Bañistas de Satanás

Bañista en la playa de la Concha, 1920. Fotografía: Ricardo Martín / Kutxa Fototeka

Mucho cuidado con reírse de lo que venga del underground. En mi colegio, cuando se debatía en clase sobre la tauromaquia, a los dos chavales de treinta y pico que estaban a favor de prohibirla se les miraba como si fuesen auténticos y genuinos zumbados. Ahora su postura si no es ya mayoritaria en la sociedad española, poco le falta.

Nuestros padres nos aconsejaban ir a la mili, no buscarnos líos. Insumisos e incluso objetores eran tratados como cantamañanas. En muy pocos años, hubo que abolir el servicio militar obligatorio. Fue a cambio del apoyo catalán a Aznar, sí, pero fundamentalmente porque ya no quería ir ni Dios.

Tuve amigos que se hicieron veganos en los noventa. Cuando lo contaban, los miraban como si propusieran cagar hacia dentro. La gente hasta dejaba de relacionarse con ellos como antes con una mezcla de pena y desdén. Ahora los veganos, si bien generalmente siguen sin ser bien recibidos donde abren la boca, ya forman parte del paisaje.

No hablemos de la vivisección. De pronto el tema empezaba a salir en letras de canciones y levantando el meñique ideológico todos estábamos muy indignados. Cómo olvidar los fanzines con fotos de monos con extraños cascos con electrodos incrustados en la cabeza. A quien preguntaba se le decía que las cremas y maquillajes que nos ponían se probaban antes en animales a los que se les arrancaba la piel. Había un placer morboso pasivo-agresivo en hacerles ver que una costumbre cotidiana los convertía en responsables y culpables de torturas escalofriantes. Sea como fuere, en 2013 se aprobaron leyes en España y en la UE que prohibían probar productos cosméticos y estéticos en animales.

En décadas anteriores, todo lo relativo a la libertad sexual tuvo que abrirse paso bajo una lluvia de burlas e insultos de toda clase, incluido fuego amigo de los compañeros de izquierdas. Hasta que se ha logrado, al menos en España, que quien esté en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo sea visto como un integrista católico preconciliar. Lo dicho: mucho cuidado con reírse de lo que venga del underground.

Pongamos un ejemplo asumible por todos: bañarse en verano. Lo que hace todo el mundo en cuanto llega el calor y otorga pingües beneficios a España con la visita masiva de turistas en su día fue una extravagancia. Una locura de unos pocos que imitaban las noticias que llegaban del extranjero. Ir a la playa o a una piscina a tomar el sol era cosa de los hipsters y gafaspastas de principios del siglo XX.

La nueva afición, como corresponde a toda novedad que atraviesa nuestras fronteras, se recibió con pánico e histeria. En el diario El Adelantado, en 1930, encontramos una noticia que alerta de que en Francia ha aparecido un modelo de traje de baño “color carne, que lleva un fino reborde, también del mismo color, de tal modo que aquella diferencia no puede apreciarse a una distancia de veinte metros“. Con las nuevas modas, pudiera parecer que, a lo lejos, la gente estaba desnuda aunque no lo estuviera. Eso era un drama.

Era dramático, aunque a uno le diese igual, porque el integrismo católico, pese a haber perdido tres guerras civiles en el siglo XIX, seguía vivo, como se vio después, y daba mucho mal. Era de sentido común no provocarles demasiado. En ese mismo año, 1930, descubrimos en el periódico La Cruz a qué estamentos y gremios pedían ya ayuda los piadosos cuando se veían injuriados: “Hay que reaccionar, pues, y urgentemente contra las demasías y procacidades de la mujer desenvuelta o mal envuelta en su eterno traje de baño y como a nosotros, a los predicadores de Cristo, apenas nos prestan oídos, debemos holgarnos que vengan en nuestra ayuda médicos y abogados, civiles y militares“.

