Naturistas, Info Nudismo e Histonudismo de 1999 a 2019

Pero hoy, los más de 10.000.000 de visitas recibidas hasta la fecha en la web y los blogs, y los más de 37.000.000 de páginas vistas desde 195 países han demostrado su utilidad y que no me equivoqué, nunca sabré cuantos datos e informaciones habrán sido mínimamente útiles para esa numerosa cifra de visitantes durante la ya larga historia de este proyecto informático.

Un proyecto que día a día crecía y se enriquecía en contenidos, y sobre todo, un sitio (no el único afortunadamente) que sirvió durante mucho tiempo para su propósito de informar abierta y libremente, convirtiéndose durante las dos últimas décadas en un referente de y para nuestro colectivo nudista.

Con el convencimiento de que hay suficiente material generalista publicado en la red y de calidad como para poder explicar con claridad y detalle que es “esto tan raro del nudismo” y contribuir así a que nuevas personas empiecen a conocerlo y practicarlo, y con la sensación de haber terminado una etapa de mi periplo por las redes y el nudismo llegó el momento de dar un giro y cambiar el sentido de lo que he estado haciendo hasta ahora.

Por todo ello, en junio de este mismo año decidí cambiar “Info Nudismo” por “Histonudismo”, este último blog pensado con el objetivo de conservar y guardar para la memoria colectiva todas aquellas historias e historia del nudismo, naturismo y desnudo artístico, que son muchas e interesantes (algo que apenas existe en la red) y que estoy seguro supondrá para los visitantes de esta nueva etapa una interesante experiencia donde ya tienen acceso a más de ciento cincuenta entradas o posts.

En el Facebook Racó de Conill se define Histonudismo como: “Un almacén de contenidos nudistas que se van sumando con cada entrada. La selección a partir de noticias en prensa o contenidos de diversas fuentes que siempre se citan hace que sea un lugar muy entretenido en el que se descubren muy diversos aspectos del Nudismo. Así se alternan estudios históricos (desde la desnudez en sociedades de la Antigüedad a los avatares del movimiento naturista durante el siglo XX) con valoraciones artísticas o recopilaciones de noticias más recientes. Como contenedor de mucha información es muy útil para aprender y entrar más a fondo en la ideología y la vivencia nudista.” No pueden explicarlo mejor.

Desnudo es normal. La revolución de la desnudez femenina

El cuerpo femenino desnudo ha sido restringido por condicionamientos sociales a lo largo de la historia.

Las reglas sociales siempre han determinado la percepción del cuerpo femenino desnudo. A principios de este año, Playboy publicó el lema “Desnudo es normal” en la portada de su icónica revista erótica. La omnipresencia de la desnudez en nuestra era digital fue anteriormente la razón por la que el editor Cory Jones dejó de publicar fotos de desnudos en la revista en octubre de 2015. El director creativo Cooper Hefner declaró en febrero de 2017 en las redes sociales de Playboy que la compañía reanudará su publicación de desnudos. Según Hefner, “la desnudez nunca fue el problema porque la desnudez no es un problema. Hoy recuperamos nuestra identidad y afirmamos quiénes somos”. La discusión en torno al cuerpo femenino desnudo y su relación con el erotismo está en curso. La forma femenina ha sido representada y vista durante siglos, pero rara vez se acepta. Echemos un vistazo a la percepción de la forma femenina en los últimos años.

Venus de Willendorf, c. 24,000-22,000 a.

En la era prehistórica, se presume que la representación del cuerpo femenino tenía un propósito cultural y espiritual. Algunos de los primeros artilugios que representaban el cuerpo femenino eran pequeñas formas de arcilla de cuerpos de mujeres gruesas, también conocidas como figurillas de Venus. Estas figurillas garantizarían la fertilidad o alentarían a la población a tener relaciones sexuales. Este significado espiritual de la forma femenina desnuda es evidente en diferentes religiones en las que el erotismo y el cuerpo están asociados con los poderes divinos. Piensa en los frescos de la Iglesia Católica Romana de ángeles fallecidos o las diosas griegas.

