Hoy se cumplen 17 años desde que Spencer Tunick desnudó a Chile

El 30 de junio de 2002 el fotógrafo Spencer Tunick llegó a Chile, para protagonizar un hecho que provocó un gran revuelo en un país que era mucho más conservador que hoy.

Fueron más de cuatro mil personas las que se expusieron al frío y se congregaron en el Parque Forestal de Santiago con el único objetivo de posar desnudos frente al lente del fotógrafo norteamericano, aunque también muchos planteaban que su objetivo era ser libres.

Recientemente falleció una de las modelos de dicha oportunidad, María Cristina Fuentes, quien con más de 70 años se desnudó en plena calle y recordó que había sido torturada durante el Gobierno Militar, y por eso para ella tenía un gran significado.

En 2012 el artista volvió a Chile, aunque como turista. En esa ocasión dijo haber sentido una necesidad personal de retornar a Chile a 10 años de la icónica fotografía.

“Pensé, como persona, en volver silenciosamente a Chile y sentir el país de nuevo. Ver la ubicación y recordarla personalmente. Así que es un viaje personal para mí. creo que la cosa más emotiva que un artista puede hacer es volver a un país en el que algo especial sucedió. Donde fui el catalizador para que la gente apreciara sus cuerpos en público en un nivel masivo”, sostuvo.

Consultado por la posibilidad de repetir ese momento, indicó que no existen los recursos necesarios para concretar algo así.

Fuente: radioagricultura.cl Texto: Karina Albornoz

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Amelia Allen – Naked Britain

El nuevo libro de la fotógrafa Amelia Allen, Naked Britain, es una exploración del cuerpo humano, con un enfoque en el creciente movimiento naturista del Reino Unido. Con la fotografía de moda publicada en revistas como Vogue, Tatler y Vanity Fair, y clientes como Matches Fashion, Hermès y Temperley London, el último esfuerzo creativo de Allen puede parecer un poco atípico. Pero su formación en moda es, de hecho, lo que la llevó a su nuevo proyecto.

He pasado la mayor parte de mi carrera fotografiando modelos convencionalmente bellas y estéticamente agradables que están acostumbradas a mostrar ropa”, le dice a R29. “Todo lo relacionado con esto tiene que ver con la imagen corporal y tener que mirar de cierta manera para adaptarse a una construcción social específica de lo que se ve como bello. Creciendo hoy, a través de una época políticamente dinámica, donde los derechos de las mujeres son un gran problema, quería crear un proyecto que tomara la liberación y la libertad de imagen corporal en el centro de atención. Quería fotografiar una comunidad que representaba la igualdad en la imagen corporal, la apariencia, la sexualidad y el género. Sentí un impulso desesperado por fotografiar a otro lado de la sociedad, y experimentar algo alejado de la moda, pero algo que todavía se centra mucho en la belleza del cuerpo humano. El naturismo era perfecto para esto”.

La primera incursión de Amelia en el naturismo fue asistir a un día de vestimenta opcional en un club de miembros en Buckinghamshire. Conoció a una familia que la invitó a un picnic y un chapuzón nudista, antes de presentarla a la comunidad en general. Tres años después, siguen siendo amigos.“La primera experiencia fue bastante desalentadora y todo se acumula en tu cabeza, pero solo tienes que tratarlo con normalidad: una vez que te quites la ropa, eres libre. Es muy divertido, muy refrescante y liberador”, dice ella. “Hay algo sobre deambular por un lugar donde normalmente no estarías desnudo, como un jardín; me encantó. Me tomó un tiempo acostumbrarme, pero no solo estaba tratando de aprender sobre esta forma de vida a través de mi fotografía, sino también para crecer personalmente. Salir de mi zona de confort y mirar mi propia relación con mi cuerpo y mi actitud ante la desnudez”.

Entonces, ¿qué aprendió ella? “Muchos dijeron que una de las razones por las que les gustaba participar en la comunidad naturista era que podían ser ellos mismos, alejados de la vida corriente y eliminar todos esos estereotipos y estados de la ropa”, explica. “Estar desnudo significa que eres un lienzo en blanco y para algunos, eres anónimo”. ¿Son más felices en su propia piel que el resto de la sociedad, o tienen problemas como el resto de nosotros? “Creo que ambos. Son más autoaceptables, porque se dan cuenta de que hay más en la vida que su apariencia. Creo que todos tienen una opinión sobre su propio cuerpo y eso no cambia a lo largo de su vida. Se sienten más cómodos y relajados al estar desnudos y bajo mucha menos presión que entre la sociedad vestida”.

Estamos más abiertos que nunca sobre nuestra sexualidad e identidad de género, con clubes de sexo y poliamorosos cada vez más ampliamente aceptados, pero la desnudez a menudo se considera crasa. “Es bastante gracioso que ese sea el caso, y que el sexo casual y los clubes de pago son tan normales para muchos, pero la desnudez sin sexualidad se considera desagradable”, señala Amelia. ¿Eso es porque las personas que toman el sol en topless o amamantan en público no encajan en la idea de la sociedad de una idea estéticamente agradable de imagen corporal? “Parece haber un doble estándar: está bien estar desnudo si es por placer sexual u observación, o para una publicación, pero no está bien para la libertad y la liberación de la misma”, resalta.