En El Defensor de Córdoba se recurría al chantaje emocional de las madres tirando de la imagen que daban las hijas. Hete aquí un bello extracto: “Dime, madre, ¿cómo es el traje de baño que va a elegir tu hija? ¿No recuerdas en tu juventud el asombro que producía ver a una mujer que se bañaba públicamente en maillot? ¿Qué decíamos de ella? Recuérdalo mujer. ¿No te sonrojaría que tu hija, cubierta solo con maillot, recibiese en casa a las visitas? ¿Por qué no te sonroja que eso suceda en la playa y en ella alterne con los muchachos y se tumbe a tomar baños de sol y esté expuesta a todas las miradas? Seguramente llama la atención su desnudez y más seguro que sea incentivo de tentación o de pecado. Porque eso son las que se bañan sin decoro públicamente, instrumentos del enemigo de las almas, para turbarlas con el escándalo o para corroerlas por la pasión“.

En 1931, con la llegada de la República, la reflexión pasaba a ser sobre el nudismo. Aunque al hecho de bañarse con maillot ya se le denominaba desnudismo, lo que cobró importancia en aquel momento fue la modalidad que llegaba de Alemania de tomar el sol sin ropa alguna. Para la prensa de izquierdas, como era La Calle, tampoco resultaba aquello muy normal. Una columna lo explicaba: “Los españoles tenemos muy aguzado el sentido del ridículo y de la lascivia para mantener esas contemplaciones con la serenidad germana“.

Bañista en la playa de la Concha, 1916. Fotografía: Ricardo Martín / Kutxa Fototeka

El aludido diario La Cruz, sobre este particular, el de las vanguardias naturistas, tenía un discurso, digamos, un tanto áspero: “En todas las épocas la sensualidad carnal ha constituido el más grave peligro para la moralidad pública y privada (…) envidia, hipocresía, rencores, ambiciones, todos los bajos sentimientos que impulsan al proceder infame, subsisten eternamente en el temperamento incorregible del individuo perverso, aunque este se desprenda totalmente de sus ropas estos impúdicos nudistas caen en la degradación de la naturaleza inculta y aún más; degradan a la misma naturaleza primitiva, el propio ambiente de los nudistas está tan solo en el reino zoológico“.

Un cataclismo, escribían en Acción, el diario gijonés “Defensor de los intereses de la mujer”, según rezaba, nunca mejor dicho, su lema, al tiempo que avisaba con prestancia de que al Todopoderoso no se le podía tomar el pelo: “Qué horrores no hemos visto estos últimos veranos en las playas, sobre todo; pero también en el campo, en las excursiones, en la aldea, en la ciudad, en todas partes. Realmente pone espanto en el alma. Las sectas empeñadas en la ruina del cristianismo, no pudiendo ir directamente a las ideas de la mujer, han atacado a sus costumbres, corrompiéndolas. Y teorías perversas, el naturismo, el nudismo, tratan de justificar tanta depravación (…) Hacerlo es malo, justificarlo es peor. Esas teorías llevarán a la humanidad al cataclismo (…) Siempre que en la historia se dieron los mismos síntomas, sobrevino fatalmente una espantosa catástrofe, la ruina de un gran pueblo, “Toda carne había corrompido su camino y por eso siguió el gran diluvio”, dicen los libros Santos (…)  Con una osadía que es escarnio más bien, hemos visto sobre pechos desnudos, e indignos de ostentarlo por tanto, el Crucifijo… es decir, la imagen de Aquel que vino a nosotros a enseñarnos la pureza y la mortificación, la penitencia y el sacrificio, el olvido del cuerpo por el predominio del espíritu; la imagen de Aquel que triunfó de la carne y del pecado en una Cruz. ¡Ah!, pero estas cosas no se hacen impunemente, pues “de Dios nadie se ríe”…“.

