Bañistas de Satanás

Bañista en la playa de la Concha, 1920. Fotografía: Ricardo Martín / Kutxa Fototeka

Mucho cuidado con reírse de lo que venga del underground. En mi colegio, cuando se debatía en clase sobre la tauromaquia, a los dos chavales de treinta y pico que estaban a favor de prohibirla se les miraba como si fuesen auténticos y genuinos zumbados. Ahora su postura si no es ya mayoritaria en la sociedad española, poco le falta.

Nuestros padres nos aconsejaban ir a la mili, no buscarnos líos. Insumisos e incluso objetores eran tratados como cantamañanas. En muy pocos años, hubo que abolir el servicio militar obligatorio. Fue a cambio del apoyo catalán a Aznar, sí, pero fundamentalmente porque ya no quería ir ni Dios.

Tuve amigos que se hicieron veganos en los noventa. Cuando lo contaban, los miraban como si propusieran cagar hacia dentro. La gente hasta dejaba de relacionarse con ellos como antes con una mezcla de pena y desdén. Ahora los veganos, si bien generalmente siguen sin ser bien recibidos donde abren la boca, ya forman parte del paisaje.

No hablemos de la vivisección. De pronto el tema empezaba a salir en letras de canciones y levantando el meñique ideológico todos estábamos muy indignados. Cómo olvidar los fanzines con fotos de monos con extraños cascos con electrodos incrustados en la cabeza. A quien preguntaba se le decía que las cremas y maquillajes que nos ponían se probaban antes en animales a los que se les arrancaba la piel. Había un placer morboso pasivo-agresivo en hacerles ver que una costumbre cotidiana los convertía en responsables y culpables de torturas escalofriantes. Sea como fuere, en 2013 se aprobaron leyes en España y en la UE que prohibían probar productos cosméticos y estéticos en animales.

En décadas anteriores, todo lo relativo a la libertad sexual tuvo que abrirse paso bajo una lluvia de burlas e insultos de toda clase, incluido fuego amigo de los compañeros de izquierdas. Hasta que se ha logrado, al menos en España, que quien esté en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo sea visto como un integrista católico preconciliar. Lo dicho: mucho cuidado con reírse de lo que venga del underground.

Pongamos un ejemplo asumible por todos: bañarse en verano. Lo que hace todo el mundo en cuanto llega el calor y otorga pingües beneficios a España con la visita masiva de turistas en su día fue una extravagancia. Una locura de unos pocos que imitaban las noticias que llegaban del extranjero. Ir a la playa o a una piscina a tomar el sol era cosa de los hipsters y gafaspastas de principios del siglo XX.

La nueva afición, como corresponde a toda novedad que atraviesa nuestras fronteras, se recibió con pánico e histeria. En el diario El Adelantado, en 1930, encontramos una noticia que alerta de que en Francia ha aparecido un modelo de traje de baño “color carne, que lleva un fino reborde, también del mismo color, de tal modo que aquella diferencia no puede apreciarse a una distancia de veinte metros“. Con las nuevas modas, pudiera parecer que, a lo lejos, la gente estaba desnuda aunque no lo estuviera. Eso era un drama.

Era dramático, aunque a uno le diese igual, porque el integrismo católico, pese a haber perdido tres guerras civiles en el siglo XIX, seguía vivo, como se vio después, y daba mucho mal. Era de sentido común no provocarles demasiado. En ese mismo año, 1930, descubrimos en el periódico La Cruz a qué estamentos y gremios pedían ya ayuda los piadosos cuando se veían injuriados: “Hay que reaccionar, pues, y urgentemente contra las demasías y procacidades de la mujer desenvuelta o mal envuelta en su eterno traje de baño y como a nosotros, a los predicadores de Cristo, apenas nos prestan oídos, debemos holgarnos que vengan en nuestra ayuda médicos y abogados, civiles y militares“.