Sueño de Gustave Courbet, 1866

Los antiguos griegos y artistas cristianos usaron la forma femenina en su arte, a pesar de que la desnudez femenina representada no estaba destinada a ser vista por las propias mujeres. Muchas pinturas, como la inicua pintura del sueño de Gustave Courbet, fueron pintadas no para la fantasía de una mujer, sino para la de un hombre. A las mujeres ni siquiera se les permitía tener fantasías sexuales o sensuales. En “Sexualidad: construcciones sociales y culturales de las mujeres representadas a través del arte”, el autor G. Clarke señala que “la religión occidental, especialmente el cristianismo, desalienta a las mujeres a pensar en el sexo, a hablar sobre sexo y enseña los aspectos negativos de la sexualidad femenina; que debe ocultarse para nunca ser discutido, y así nunca ser entendido”. Además, a la mera mujer en el cristianismo a veces se la consideraba como el mal supremo; por lo tanto, la vagina se comparó con “la boca bostezante del infierno”. En la cultura popular, esto ahora se conoce como la vagina dentata.

Venus de Urbino por Tiziano Vecellio, o Tiziano, 1538

La vagina dentata está en agudo contraste con el cuerpo femenino como una musa en el arte erótico y el porno. La imagen más conocida de una mujer desnuda es, después de todo, la imaginación del artista (masculino) de ella como objeto de placer. La Venus de Urbino de Tiziano muestra una expresión de virginidad y castidad. Mientras ella retrata una fantasía erótica, ella también es la encarnación del código moral en el momento. Los significados en la imaginación del cuerpo femenino difieren con el tiempo, pero lo que sí se nota es que el significado del cuerpo femenino desnudo nunca se vuelve hacia la mujer misma y hacia su cuerpo, que está objetivado. La mujer es una encarnación de la fertilidad, un ser divino, un objeto de lujuria o una fuente malvada. Pero rara vez es su cuerpo una representación de ella misma.

The Dinner Party por Judy Chicago, 1979

En el último siglo hubo un cambio repentino cuando las artistas femeninas tomaron el asunto en sus propias manos y deliberadamente eligieron cómo se imaginaban sus cuerpos en el arte. Por ejemplo, en la década de 1970, algunas artistas (occidentales) criticaron la opresión femenina, el género y las estructuras de poder a través de su arte. La historiadora del arte Lisa Tickner lo llama “iconología de la vagina”. Tickner ve el uso de los genitales femeninos en el arte como una protesta política contra la norma, en lugar de un gesto erótico. El trabajo de artistas estadounidenses como Miriam Schapiro, Judy Chicago y Hannah Wilke fue visto como controvertido. Exhibieron la forma femenina como un símbolo de poder y el icono de la vagina sería el símbolo para eclipsar el falo. Schapiro y Chicago se inspiraron fuertemente en el trabajo de Georgia O’Keeffe cuando crearon su arte centrado en la matriz. Chicago’s installation art, en The Dinner Party retrató a 39 mujeres míticas e históricas en una mesa triangular. Estos artistas desafiaron al espectador y usaron la forma femenina como protesta. Los artistas masculinos, la sociedad y la iglesia ya no vieron que la mujer desnuda era un signo de maldad o placer. Finalmente, fue la mujer quien le dio a su cuerpo un significado.

Calendario Pirelli 2017 de Peter Lindbergh, exposición en el Museo de Arte Multimedia de Moscú / Getty Images

Esta tendencia continuó desde los colectivos artísticos, a la pornografía favorable a las mujeres, discusiones sobre la censura de la “desnudez” en las plataformas de medios sociales, incluso a las celebridades intactas en el infame calendario Pirelli que no fueron estiradas o manipuladas en ideales poco realistas. En 2016, #freethenipple extendió una tendencia en Twitter e Instagram, donde muchos usuarios protestaron contra la censura de Instagram. En las normativas de la comunidad de Instagram indican que eliminarán todo lo que sea “violento, desnudo, parcialmente desnudo, discriminatorio, ilegal, infractor, odioso, pornográfico o sexualmente sugestivo”. Aunque algunas fotos pueden considerarse una infracción de estas reglas (piense en desnudez frontal completa o selfies subidos de tono), otros son ligeramente menos obvios y a veces más abstractos (piense en primeros planos de pliegues amorfos de la piel o pijamas y sábanas ligeramente manchadas con manchas de sangre menstrual). Parecía que los hombres con el torso desnudo no estaban marcados, pero las imágenes de las mujeres en topless fueron borradas. Los elementos ordinarios del cuerpo femenino, ya sea que las fotos revelaran pezones femeninos, vello corporal, grasa o sangre, fueron considerados tabú.