Es en este instante, en la estupefacción inicial ante lo que empezaba a ocurrir, cuando se llegó al pináculo del éxtasis opinativo. De nuevo en el glorioso La Cruz, un columnista se lamentaba amargamente por la nueva moda de ir a la playa o a la piscina en verano expresando su preocupación por la reputación de las monjas de clausura, que a ver si ahora su opción vital, encerrarse hasta la muerte en cuatro paredes, iba a pasar a ser menos enrollada: “La vida de clausura, el derecho de recluirse en vida, de romper todo trato con el mundo exterior, de someterse a rigurosa regla, de vestir tosca, estambre, de envolverse la cabeza en tocas, de levantarse con el alba para rezar maitines, de pasar largas horas de rodillas en el éxtasis de la oración, me parece tan respetable como el de dedicar las mañanas estivales a tostarse la piel de todo el cuerpo, salvo aquella pequeña zona donde el tostamento es superfluo, y claro es que expuestas no solo a los rayos de sol, sino a la mirada de las gentes. No acierto a entender por qué lo primero para muchas encierra hoy un sentido regresivo y lo último constituye oriflama del progreso, y signo de libertad que debe ser fomentada por el Poder Público, construyendo piscinas numerosas. No soy contrario ni al nudismo ni a las piscinas, pero afirmo que la vida contemplativa debe gozar también de libertad, la libertad de renunciar a ella“. Ojalá musicasen estas palabras Los Planetas.

Para 1932, con la llegada de otro verano, el cariz que estaban tomando los acontecimientos forzaba a los plumillas de Acción a retorcer el sofisma para preguntarse por la calidad de la libertad del quienes tomaban el sol: “El traje de baño ha alcanzado ya la mínima cantidad posible de tela (…) No se limitan hoy a tomar sencillamente su baño, protegiendo con los albornoces su pudor, sino que, con el pretexto de la moda de los baños de sol, la gimnasia y los juegos al aire libre, se exhiben descaradamente ante el público que quiera contemplarlas (…) No sigáis moda alguna que no sea admitida por la moral cristiana, pues no puede haber en vosotras mayor atractivo ni nada que pueda dar más realce a vuestra belleza que la honestidad (…) No queráis hacernos responsables del pecado de escándalo, que es el más duramente castigado por Dios. Ni queráis dar motivo para que pueda decirse de vosotras que contribuís a los males de España con la corrupción de vuestras costumbres (…) Deteneros pues un instante y pensad… para que podáis ver con claridad que ese camino emprendido que vosotras os figuráis modernísimo, y de verdadera libertad, no es otro que el retroceso a los antiguos tiempos del paganismo, en el que la mujer llegó por esas mismas costumbres puestas hoy en práctica a su mayor grado de degradación, de menosprecio y de esclavitud (…) La mujer que quiera ostentar dignamente la imagen del Crucificado sobre su pecho, se abstenga en absoluto de adoptar modas que esté reñidas con la honestidad que Su Santidad ordena y manda guardar (…) la playa es de todos y no creo que los intelectuales tengan la pretensión de ser ellos los que la inventaron“.

Y negros, todos como los negros africanos. Fue El Diario de Almería el primero en realizar esta audaz comparación, importunado por la nueva costumbre de querer ponerse moreno: “Es la moda cruel a veces quien dicta este suplicio del sol. Hoy viste bien la piel bronceada y hay que demostrar que no se está al margen de la última. Es una moda eminentemente piadosa: es un lazo de unión que el europeo progresista lanza al negro africano; y parece decirle: Negrito adorable: tu reivindicación es completa. Tu negrura que antes era motivo de desprecio como signo de raza inferior, hoy es por nosotros envidiada. Nos dirigimos a ti con el deseo de semejarnos: y tu sonríes irónico, pensando, que el matiz de nuestros cuerpos nunca alcanzará esa maravillosa brillantez con que tu cuerpo se barniza ¡Oh, negrito adorable: quién pudiera llegar a ser como tú!“.

En prensa medianamente parcial, como La Hoja del Lunes, se constata que en 1934 la moda estaba plenamente implantada. Un artículo titulaba “Triunfa el nudismo”, que es como se denominaba a llevar bañador sin albornoz: “en millares y millares de kilómetros de costa —lo mismo en el dorado Océano, que en el azul Mediterráneo, que en el verde Adriático— el espectáculo es idéntico: hombres y mujeres cubiertos con un leve maillot, que empieza demasiado tarde y termina excesivamente pronto, conviven en tranquila promiscuidad, sin inquietudes, sin sonrojos (…) El desnudo triunfa. Claro que es el mundo de la multitud dorada, que puede permitirse los baños de sol. Porque en Deauville las veinticuatro horas del día se dividen entre el baño de agua, el baño de sol, el jazz, los bares americanos, los concursos hípicos y el juego en el Casino. Después, si queda tiempo, se duerme, si no, no (…) Se baila en la playa con el microscópico traje de baño, tan diminuto que parece arrebatado a unos niños“.