En El Defensor de Córdoba se recurría al chantaje emocional de las madres tirando de la imagen que daban las hijas. Hete aquí un bello extracto: “Dime, madre, ¿cómo es el traje de baño que va a elegir tu hija? ¿No recuerdas en tu juventud el asombro que producía ver a una mujer que se bañaba públicamente en maillot? ¿Qué decíamos de ella? Recuérdalo mujer. ¿No te sonrojaría que tu hija, cubierta solo con maillot, recibiese en casa a las visitas? ¿Por qué no te sonroja que eso suceda en la playa y en ella alterne con los muchachos y se tumbe a tomar baños de sol y esté expuesta a todas las miradas? Seguramente llama la atención su desnudez y más seguro que sea incentivo de tentación o de pecado. Porque eso son las que se bañan sin decoro públicamente, instrumentos del enemigo de las almas, para turbarlas con el escándalo o para corroerlas por la pasión“.

En 1931, con la llegada de la República, la reflexión pasaba a ser sobre el nudismo. Aunque al hecho de bañarse con maillot ya se le denominaba desnudismo, lo que cobró importancia en aquel momento fue la modalidad que llegaba de Alemania de tomar el sol sin ropa alguna. Para la prensa de izquierdas, como era La Calle, tampoco resultaba aquello muy normal. Una columna lo explicaba: “Los españoles tenemos muy aguzado el sentido del ridículo y de la lascivia para mantener esas contemplaciones con la serenidad germana“.

Bañista en la playa de la Concha, 1916. Fotografía: Ricardo Martín / Kutxa Fototeka

El aludido diario La Cruz, sobre este particular, el de las vanguardias naturistas, tenía un discurso, digamos, un tanto áspero: “En todas las épocas la sensualidad carnal ha constituido el más grave peligro para la moralidad pública y privada (…) envidia, hipocresía, rencores, ambiciones, todos los bajos sentimientos que impulsan al proceder infame, subsisten eternamente en el temperamento incorregible del individuo perverso, aunque este se desprenda totalmente de sus ropas estos impúdicos nudistas caen en la degradación de la naturaleza inculta y aún más; degradan a la misma naturaleza primitiva, el propio ambiente de los nudistas está tan solo en el reino zoológico“.

Un cataclismo, escribían en Acción, el diario gijonés “Defensor de los intereses de la mujer”, según rezaba, nunca mejor dicho, su lema, al tiempo que avisaba con prestancia de que al Todopoderoso no se le podía tomar el pelo: “Qué horrores no hemos visto estos últimos veranos en las playas, sobre todo; pero también en el campo, en las excursiones, en la aldea, en la ciudad, en todas partes. Realmente pone espanto en el alma. Las sectas empeñadas en la ruina del cristianismo, no pudiendo ir directamente a las ideas de la mujer, han atacado a sus costumbres, corrompiéndolas. Y teorías perversas, el naturismo, el nudismo, tratan de justificar tanta depravación (…) Hacerlo es malo, justificarlo es peor. Esas teorías llevarán a la humanidad al cataclismo (…) Siempre que en la historia se dieron los mismos síntomas, sobrevino fatalmente una espantosa catástrofe, la ruina de un gran pueblo, “Toda carne había corrompido su camino y por eso siguió el gran diluvio”, dicen los libros Santos (…)  Con una osadía que es escarnio más bien, hemos visto sobre pechos desnudos, e indignos de ostentarlo por tanto, el Crucifijo… es decir, la imagen de Aquel que vino a nosotros a enseñarnos la pureza y la mortificación, la penitencia y el sacrificio, el olvido del cuerpo por el predominio del espíritu; la imagen de Aquel que triunfó de la carne y del pecado en una Cruz. ¡Ah!, pero estas cosas no se hacen impunemente, pues “de Dios nadie se ríe”…“.