Foto de Instagram prohibida por Peyton Fulford del libro Pics or It Didn’t Happen: Images Banned from Instagram

Artistas jóvenes como la fotógrafa Arvida Byström y su amiga, la artista digital Molly Soda, aprovecharon esa oportunidad para producir el libro Pics or It Didn’t Happen: Images Banned from Instagram. El razonamiento de Soda sobre el libro: “Queríamos que la gente pensara en quién controla nuestras experiencias en línea. Estamos seleccionando nuestras experiencias digitales para que se ajusten a estas ideas de seguridad. Nos acercamos a estas herramientas pensando que tenemos el control cuando no lo tenemos”. Soda señala que no es la plataforma, sino los usuarios que censuran: “En última instancia, las personas marcan y eliminan las imágenes, por lo que hay un aspecto muy humano en ello, donde las personas están en desacuerdo y tienen intereses diferentes”. El libro es una acumulación de sus esfuerzos para empujar los límites de la sociedad en la percepción del cuerpo femenino a través de su arte digital y el número de fotos que ellos mismos y sus seguidores, se han eliminado de Instagram.

El cuerpo femenino desnudo todavía no está normalizado. Una autofoto desnudo a menudo se ve como sexual incluso si esa no es la intención. Los selfies desnudos reflejan claramente lo que muchas mujeres extrañan en la imaginación de sus cuerpos por parte de los demás. Internet y la autofoto desnuda permiten a las mujeres establecer límites y promover la positividad corporal. En definitiva, se trata de la autodeterminación sobre su imagen y una sensación de control.

El cuerpo femenino está constantemente vigilado. En nuestra era digital, la desnudez está disponible en todas partes y es de fácil acceso, pero aún no siempre es aceptada. Es hora de reconocer que el cuerpo femenino desnudo no solo pertenece al arte y al erotismo. Playboy tenía razón. Desnudo es normal.

Fuente: crixeo.com (Texto original en inglés). Autora: Giselle Defares.

Nudismo y monarquía

Ocurre que en la playas tradicionalmente nudistas, donde siempre se permitió su presencia, los textiles ahora parecen ser abrumadoramente mayoritarios, como en los tiempos heroicos.

El 16 de agosto de 1984, hace 34 años, un cura párroco encabezó a un grupo de vecinos de Cangas de Morrazo que, con palos y estacas, amenazaron a unos nudistas acampados cerca de la playa de Barra, mientras la policía municipal desmontaba sus tiendas y la Guardia Civil estaba por allí. En el orwelliano 1984 el nudismo llevaba 15 años practicándose en la playa de Barra y había sido autorizado recientemente por el Gobierno Civil competente, el de Pontevedra.

El relato del asunto que hizo El País nombró a un cura de otro pueblo, no al que realmente participó. El periódico rectificó públicamente ese error en cuanto tuvo noticia (en la edición dominical, de circulación muy superior a la de los demás días de la semana), pero el cura mencionado en la primera información demandó a la periodista María José Porteiro y a la empresa editora de El País por intromisión en su honor.

De este modo el asunto estuvo bailando unos años y ocupó unos cuantos titulares. Los curas, policías y jueces de la Transición eran los mismos de la Dictadura, como sabemos. Así que condenaron a los demandados, que recurrieron a la siguiente instancia judicial, que ratificó la condena, y así sucesivamente hasta llegar al Tribunal Constitucional, a cuyos miembros, presumiblemente, no les había quedado más remedio que leer la Constitución, y por fin la periodista y la empresa quedaron exonerados en una sentencia del 21 de diciembre de 1992.