Ese mismo año, El Defensor de Córdoba calificaba la situación con la mayor gravedad, decía que lo que estaba pasando era “un descoco” y temía que “el pudor puesto en venta llegue a la escala absurda, triste e incomprensible que mereció fuego del cielo en Pentápolis“. Mientras, en Crónica Meridional, se puntualizaba que la mujer no era consciente de lo que estaba haciendo: “Es el traje de baño que descubre la infantilidad aún de las almas más perversas. El maillot reina con alarde obsceno y es un pretexto más de la inconsciente coquetería de la modernidad en la mujer“. Y un año después, en 1935, El Iris, otro diario católico, pedía a los fabricantes y comerciantes de trajes de baño que por “conveniencia espiritual, económica y social” colaborasen en mejorar el “ambiente moral de las playas” y acudieran todos a “la Comisión Central por la Moralización de las Playas“, de la que desgraciadamente nada hemos logrado averiguar.

Alcalá Galiano, en ABC, en 1935 le echó la culpa de todos estos incontrolables sucesos a la década anterior, la conocida por “los felices años veinte”. Fueron días de derroche, de gastar por encima de las propias posibilidades, y de entregarse a los placeres, quizá derivado todo del pequeño y sutil detalle de millones de muertos estúpidamente en la Gran Guerra. Pero él lo metía todo en el mismo saco: “el jazz, el derroche financiero, las danzas exóticas, el alcohol y las drogas, el nudismo y el deporte“. No se libraba ni el fútbol. También ese año, el diario La Independencia tachaba de “plaga” la oleada de bañistas y exigía “exterminar esa plaga y devolverla a las decadentes cavernas de las que, sin duda, procede, a pesar de sus pretensiones de progreso y vanguardismo“.

En lo económico, exactamente igual que ahora que en numerosas zonas de España hay quienes rechazan el turismo que, paradójicamente, da de comer a tanta gente, en La Vanguardia hubo reflexiones idénticas relativas a Mallorca, isla que “tenía su vida, una vida suficientemente digna, señorial y típica. No padecía la plaga de dancing, bars, cabarets, desnudismo, escenas de playa y otras exóticas, muy modernas, muy cosmopolitas, pero que nada aportan a la cultura de ningún pueblo, antes bien, desdoran y manchan nuestra época“.

Tras el estallido de la guerra, fueron incontables los motivos que se dieron para justificarla por parte de sus promotores, los fascistas. No obstante, no deja de ser curioso que se pudieran encontrar artículos donde se hiciera referencia concreta al hecho de que a la gente le diese por ir sin albornoz a tomar el sol a la playa o a la piscina como causa de la contienda. El Día de Palencia, en noviembre del 36, publicó una de las motivaciones del golpe de Estado más extravagantes y sinceras: “¿Que estorbaba la moral? Pues ¡abajo la moral, en niños y jóvenes, en hombres y mujeres! ¡Viva el desnudismo en las clases elevadas y en las bajas! ¡Fuera la caridad, la beneficencia, la limosna, la lealtad, la amistad, la civilización, todo lo sembrado o cultivado en el mundo por Cristo! Y con tales cimientos se ha hecho, como era de esperar, el edificio del odio, desde cuyos ventanales siniestros se ha disparado con furia satánica contra todo aquello que más inconfundiblemente llevaba anejo el sello de la inspiración de Cristo Redentor. Esta es la gran lección que, en medio de la catástrofe que estamos presenciando llenos de pavor, se nos está dando a todos“.

Por si hubiera dudas, Azul, el órgano de la Falange Española de las JONS, el mismo mes del mismo año, definía así la ideología de sus enemigos: “el sensualismo como doctrina, el nudismo como culto, el pacifismo como idea y la tolerancia y escepticismo como religión“. Ahí seguían presentes, nunca mejor dicho, los bañistas. Un fenómeno inofensivo, comúnmente aceptado en la actualidad, pero que causó tanto impacto en su día que llegó a colarse en las diatribas políticas de un suceso histórico de la magnitud de la guerra civil española. Piénselo cuando se ajuste el trikini este verano. Hasta ir a la playa hubo que pelearlo.