Es en este instante, en la estupefacción inicial ante lo que empezaba a ocurrir, cuando se llegó al pináculo del éxtasis opinativo. De nuevo en el glorioso La Cruz, un columnista se lamentaba amargamente por la nueva moda de ir a la playa o a la piscina en verano expresando su preocupación por la reputación de las monjas de clausura, que a ver si ahora su opción vital, encerrarse hasta la muerte en cuatro paredes, iba a pasar a ser menos enrollada: “La vida de clausura, el derecho de recluirse en vida, de romper todo trato con el mundo exterior, de someterse a rigurosa regla, de vestir tosca, estambre, de envolverse la cabeza en tocas, de levantarse con el alba para rezar maitines, de pasar largas horas de rodillas en el éxtasis de la oración, me parece tan respetable como el de dedicar las mañanas estivales a tostarse la piel de todo el cuerpo, salvo aquella pequeña zona donde el tostamento es superfluo, y claro es que expuestas no solo a los rayos de sol, sino a la mirada de las gentes. No acierto a entender por qué lo primero para muchas encierra hoy un sentido regresivo y lo último constituye oriflama del progreso, y signo de libertad que debe ser fomentada por el Poder Público, construyendo piscinas numerosas. No soy contrario ni al nudismo ni a las piscinas, pero afirmo que la vida contemplativa debe gozar también de libertad, la libertad de renunciar a ella“. Ojalá musicasen estas palabras Los Planetas.

Para 1932, con la llegada de otro verano, el cariz que estaban tomando los acontecimientos forzaba a los plumillas de Acción a retorcer el sofisma para preguntarse por la calidad de la libertad del quienes tomaban el sol: “El traje de baño ha alcanzado ya la mínima cantidad posible de tela (…) No se limitan hoy a tomar sencillamente su baño, protegiendo con los albornoces su pudor, sino que, con el pretexto de la moda de los baños de sol, la gimnasia y los juegos al aire libre, se exhiben descaradamente ante el público que quiera contemplarlas (…) No sigáis moda alguna que no sea admitida por la moral cristiana, pues no puede haber en vosotras mayor atractivo ni nada que pueda dar más realce a vuestra belleza que la honestidad (…) No queráis hacernos responsables del pecado de escándalo, que es el más duramente castigado por Dios. Ni queráis dar motivo para que pueda decirse de vosotras que contribuís a los males de España con la corrupción de vuestras costumbres (…) Deteneros pues un instante y pensad… para que podáis ver con claridad que ese camino emprendido que vosotras os figuráis modernísimo, y de verdadera libertad, no es otro que el retroceso a los antiguos tiempos del paganismo, en el que la mujer llegó por esas mismas costumbres puestas hoy en práctica a su mayor grado de degradación, de menosprecio y de esclavitud (…) La mujer que quiera ostentar dignamente la imagen del Crucificado sobre su pecho, se abstenga en absoluto de adoptar modas que esté reñidas con la honestidad que Su Santidad ordena y manda guardar (…) la playa es de todos y no creo que los intelectuales tengan la pretensión de ser ellos los que la inventaron“.

Y negros, todos como los negros africanos. Fue El Diario de Almería el primero en realizar esta audaz comparación, importunado por la nueva costumbre de querer ponerse moreno: “Es la moda cruel a veces quien dicta este suplicio del sol. Hoy viste bien la piel bronceada y hay que demostrar que no se está al margen de la última. Es una moda eminentemente piadosa: es un lazo de unión que el europeo progresista lanza al negro africano; y parece decirle: Negrito adorable: tu reivindicación es completa. Tu negrura que antes era motivo de desprecio como signo de raza inferior, hoy es por nosotros envidiada. Nos dirigimos a ti con el deseo de semejarnos: y tu sonríes irónico, pensando, que el matiz de nuestros cuerpos nunca alcanzará esa maravillosa brillantez con que tu cuerpo se barniza ¡Oh, negrito adorable: quién pudiera llegar a ser como tú!“.

