El desnudo masculino

Se cumplen 4 años desde que en 2014 el Museo Nacional de Arte (Munal) clausuró la exposición El hombre al desnudo: dimensiones de la masculinidad a partir de 1800, que reunió obras del acervo del Museo d’Orsay, e intentaba explicarles a los mexicanos el tremendo cambio de percepción que ha sufrido el desnudo masculino desde que fuera principio de inspiración en el arte hasta la actualidad cuando se ha convertido en un recurso mercadológico, hoy éste sigue siendo un tema de actualidad y controversia.

No estoy seguro si la muestra consiguió evitar que muchos se escandalizaran de ahí al real, al ver un desnudo masculino pero, hace unos meses, cuando me regalaron un libro titulado Cine caliente, una recopilación de películas con escenas cuyos protagonistas eran los desnudos de los personajes, tema que ha sido un impedimento para el éxito de estos filmes en las grandes salas, no pude evitar ver en retrospectiva el caso de Fifty Shades of Grey llevado al cine bajo la cuestionable intensión de eliminar los desnudos totales (sobre todo los de su protagonista masculino) y regresar al debate original. ¿Por qué un hombre desnudo espanta y una mujer sin ropa encanta?

Todo está en la cabeza

Los griegos fueron los primeros a quienes se les ocurrió poner un desnudo fuera de un templo, al aire libre, como un elemento de placer estético y fue el de un hombre, por tanto, el desnudo masculino fue anterior al femenino en un siglo, pero, a pesar de la primicia, hay más obras de ese tipo dedicadas a las mujeres por la actitud de la Iglesia católica respecto a este tema que, siglos después, con la serie Game of Thronessigue exponiéndose frente a la clara diferencia entre los nudes femeninos y masculinos. Este fenómeno se conoce como “boobs mandate”, algo así como que las bubis mandan y nos lleva a aterrizar en seis ejemplos que demuestran que existe una especie de temor al desnudo masculino.

Don censurado

En 2002, el fotógrafo noruego Sølve Sundsbø fue el encargado de fotografiar la campaña del perfume M7 de Yves Saint Laurent censurada por mostrar un desnudo integral masculino. El chiste se cuenta solo, los penes siguen siendo especialmente ofensivos para algunos. Esa irreverencia a la que la moda tiene cierta adicción se ha convertido hoy en el vehículo para esta temática donde muchos artistas contemporáneos encuentran su personalidad creativa.

Tápese Mr. Grey

Jamie Dornan, el Cristian Grey de Fifty Shades of Grey,explicaba a Premier que si en el filme no se mostró más abajo de sus abdominales fue para “fomentar la imaginación de los espectadores, llegar al máximo de audiencia posible sin asquearles, sin llegar a algo gratuito, feo y gráfico.” ¿Será que el marketing escuda un tabú bajo el argumento de que hará más efecto esconder algo que enseñarlo?

La ley y no tanto orden

La Ley General de la Comunicación Audiovisual, en su artículo 4.2 explica que “la comunicación audiovisual nunca podrá incitar al odio o a la discriminación por razón de género o cualquier circunstancia personal o social y debe ser respetuosa con la dignidad humana y los valores constitucionales, con especial atención a la erradicación de conductas favorecedoras de situaciones de desigualdad.” ¿Entonces por qué las mujeres se ven más expuestas que los hombres?

Docurealities, un paso adelante

El dating show Adam Looking for Eve presentado en el MipTV de Cannes de 2014 fue el primero en mostrar solteros conviviendo sin nada de ropa y aunque al principio hubo mucha polémica, finalmente los desnudos de este espacio (femeninos y masculinos) fueron aceptados por los espectadores como una circunstancia más del programa que en ningún momento supera cuestiones de verdadero calado como el choque de personalidades entre los participantes.

No somos partes

La revista europea de Psicología social publicó en 2012 un artículo que afirma que nuestro cerebro procesa de forma distinta la imagen del hombre y la mujer. Mientras que a ellos se les percibe como un “todo”, ellas son observadas “por partes”, lo que favorece su cosificación y su pérdida de entidad como ser humano.

Desnudos son desnudos

Se considera un desnudo femenino en el momento en el que la mujer muestra el pecho, mientras que los pectorales masculinos no tienen esta consideración. Es por ello que muchos equiparan términos y hablan de desnudos integrales y no únicamente de una parte de la anatomía.