Fuente: jotdown.es Texto: Álvaro Corazón Rural.

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El nudismo en la Alemania Oriental 20 años después.

Veinte años difundiendo nudismo

Veinte años han pasado desde que aquel 30 de diciembre de 1999 decidí publicar en la red la primitiva web “Lugares Naturistas 1999/2011” a la que han seguido tres blogs, “Info Lugares Naturistas 2008/2009”, “Info Nudismo 2009/2019” y el actual “Histonudismo 2019/…” ¡Veinte años que se cumplen hoy! Algo inimaginable siquiera en los inicios de mis primeros pasos por Internet.

La idea de esa nueva web me tentaba poderosamente, pensé que habría muchas personas como yo que no conocían lo que era el nudismo naturismo y donde practicarlo, y quizás nunca llegarían a conocerlo por la falta de información, casi inexistente en aquella época. Así que un buen día decidí crearla, las dificultades no faltaron, totalmente autodidacta tuve que superar problemillas técnicos, enlaces que fallaban, páginas que no se abrían, imágenes que no se veían, incomprensiones, etc.

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Evolución de Lugares Naturistas, Info Nudismo e Histonudismo de 1999 a 2019

Pero hoy, los más de 10.000.000 de visitas recibidas hasta la fecha en la web y los blogs, y los más de 37.000.000 de páginas vistas desde 195 países han demostrado su utilidad y que no me equivoqué, nunca sabré cuantos datos e informaciones habrán sido mínimamente útiles para esa numerosa cifra de visitantes durante la ya larga historia de este proyecto informático.

Un proyecto que día a día crecía y se enriquecía en contenidos, y sobre todo, un sitio (no el único afortunadamente) que sirvió durante mucho tiempo para su propósito de informar abierta y libremente, convirtiéndose durante las dos últimas décadas en un referente de y para nuestro colectivo nudista.

Con el convencimiento de que hay suficiente material generalista publicado en la red y de calidad como para poder explicar con claridad y detalle que es “esto tan raro del nudismo” y contribuir así a que nuevas personas empiecen a conocerlo y practicarlo, y con la sensación de haber terminado una etapa de mi periplo por las redes y el nudismo llegó el momento de dar un giro y cambiar el sentido de lo que he estado haciendo hasta ahora.

Por todo ello, en junio de este mismo año decidí cambiar “Info Nudismo” por “Histonudismo”, este último blog pensado con el objetivo de conservar y guardar para la memoria colectiva todas aquellas historias e historia del nudismo, naturismo y desnudo artístico, que son muchas e interesantes (algo que apenas existe en la red) y que estoy seguro supondrá para los visitantes de esta nueva etapa una interesante experiencia donde ya tienen acceso a más de ciento cincuenta entradas o posts.

En el Facebook Racó de Conill se define Histonudismo como: “Un almacén de contenidos nudistas que se van sumando con cada entrada. La selección a partir de noticias en prensa o contenidos de diversas fuentes que siempre se citan hace que sea un lugar muy entretenido en el que se descubren muy diversos aspectos del Nudismo. Así se alternan estudios históricos (desde la desnudez en sociedades de la Antigüedad a los avatares del movimiento naturista durante el siglo XX) con valoraciones artísticas o recopilaciones de noticias más recientes. Como contenedor de mucha información es muy útil para aprender y entrar más a fondo en la ideología y la vivencia nudista.” No pueden explicarlo mejor.

Información relacionada:

2004 El año de oro del naturismo en España.
Desnud Arte – Galería Virtual.
1999 – 2009 Diez años de Lugares Naturistas sin complejos.
Los encuentros de Lugares Naturistas.
Exposición fotográfica “Fragmentos, Fracciones” impresiones.

Desnudo es normal. La revolución de la desnudez femenina

El cuerpo femenino desnudo ha sido restringido por condicionamientos sociales a lo largo de la historia.