En prensa medianamente parcial, como La Hoja del Lunes, se constata que en 1934 la moda estaba plenamente implantada. Un artículo titulaba “Triunfa el nudismo”, que es como se denominaba a llevar bañador sin albornoz: “en millares y millares de kilómetros de costa —lo mismo en el dorado Océano, que en el azul Mediterráneo, que en el verde Adriático— el espectáculo es idéntico: hombres y mujeres cubiertos con un leve maillot, que empieza demasiado tarde y termina excesivamente pronto, conviven en tranquila promiscuidad, sin inquietudes, sin sonrojos (…) El desnudo triunfa. Claro que es el mundo de la multitud dorada, que puede permitirse los baños de sol. Porque en Deauville las veinticuatro horas del día se dividen entre el baño de agua, el baño de sol, el jazz, los bares americanos, los concursos hípicos y el juego en el Casino. Después, si queda tiempo, se duerme, si no, no (…) Se baila en la playa con el microscópico traje de baño, tan diminuto que parece arrebatado a unos niños“.

Ese mismo año, El Defensor de Córdoba calificaba la situación con la mayor gravedad, decía que lo que estaba pasando era “un descoco” y temía que “el pudor puesto en venta llegue a la escala absurda, triste e incomprensible que mereció fuego del cielo en Pentápolis“. Mientras, en Crónica Meridional, se puntualizaba que la mujer no era consciente de lo que estaba haciendo: “Es el traje de baño que descubre la infantilidad aún de las almas más perversas. El maillot reina con alarde obsceno y es un pretexto más de la inconsciente coquetería de la modernidad en la mujer“. Y un año después, en 1935, El Iris, otro diario católico, pedía a los fabricantes y comerciantes de trajes de baño que por “conveniencia espiritual, económica y social” colaborasen en mejorar el “ambiente moral de las playas” y acudieran todos a “la Comisión Central por la Moralización de las Playas“, de la que desgraciadamente nada hemos logrado averiguar.

Alcalá Galiano, en ABC, en 1935 le echó la culpa de todos estos incontrolables sucesos a la década anterior, la conocida por “los felices años veinte”. Fueron días de derroche, de gastar por encima de las propias posibilidades, y de entregarse a los placeres, quizá derivado todo del pequeño y sutil detalle de millones de muertos estúpidamente en la Gran Guerra. Pero él lo metía todo en el mismo saco: “el jazz, el derroche financiero, las danzas exóticas, el alcohol y las drogas, el nudismo y el deporte“. No se libraba ni el fútbol. También ese año, el diario La Independencia tachaba de “plaga” la oleada de bañistas y exigía “exterminar esa plaga y devolverla a las decadentes cavernas de las que, sin duda, procede, a pesar de sus pretensiones de progreso y vanguardismo“.

En lo económico, exactamente igual que ahora que en numerosas zonas de España hay quienes rechazan el turismo que, paradójicamente, da de comer a tanta gente, en La Vanguardia hubo reflexiones idénticas relativas a Mallorca, isla que “tenía su vida, una vida suficientemente digna, señorial y típica. No padecía la plaga de dancing, bars, cabarets, desnudismo, escenas de playa y otras exóticas, muy modernas, muy cosmopolitas, pero que nada aportan a la cultura de ningún pueblo, antes bien, desdoran y manchan nuestra época“.

Tras el estallido de la guerra, fueron incontables los motivos que se dieron para justificarla por parte de sus promotores, los fascistas. No obstante, no deja de ser curioso que se pudieran encontrar artículos donde se hiciera referencia concreta al hecho de que a la gente le diese por ir sin albornoz a tomar el sol a la playa o a la piscina como causa de la contienda. El Día de Palencia, en noviembre del 36, publicó una de las motivaciones del golpe de Estado más extravagantes y sinceras: “¿Que estorbaba la moral? Pues ¡abajo la moral, en niños y jóvenes, en hombres y mujeres! ¡Viva el desnudismo en las clases elevadas y en las bajas! ¡Fuera la caridad, la beneficencia, la limosna, la lealtad, la amistad, la civilización, todo lo sembrado o cultivado en el mundo por Cristo! Y con tales cimientos se ha hecho, como era de esperar, el edificio del odio, desde cuyos ventanales siniestros se ha disparado con furia satánica contra todo aquello que más inconfundiblemente llevaba anejo el sello de la inspiración de Cristo Redentor. Esta es la gran lección que, en medio de la catástrofe que estamos presenciando llenos de pavor, se nos está dando a todos“.