La de Barra, como muchas otras playas nudistas, no tiene un acceso demasiado fácil porque cuando la gente empezó a bañarse desnuda en España no lo hacía en las playas mayoritarias, más conocidas, sino en las más recogidas o inasequibles. Nunca hubo nudistas en el Sardinero, sino en Covachos, por poner un ejemplo próximo.

A pesar de ir a sitios recoletos, quienes se desnudaban entonces compartían el espacio con los textiles, la gente que usaba bañador. Al principio, la situación siempre era tensa, y hubo varios incidentes: no se llegó a las estacas, pero en varias ocasiones los nudistas hubieron de vestirse ante la actitud amenazante de grupos de textiles que esgrimían el sorprendente argumento de que “había niños”. Pero la cosa acabó normalizándose y en la playas del Norte los nudistas y los textiles compartían espacio, a diferencia de las de otros lugares donde cada playa era para unos o para otros, pero no se permitía la mezcla.

Más o menos por la misma época otro periodista de El País recorrió las capitales españoles, haciendo relatos ligeros, divertidos de lo que veía para su suplemento de verano. No he conseguido encontrar el artículo que dedicó a Santander, pero recuerdo que expresaba su sorpresa: “Aquí son todos fascistas —era aproximadamente lo que escribió—, pero vas a las playas y están todos desnudos”. Y, quitando la exageración propia de la escritura humorística, la cosa se aproximaba bastante a la verdad. Lo del fascismo venía porque delante del Ayuntamiento estaba la estatua de Franco montado a caballo (él sí, completamente vestido); único ejemplar todavía visible, creo, de una serie que se colocó en varias ciudades.

Ya no somos fascistas. Fuimos los últimos en retirar la estatua esa, tras Madrid, Valencia y El Ferrol (entonces “del Caudillo”), pero ahora somos monárquicos convencidos. Amamos tanto la monarquía que en Puertochico ondea una bandera monárquica que casi podría verse desde Pontevedra los días de bonanza. Es una bandera de matrimonio, como la de la plaza de Colón en Madrid; así los veraneantes capitalinos pueden sentirse como en casa.

Pero da la impresión de que al tiempo que nos hemos ido quitando del fascismo, también lo hemos hecho del nudismo, como si el periodista de entonces hubiera encontrado un vínculo profundo e insospechado entre ambos ismos. Hace unos días fui con mi familia a la playa asturiana de Torimbia, que todos los años aparece en las listas donde los periódicos recomiendan playas nudistas. Lo merece, desde luego, porque es hermosísima, aunque no sea especialmente fácil llegar a ella. Muchos años de nudismo la han convertido en uno de sus emblemas reconocibles, y no solo en España. Pero el otro día no lo parecía: había menos gente desnuda que en bañador.

Ya habíamos visto el mismo fenómeno en otros sitios. Ocurre que en la playas tradicionalmente nudistas, donde siempre se permitió su presencia, los textiles ahora parecen ser abrumadoramente mayoritarios, como en los tiempos heroicos. La diferencia es la falta de tensión, menos mal; los textiles no tienen problema en que los demás se desnuden y hay niños de ambos campos jugando juntos sin que a nadie le parezca mal.

Pero da qué pensar esta vuelta a los bañadores. ¿Existirá un vínculo profundo e insospechado entre los trajes de baño y la monarquía?

Fuente: eldiario.es Autor: Jesús Ortiz

El desnudo masculino

Se cumplen 4 años desde que en 2014 el Museo Nacional de Arte (Munal) clausuró la exposición El hombre al desnudo: dimensiones de la masculinidad a partir de 1800, que reunió obras del acervo del Museo d’Orsay, e intentaba explicarles a los mexicanos el tremendo cambio de percepción que ha sufrido el desnudo masculino desde que fuera principio de inspiración en el arte hasta la actualidad cuando se ha convertido en un recurso mercadológico, hoy éste sigue siendo un tema de actualidad y controversia.