Las reglas sociales siempre han determinado la percepción del cuerpo femenino desnudo. A principios de este año, Playboy publicó el lema “Desnudo es normal” en la portada de su icónica revista erótica. La omnipresencia de la desnudez en nuestra era digital fue anteriormente la razón por la que el editor Cory Jones dejó de publicar fotos de desnudos en la revista en octubre de 2015. El director creativo Cooper Hefner declaró en febrero de 2017 en las redes sociales de Playboy que la compañía reanudará su publicación de desnudos. Según Hefner, “la desnudez nunca fue el problema porque la desnudez no es un problema. Hoy recuperamos nuestra identidad y afirmamos quiénes somos”. La discusión en torno al cuerpo femenino desnudo y su relación con el erotismo está en curso. La forma femenina ha sido representada y vista durante siglos, pero rara vez se acepta. Echemos un vistazo a la percepción de la forma femenina en los últimos años.

Venus de Willendorf, c. 24,000-22,000 a.

En la era prehistórica, se presume que la representación del cuerpo femenino tenía un propósito cultural y espiritual. Algunos de los primeros artilugios que representaban el cuerpo femenino eran pequeñas formas de arcilla de cuerpos de mujeres gruesas, también conocidas como figurillas de Venus. Estas figurillas garantizarían la fertilidad o alentarían a la población a tener relaciones sexuales. Este significado espiritual de la forma femenina desnuda es evidente en diferentes religiones en las que el erotismo y el cuerpo están asociados con los poderes divinos. Piensa en los frescos de la Iglesia Católica Romana de ángeles fallecidos o las diosas griegas.

Sueño de Gustave Courbet, 1866

Los antiguos griegos y artistas cristianos usaron la forma femenina en su arte, a pesar de que la desnudez femenina representada no estaba destinada a ser vista por las propias mujeres. Muchas pinturas, como la inicua pintura del sueño de Gustave Courbet, fueron pintadas no para la fantasía de una mujer, sino para la de un hombre. A las mujeres ni siquiera se les permitía tener fantasías sexuales o sensuales. En “Sexualidad: construcciones sociales y culturales de las mujeres representadas a través del arte”, el autor G. Clarke señala que “la religión occidental, especialmente el cristianismo, desalienta a las mujeres a pensar en el sexo, a hablar sobre sexo y enseña los aspectos negativos de la sexualidad femenina; que debe ocultarse para nunca ser discutido, y así nunca ser entendido”. Además, a la mera mujer en el cristianismo a veces se la consideraba como el mal supremo; por lo tanto, la vagina se comparó con “la boca bostezante del infierno”. En la cultura popular, esto ahora se conoce como la vagina dentata.

Venus de Urbino por Tiziano Vecellio, o Tiziano, 1538

La vagina dentata está en agudo contraste con el cuerpo femenino como una musa en el arte erótico y el porno. La imagen más conocida de una mujer desnuda es, después de todo, la imaginación del artista (masculino) de ella como objeto de placer. La Venus de Urbino de Tiziano muestra una expresión de virginidad y castidad. Mientras ella retrata una fantasía erótica, ella también es la encarnación del código moral en el momento. Los significados en la imaginación del cuerpo femenino difieren con el tiempo, pero lo que sí se nota es que el significado del cuerpo femenino desnudo nunca se vuelve hacia la mujer misma y hacia su cuerpo, que está objetivado. La mujer es una encarnación de la fertilidad, un ser divino, un objeto de lujuria o una fuente malvada. Pero rara vez es su cuerpo una representación de ella misma.