Por si hubiera dudas, Azul, el órgano de la Falange Española de las JONS, el mismo mes del mismo año, definía así la ideología de sus enemigos: “el sensualismo como doctrina, el nudismo como culto, el pacifismo como idea y la tolerancia y escepticismo como religión“. Ahí seguían presentes, nunca mejor dicho, los bañistas. Un fenómeno inofensivo, comúnmente aceptado en la actualidad, pero que causó tanto impacto en su día que llegó a colarse en las diatribas políticas de un suceso histórico de la magnitud de la guerra civil española. Piénselo cuando se ajuste el trikini este verano. Hasta ir a la playa hubo que pelearlo.

Fuente: jotdown.es Texto: Álvaro Corazón Rural.

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Festival Nudista Zipolite, el lugar en el que ir sin ropa es lo normal

El nudismo no es una tendencia nueva, ni mucho menos, y aunque va por épocas, siempre ha tenido muchos defensores. Durante la revolución sexual de finales de los 60, muchas corrientes adoptaron el nudismo como reductor para la libertad real del individuo, despojado de la ropa que esclavizaba su cuerpo. Y es cierto que nacemos desnudos, y que es simplemente nuestra propia vergüenza lo que nos hace vestirnos (aunque también es imprescindible en ciertas épocas del año, cuando el frío arrecia y el cuerpo debe estar bien protegido de la lluvia y el aire). Hoy en día, sigue habiendo mucha gente que apuesta por el nudismo.

Hay muchísimas playas dedicadas al naturismo, prácticamente por todo el mundo, en la que cualquiera puede ir y desnudarse para disfrutar del mar y la arena de ese modo. También hay campings que permiten el nudismo, así como grandes hoteles y resorts. Incluso en los últimos años se han dado también algunos eventos especiales, como cruceros y festivales, dedicados por completo al nudismo y al naturismo, donde uno puede ir sin mucho equipaje. Uno delos eventos más impactantes se celebra en la costa de México, y es conocido como el Festival Nudista de Zipolite, que cada año acoge a un público más variado y numeroso.

Qué se debe llevar o qué no

Se trata de un festival que se celebra el primer fin de semana de febrero en Oaxaca, México, y en el que encontraremos todo tipo de actividades para disfrutar de la diversión y la fiesta, con o sin ropa, eso es a nuestra elección. El nudismo se permite, pero tampoco es obligatorio, aunque el ambiente del propio festival y la apertura de miras del mismo hace que todos se sientan cómodos desnudos. Es una de las finalidades del naturismo, al fin y al cabo, dejar de estigmatizar o sexualizar nuestros cuerpos y aceptarlos tal y como son, porque hemos de cuidarlos y vivir con ellos.

Para hacer el equipaje a la hora de acudir a este evento, hemos de tener en cuenta que es un festival naturista, pero eso no quiere decir que tengamos que viajar sin nada de ropa. Siempre es bueno llevar ropa de todo tipo, para cualquier situación, además de nuestro neceser de baño con todo lo necesario para nuestra higiene. Conviene llevar el móvil y el cargador, así como gafas de sol, toallas y sobretodo, muchas ganas de diversión. Las cámaras no están prohibidas, pero se pide siempre cierto respeto por la intimidad de las personas que se desnudan, así que estará en nuestra mano llevarlas o no.

Dónde está Zipolite y cómo llegar hasta allí

Zipolite es una playa muy reconocida en todo México por su ambiente relajado y naturista. Ya en los años 60, esta playa del estado de Oaxaca se inundó de hippies llegados desde el otro lado de la frontera, y su espíritu parece seguir vivo en ella. Se puede llegar a Zipolite volando hasta Huatalco, el aeropuerto más cercano, a 45 kilómetros de la playa. Desde allí, lo mejor es coger un taxi o una camioneta para hacer el camino hasta nuestro destino. De igual forma, podemos tomar el autobús a Pochutla, y de allí a Puerto de Ángel, en donde podemos conseguir un taxi por poco dinero, que nos dejará en la playa rápidamente. Igualmente podemos viajar con nuestro coche por toda la costa hasta llegar a Zipolite.