No estoy seguro si la muestra consiguió evitar que muchos se escandalizaran de ahí al real, al ver un desnudo masculino pero, hace unos meses, cuando me regalaron un libro titulado Cine caliente, una recopilación de películas con escenas cuyos protagonistas eran los desnudos de los personajes, tema que ha sido un impedimento para el éxito de estos filmes en las grandes salas, no pude evitar ver en retrospectiva el caso de Fifty Shades of Grey llevado al cine bajo la cuestionable intensión de eliminar los desnudos totales (sobre todo los de su protagonista masculino) y regresar al debate original. ¿Por qué un hombre desnudo espanta y una mujer sin ropa encanta?

Todo está en la cabeza

Los griegos fueron los primeros a quienes se les ocurrió poner un desnudo fuera de un templo, al aire libre, como un elemento de placer estético y fue el de un hombre, por tanto, el desnudo masculino fue anterior al femenino en un siglo, pero, a pesar de la primicia, hay más obras de ese tipo dedicadas a las mujeres por la actitud de la Iglesia católica respecto a este tema que, siglos después, con la serie Game of Thronessigue exponiéndose frente a la clara diferencia entre los nudes femeninos y masculinos. Este fenómeno se conoce como “boobs mandate”, algo así como que las bubis mandan y nos lleva a aterrizar en seis ejemplos que demuestran que existe una especie de temor al desnudo masculino.

Don censurado

En 2002, el fotógrafo noruego Sølve Sundsbø fue el encargado de fotografiar la campaña del perfume M7 de Yves Saint Laurent censurada por mostrar un desnudo integral masculino. El chiste se cuenta solo, los penes siguen siendo especialmente ofensivos para algunos. Esa irreverencia a la que la moda tiene cierta adicción se ha convertido hoy en el vehículo para esta temática donde muchos artistas contemporáneos encuentran su personalidad creativa.

Tápese Mr. Grey

Jamie Dornan, el Cristian Grey de Fifty Shades of Grey,explicaba a Premier que si en el filme no se mostró más abajo de sus abdominales fue para “fomentar la imaginación de los espectadores, llegar al máximo de audiencia posible sin asquearles, sin llegar a algo gratuito, feo y gráfico.” ¿Será que el marketing escuda un tabú bajo el argumento de que hará más efecto esconder algo que enseñarlo?

La ley y no tanto orden

La Ley General de la Comunicación Audiovisual, en su artículo 4.2 explica que “la comunicación audiovisual nunca podrá incitar al odio o a la discriminación por razón de género o cualquier circunstancia personal o social y debe ser respetuosa con la dignidad humana y los valores constitucionales, con especial atención a la erradicación de conductas favorecedoras de situaciones de desigualdad.” ¿Entonces por qué las mujeres se ven más expuestas que los hombres?

Docurealities, un paso adelante

El dating show Adam Looking for Eve presentado en el MipTV de Cannes de 2014 fue el primero en mostrar solteros conviviendo sin nada de ropa y aunque al principio hubo mucha polémica, finalmente los desnudos de este espacio (femeninos y masculinos) fueron aceptados por los espectadores como una circunstancia más del programa que en ningún momento supera cuestiones de verdadero calado como el choque de personalidades entre los participantes.

No somos partes

La revista europea de Psicología social publicó en 2012 un artículo que afirma que nuestro cerebro procesa de forma distinta la imagen del hombre y la mujer. Mientras que a ellos se les percibe como un “todo”, ellas son observadas “por partes”, lo que favorece su cosificación y su pérdida de entidad como ser humano.

Desnudos son desnudos

Se considera un desnudo femenino en el momento en el que la mujer muestra el pecho, mientras que los pectorales masculinos no tienen esta consideración. Es por ello que muchos equiparan términos y hablan de desnudos integrales y no únicamente de una parte de la anatomía.

Todavía nos queda mucho camino por recorrer para conseguir una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres. Que un día los desnudos masculinos en televisión estén tan presentes como los femeninos será un gran paso; pero aún lo será más cuando ningún tipo de desnudo nos llame la atención y pase desapercibido ante el público: la naturalidad del cuerpo humano entendida como una libertad, no como una imposición.

Fuente: cdmxconnection.com Autor: David Cáliz.