The Dinner Party por Judy Chicago, 1979

En el último siglo hubo un cambio repentino cuando las artistas femeninas tomaron el asunto en sus propias manos y deliberadamente eligieron cómo se imaginaban sus cuerpos en el arte. Por ejemplo, en la década de 1970, algunas artistas (occidentales) criticaron la opresión femenina, el género y las estructuras de poder a través de su arte. La historiadora del arte Lisa Tickner lo llama “iconología de la vagina”. Tickner ve el uso de los genitales femeninos en el arte como una protesta política contra la norma, en lugar de un gesto erótico. El trabajo de artistas estadounidenses como Miriam Schapiro, Judy Chicago y Hannah Wilke fue visto como controvertido. Exhibieron la forma femenina como un símbolo de poder y el icono de la vagina sería el símbolo para eclipsar el falo. Schapiro y Chicago se inspiraron fuertemente en el trabajo de Georgia O’Keeffe cuando crearon su arte centrado en la matriz. Chicago’s installation art, en The Dinner Party retrató a 39 mujeres míticas e históricas en una mesa triangular. Estos artistas desafiaron al espectador y usaron la forma femenina como protesta. Los artistas masculinos, la sociedad y la iglesia ya no vieron que la mujer desnuda era un signo de maldad o placer. Finalmente, fue la mujer quien le dio a su cuerpo un significado.

Calendario Pirelli 2017 de Peter Lindbergh, exposición en el Museo de Arte Multimedia de Moscú / Getty Images

Esta tendencia continuó desde los colectivos artísticos, a la pornografía favorable a las mujeres, discusiones sobre la censura de la “desnudez” en las plataformas de medios sociales, incluso a las celebridades intactas en el infame calendario Pirelli que no fueron estiradas o manipuladas en ideales poco realistas. En 2016, #freethenipple extendió una tendencia en Twitter e Instagram, donde muchos usuarios protestaron contra la censura de Instagram. En las normativas de la comunidad de Instagram indican que eliminarán todo lo que sea “violento, desnudo, parcialmente desnudo, discriminatorio, ilegal, infractor, odioso, pornográfico o sexualmente sugestivo”. Aunque algunas fotos pueden considerarse una infracción de estas reglas (piense en desnudez frontal completa o selfies subidos de tono), otros son ligeramente menos obvios y a veces más abstractos (piense en primeros planos de pliegues amorfos de la piel o pijamas y sábanas ligeramente manchadas con manchas de sangre menstrual). Parecía que los hombres con el torso desnudo no estaban marcados, pero las imágenes de las mujeres en topless fueron borradas. Los elementos ordinarios del cuerpo femenino, ya sea que las fotos revelaran pezones femeninos, vello corporal, grasa o sangre, fueron considerados tabú.

Foto de Instagram prohibida por Peyton Fulford del libro Pics or It Didn’t Happen: Images Banned from Instagram

Artistas jóvenes como la fotógrafa Arvida Byström y su amiga, la artista digital Molly Soda, aprovecharon esa oportunidad para producir el libro Pics or It Didn’t Happen: Images Banned from Instagram. El razonamiento de Soda sobre el libro: “Queríamos que la gente pensara en quién controla nuestras experiencias en línea. Estamos seleccionando nuestras experiencias digitales para que se ajusten a estas ideas de seguridad. Nos acercamos a estas herramientas pensando que tenemos el control cuando no lo tenemos”. Soda señala que no es la plataforma, sino los usuarios que censuran: “En última instancia, las personas marcan y eliminan las imágenes, por lo que hay un aspecto muy humano en ello, donde las personas están en desacuerdo y tienen intereses diferentes”. El libro es una acumulación de sus esfuerzos para empujar los límites de la sociedad en la percepción del cuerpo femenino a través de su arte digital y el número de fotos que ellos mismos y sus seguidores, se han eliminado de Instagram.

El cuerpo femenino desnudo todavía no está normalizado. Una autofoto desnudo a menudo se ve como sexual incluso si esa no es la intención. Los selfies desnudos reflejan claramente lo que muchas mujeres extrañan en la imaginación de sus cuerpos por parte de los demás. Internet y la autofoto desnuda permiten a las mujeres establecer límites y promover la positividad corporal. En definitiva, se trata de la autodeterminación sobre su imagen y una sensación de control.

El cuerpo femenino está constantemente vigilado. En nuestra era digital, la desnudez está disponible en todas partes y es de fácil acceso, pero aún no siempre es aceptada. Es hora de reconocer que el cuerpo femenino desnudo no solo pertenece al arte y al erotismo. Playboy tenía razón. Desnudo es normal.

Fuente: crixeo.com (Texto original en inglés). Autora: Giselle Defares.