Eventos y actividades a realizar en Zipolite

El festival naturista lleva celebrándose desde hace cinco años en esta imponente y espectacular playa mexicana, y en cada edición, la afluencia ha ido creciendo, así como las opciones y actividades que se ofrecen. Al principio solo había conciertos y alguna que otra actividad más, pero hoy en día se puede escuchar música, ver bailes regionales, asistir a talleres sobre alimentación sana, pintarnos el cuerpo en el taller de bodypainting, jugar a deportes como el voleibol o participar en las carreras espartanas en la misma arena de la playa.

Todas estas actividades son extras para que la experiencia de disfrutar del fin de semana en la playa sea mucho más excitante y nunca nos aburramos. Cada año, Zipolite crece en actividades así que es probable que en 2020 haya nuevos juegos preparados. Estos juegos son optativos, por supuesto, y siempre podemos pasar el fin de semana por nuestra cuenta, pero es mucho más divertido participar en ellos y conocer a más gente que comparta nuestra misma afición por el naturismo.

Hoteles cerca de Zipolite en los que puedes hospedarte

Lo cierto es que Zipolite es un destino turístico importante, más allá de la celebración de este festival naturista. Podemos ir al festival pero alojarnos cerca, en un hotel con todos los lujos y comodidades, para disfrutar del descanso y el relax más óptimos. En páginas como Trivago o Expedia encontraremos todo tipo de alternativas de alojamiento, desde los resorts y hoteles más lujosos hasta posadas, muy populares en México, e incluso albergues, donde quedarnos por muy poco dinero. Los alojamientos están adaptados a todo tipo de bolsillos, así que ya no hay excusa para no disfrutar de este sorprendente festival y probar algo nuevo, dejando los tabúes y la vergüenza en casa.

Fuente: ciclonudista.net

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El festival nudista que superó toda expectativa.

El día en el que en San Sebastián no hubo frío, pudor ni distancias

Se cumplen 14 años de una imagen insólita entonces y más aún estos días de confinamiento y distancia social mínima, cuando Spencer Tunick fotografió a cientos de guipuzcoanos desnudos en el Kursaal

El 22 de abril de 2006, 1.200 personas se desprendieron de su vergüenza y pudor para acercarse hasta los aledaños del Kursaal de Donostia a posar desnudos ante las cámaras. Una imagen llamativa entonces y más aún hoy, en tiempos de confinamiento contra la pandemia del coronavirus.

Todo formaba parte de la propuesta fotográfica que planteó el artista estadounidense Spencer Tunick, muy conocido entonces por retratar a grandes grupos de personas como Dios les trajo al mundo por rincones de todo el planeta. Una “perfomance” que trajo a San Sebastián hoy hace 14 años.

Los voluntarios que participaron en las fotografías en San Sebastián posaron totalmente desnudos tanto en el interior del palacio de congresos como en la playa de la Zurriola. Un doble desafío al frío y la humedad reinante aquel día que hoy sería triple al añadirse la dificultad de mantener un mínimo de distancia entre los cuerpos participantes.

Así reflejaba aquella experiencia El Diario Vasco en web y papel en un reportaje firmado por Gorka Larrumbide:

Predominaron los hombres, que mostraron un menor pudor que las mujeres. Sorprendieron las familias, que no dudaron en llevar a los pequeños de la casa e incluso, a algún bebé. Abundó el producto donostiarra, pero muchos se acercaron desde Gipuzkoa. Pero, no fueron los únicos. Francia, Inglaterra y Alemania, también estuvieron representados. Casi sin saber muy bien de lo que iba el asunto, los voluntarios penetraban en el auditorio. Sin despojarse aún de sus prendas dieron la bienvenida a Tunick, que informó de la inminencia en la toma de la primera instantánea.