Todavía nos queda mucho camino por recorrer para conseguir una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres. Que un día los desnudos masculinos en televisión estén tan presentes como los femeninos será un gran paso; pero aún lo será más cuando ningún tipo de desnudo nos llame la atención y pase desapercibido ante el público: la naturalidad del cuerpo humano entendida como una libertad, no como una imposición.

Fuente: cdmxconnection.com Autor: David Cáliz.

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Desnudo masculino en la fotografía.

Historias de Piel: El desnudo

A nivel evolutivo la especie humana perdió gran parte del pelo corporal. Es así que la vestimenta, al oficiar inicialmente como cobertura ante el frío, se hizo foco de aspectos culturales no sólo en referencia a la moda, sino también en lo que tiene que ver con “tapar” nuestra desnudez, al menos en gran parte de Occidente.

Una desnudez que se concibe sólo en función de si los genitales, las nalgas y las mamas son visibles a nivel público, en tanto que otras partes del cuerpo tales como cara, piernas, pies, brazos, manos, espalda, etc. podrán exhibirse ante las personas sin mayores problemas en función de los contextos, ya que no es lo mismo estar en traje de baño en una playa que en un museo.

El desnudo puede tener un sentido erótico, artístico, espiritual-religioso, médico, político, estético, etc. Pero el valor sagrado o más bien “tabuizado” que se le otorga, haría que la desnudez remita a lo auténtico, a la expresión externa del ser interior. A algo esencial, puro o profundo.

Por otra parte el desnudo apelaría a la intimidad, a la vulnerabilidad de alguien, a la expresión de algo del orden de lo privado, que si se exhibe sin consentimiento de otros en espacios públicos, puede incluso constituir un “atentado violento al pudor”.

Cabe destacar que la antigüedad griega exaltó la desnudez como ideal de belleza, así como que la valoración por el desnudo se rastrea hasta la Prehistoria, tal y como evidencia la estatuilla denominada “Venus de Willendorf”. Lo mismo que muchas culturas por fuera de Occidente nunca han sentido la necesidad de “tapar” sus cuerpos.

Sin embargo la tradición judeo-cristiana a través de su mito de origen, homologó el haber cometido el pecado original por acceder al conocimiento a través de la desobediencia a la deidad, con la vergüenza culpógena por la desnudez producto de haber perdido la inocencia por pretender “saber”, al cual la tradición generalizó en un saber sobre lo sexual.

El desnudo posee también un sentido político, en tanto es tomado como representación de esa vulnerabilidad que tornaría a un cuerpo en mera materia desprovista de metáfora, dejándolo “desnudo” de toda consideración o amparo. Una ausencia de metáfora que especistamente justificamos para que los animales no humanos sean maltratados y torturados como “cosas” no sintientes.

En ese sentido el filósofo Giorgio Agamben habla de “la vida desnuda”, para referirse a formas devaluadas de concebir la diferencia que representa el otro, explicando así el tratamiento que el pueblo judío, especialmente desde la materialidad “desnuda” y sin metáfora de sus cuerpos, recibiera en los campos de concentración.

Algo que por cierto podría aplicarse a los tratamientos que reciben los cuerpos en muchos regímenes dictatoriales, incluido el silencioso infierno cotidiano en el que viven tanto cuerpos humanos como no humanos, mientras son explotados para satisfacer nuestras “impúdicas” ansias de consumo.

Por otra parte el desnudo suele ser objeto de la censura, la cual además de plantear sin maquillaje la imposición del poder (al “cortar” escenas, “modificar” contenidos, “tapar” o “eliminar” producciones de otros, etc.), fabrica además criterios morales de cuales son aquellas zonas corporales mostrables y cuáles no, desde argumentaciones siempre discutibles. Mucho más cuando no se aplican de la misma manera en la exhibición de sangrientos actos violentos (ficcionados o no) que suelen registrarse en medios de comunicación.

Es entonces que desde la censura se elabora también una economía erótica de la desnudez, la cual confecciona lo que debe vivirse como “más sexual” o ya “porno”, en función de su prohibicionista acto de “tapado”. Todo lo cual resulta funcional a un mercado, ese que gracias a la censura puede vender a un elevado precio todo lo que en otros ámbitos no se puede mostrar.