Casi una hora después llegó el gran momento. La imagen era sobrecogedora. Como si de una comuna humana se tratase, el millar de modelos acataba las órdenes de un malhumorado fotógrafo que arremetió contra la prensa al percatarse de su presencia. “I can’t work“, decía enfurecido, momento en el que reporteros y gráficos estuvieron a punto de protagonizar un espantada ante las precarias condiciones para trabajar.

El vestíbulo del cubo grande acogió la realización de las dos primeras fotografías. Tumbados, de espaldas, subiendo, bajando… el neoyorquino trataba de buscar las formas más dispares para conseguir encajar las piezas del inmenso puzzle. El Kursaal retumbó en aplausos cuando Tunick dio por finalizada la primera toma. La segunda, también en el interior del auditorio, fue captada desde la parte superior, que volvió a estar marcada por las suspicacias, pero esta vez de los fotografiados, que corearon al unísono “¡prensa vete ya!” entre gritos y silbidos. Pero los ánimos volvieron pronto a su cauce cuando miembros del equipo de “Caiga Quien Caiga” (Tele 5), decidieron desnudarse, lo que arrancó nuevamente los aplausos, firmando así un contrato de cordialidad entre medios de comunicación y protagonistas. A partir de ahí, todo fluyó con naturalidad.

De riguroso negro, Tunick intentaba coordinar a los asistentes, tarea nada sencilla por el murmullo constante. Con un altavoz daba instrucciones, mientras un ayudante traducía sus palabras al castellano para la comprensión de todos. Cuando más silencio y quietud exigían las tomas, el llanto de un niño rompió el momento mágico.

Desde las 7.30 horas, la lluvia no quiso perderse el espectáculo. Una vez finalizadas las tomas interiores les tocó el turno a las exteriores y más concretamente, a la playa. La temperatura no era la más apropiada para pasear por La Zurriola, pero los intrépidos aventureros quisieron retar a la climatología. Minutos antes, los municipales intentaban sin éxito que paseantes y bañistas abandonaran la playa para preservarles su intimidad. Los surfistas no cedieron, y es que a juzgar por las olas, resultó ser un día fructífero para practicar.

Tunick, subido en una grúa y con altavoz en ristre, guiaba y exigía a los fotografiados su dispersión. Sorprendentemente, la lluvia cesó en el preciso instante en que los más de mil voluntarios tocaron la arena. El frío empezaba a hacer mella entre los asistentes, que no dudaron en golpearse la piel para entrar en calor. Los que asistieron con pareja recurrieron a una práctica menos dolorosa y, sin duda, más placentera: el abrazo.

Tras una primera toma mirando al mar, el fotógrafo pidió que se tumbaran en la arena, situación que no fue del agrado de todos y con la que no dudaron en mostrar su desencanto. Pero fue en balde porque finalmente, cedieron a los requerimientos del fotógrafo. Con la imagen capturada, los nudistas se apresuraban en quitarse la arena pegada, que a buen seguro no estaba precisamente caliente.

Había llegado el momento de despedirse de algunos. Sólo las parejas que quisiesen podrían seguir formando parte de la sesión fotográfica. El escenario continuaba siendo el mismo, pero en este caso, en las rocas del espigón. La temática cambió radicalmente en este último tramo, resultando ser de un cierto tinte erótico; besos y caricias al desnudo al borde del mar. Con todo acabado, los voluntarios no pudieron ocultar su satisfacción. Hoy ya son parte de la historia de Tunick, y sus fotos recorrerán el mundo.

Y así fue. Spencer Tunick seguiría recorriendo el mundo con su cámara y dejando imágenes impactantes de cuerpos desnudos por sus calles. “En mi trabajo trato de usar el cuerpo desnudo en masa como una abstracción y las calles como mi lienzo“, dice el artista. Una de sus últimas grandes “perfomances” tuvo lugar en marzo del año pasado en Valencia y también tuvieron gran repercusión las que ha hecho como protesta a las políticas de Donald Trump.

Galería fotográfica: Cuando Donostia se desnudó ante las cámaras.

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Fuente: diariovasco.com Texto: Xabier Garate.

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