Las mujeres por su parte, en tanto que aún objetos simbólicos de intercambio, son “manufacturadas” corporalmente a través de su desnudez tanto exhibida como insinuada. Con ello se logra tutelar y expropiar dichos cuerpos a través de estereotipos femeninos de lo estético y erótico, legislando lo que ellas pueden mostrar, así como cuanto, cómo, a quienes, en qué contexto, con qué significado y desde que cotización de mercado sus cuerpos desnudos serán patriarcalmente evaluados.

Cuerpos desnudos de mujer que aún son utilizados cuan “nuda vida” como carnada para el consumo, y por tanto cosificados como propiedad al permitir naturalizar la violencia que sobre ellos se ejerce.

Aspecto que no ocurre con el desnudo de un hombre, ya que se entiende que lo masculino “dota” a un cuerpo de toda metáfora posible (al menos en comparación con lo femenino), impidiendo que sea cosificado eróticamente en su desnudez por la mirada pública, y en particular por la de las mujeres. No así cuando quien mira la desnudez de un hombre con fines eróticos y/o de dominación fálica erotizada es otro hombre.

El desnudo a su vez suele ser objeto de vergüenza producto no sólo de inhibiciones personales, sino también a raíz del hostigamiento que generan los estereotipos de belleza. Esos que apuntan más sobre lo femenino, aunque poco apoco van colonizando mercantilmente los ideales estéticos masculinos, al menos en ciertos sectores sociales.

En ese sentido el “pudor” que la tradición machista ha exaltado como cualidad femenina, suele jugarle malas pasadas a las mujeres que desean tener relaciones sexuales sin estar pendientes todo el tiempo de cómo lucen, huelen o suenan, mientras están siendo vistas en su desnudez, sobre todo si quienes las acompañan son hombres.

Dichas inhibiciones aprendidas generan trabajo psíquico y vincular en muchas mujeres, cuando estas intentan tener sexo con luz, sin taparse, sin estar pendiente de los “rollos” o celulitis, y sin temor a ser mal evaluadas por su cita (lo cual pudiera determinar que deje de desearlas y decida no volver a llamarlas).

Mujeres que finalmente intentan apropiarse de sus cuerpos y su desnudez, como condición para el placer en autonomía, y como requerimiento imprescindible para concentrarse en lo que desean y no sólo en el ser deseadas. Logrando así ir encontrándose consigo mismas tanto en lo individual como en la relación con otros.

Fuente: Eme de Mujer. Autor: Ruben Campero.

Fotografía o pedofilia: ¿cuál es la diferencia entre Sorolla y Jock Sturges?

Adolescentes y niños en la playa, de Sturges y de Sorolla. Fotografía y pintura separadas por 80 años.

Jock Sturges desnuda a las adolescentes (y sus madres) desde hace tres décadas. Es conocido por colocar el debate de la libertad de expresión en el lado más incómodo del espectador. Y la sociedad se lo hace saber con críticas, vetos y manifestaciones a las puertas de sus exposiciones. El año pasado, en su primera muestra en Moscú, varios miembros de la ONG Funcionarios de Rusia, cuyo objetivo principal es la crianza patriótica de la población, lograron echar el cierre acusando al artista de pedófilo. Momentos antes otro hombre entró en la galería para rociar varias obras con una mezcla de orina y acetona. En 1990, la policía estadounidense entró en su casa y estudio en busca de material pedófilo, pero el gran jurado decidió no acusarlo.

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Este neoyorquino de 70 años realiza la parte más interesante de su trabajo en las playas nudistas de Francia y el norte de California y en ellas incluya a las adolescentes junto con sus madres. No roba, no hurta y no se esconde. No es un mirón, es un fotógrafo que va de cara, que se enorgullece de los lazos de confianza que traba con sus modelos y sus familias. Las fotografías parecen más interesadas por la floreciente sexualidad que por el erotismo de las mismas. Suponen un retrato de la edad y del paso del tiempo, de la naturalidad y de un modo de vida. “Toda mi vida he tomado fotografías de personas que están completamente en paz siendo como eran, en las situaciones en las que los fotografié“, ha explicado en alguna entrevista. La vergüenza, el pudor y la pedofilia, una vez más, está en quien mira. ¿Cuál es la diferencia entre una pintura de Sorolla y una foto de Sturges?

Fuente: elespañol.com Texto: H.Riaño.