¿Piensa que las actitudes están cambiando? “Creo que sí. Las modelos de tallas grandes ayudan a muchas mujeres jóvenes que no son del estandar de un modelo de pasarela. Soy una fotógrafa de moda y un tamaño 14, y eso está bien. Sin embargo, siguen siendo hermosas, por lo que ayuda a las mujeres jóvenes en las redes sociales pero no cambia las actitudes hacia todos los tipos de cuerpos y edades”, dice. “Creo que es importante reconocer que las campañas publicitarias y las redes sociales no son percepciones honestas de la realidad”.

A pesar de nuestros mejores esfuerzos, todos tenemos prejuicios inconscientes hacia los cuerpos gracias al incesante bombardeo mediático de imágenes inalcanzables, inaccesibles y excesivamente sexualizadas. A menudo se necesita mucho trabajo para amar a su propio cuerpo y no fijar otros como el epítome de la perfección. Las fotografías de Amelia sobre los naturistas, libres de autoconciencia y juicio, alientan a hacer justamente eso: apreciar el cuerpo por la maravilla que es.

Fuente: Refinery29.uk (texto original en inglés).

Más información, exposiciones, porfolios, libros, biografía, etc. en su website: Amelia Allen.

Las 10 fotografías de desnudo que hicieron historia

El desnudo es uno de los géneros más recurrentes entre los grandes fotógrafos. Usado en la moda, el arte o la fotografía más irónica es protagonista de instantáneas que forman parte del imaginario colectivo del siglo XX.

La historia de esta sesión comienza en 1948, con un pequeño accidente de coche en el que se vio involucrada la joven Marilyn Monroe, y con el fotógrafo Tom Kelley, que le dio a esta un billete de cinco dólares para gasolina y una tarjeta de visita.

Meses después, el 27 de mayo del 49, la actriz se presentó en el estudio del fotógrafo: no le costó convencerla para posar desnuda. Marilin cobró por aquella sesión 45 dólares más los cinco que iba a devolver.

Las imágenes durmieron en un cajón durante algún tiempo. Finalmente, Hugh Hefner se hizo con los negativos para que Marilyn se convirtiese en la primera chica Playboy de la historia. Los casi 54.000 ejemplares de aquel primer número se vendieron en menos de tres semanas. Era diciembre de 1953.

Para esta imagen, tomada en Barcelona en 2003, Tunick logró congregar a unas 4.500 personas (en Ciudad de México reunió 19.000 almas, su propio récord) que posaron para una corta serie desde el amanecer. Aunque sus fotografías urbanas multitudinarias son las más famosas (en Nueva York ha sido arrestado varias veces por montar estas performances), también ha trabajado en proyectos similares con grupos pequeños e incluso con una única persona.

“El violín de Ingres” pasa por ser uno de los desnudos artísticos más destacados de la historia de la fotografía. El artista surrealista y dadaísta retrató la espalda desnuda de la actriz y modelo Kiki de Montparnasse en 1924 (y en muchas otras ocasiones), y luego añadió las dos aberturas de la caja de resonancia de un violín con tinta china, simulando el perfil del instrumento.

De esta lección de pintura, en la que Erwitt fotografía un grupo de estudiantes pintando una modelo… solo que es la retratada la única que va vestida.

Esta fotografía es la última imagen con vida de John Lennon. El 8 de diciembre de 1980 Annie Leibovitz visitó al cantante y a su esposa Yoko Ono en su apartamento del edificio Dakota, frente al Central Park de Nueva York, con el encargo por parte de los editores de la revista Rolling Stone de retratar a Lennon solo.

Horas después Lennon fue asesinado. El 22 de diciembre la fotografía ilustraba la cubierta del prestigioso magacín musical, y en 2005 fue escogida por la American Society of Magazine Editors como la mejor portada de revista de los últimos 40 años.

La cantante Patti Smith es una de las figuras más importantes de la escena punk y rock internacional de todos los tiempos.

Esta fotografía está tomada en 1976, en el loft del fotógrafo en Bond Street, un pasaje del Bowery de Manhattan donde vivían y trabajaban muchos artistas durante los años 70 y al que Smith se mudó ese mismo año.

La fotografía como arte y como medio de expresión le debe gran parte del estatus que alcanzó durante la primera mitad del siglo XX a Alfred Stieglitz.

El fotógrafo y la pintora Georgia O’keeffe intercambiaron correspondencia subida de tono y se vieron tiempo antes de que él se divorciara. El amor que nació entre los dos artistas influyó notoriamente en muchos de los retratos que Stieglitz le hizo a O’Keeffe, entre ellos este desnudo que pasa por ser una de las fotografías más caras de la historia.

“Una buena fotografía de moda debe parecer cualquier cosa menos una fotografía de moda.” Mediante el desnudo, este australiano nacido en Berlín elevó el género a la categoría de arte.

Esta es una de sus fotografías más clásicas: las cuatro modelos desnudas están iluminadas por una luz suave lateral, todas con zapatos de tacón, sin mirar a cámara y con aire de suficiencia, como quitándole importancia a la fotografía.

La iconografía pop de las décadas de los 80 y 90 no sería la misma sin la figura de Herb Ritts.

Ritts, que fotografió a esta modelo desnuda sosteniendo una planta rodadora por encima de su cabeza en 1986, utiliza la similitud del cuerpo esbelto de una mujer con el tronco de un árbol y une dos objetos para construir uno que en realidad no aparece en la escena.

La obra de Edward Weston es una de las más diversas y prolíficas de la historia de la fotografía; no en vano es uno de los autores más influyentes de la primera mitad del siglo XX.

En esta fotografía la postura de la mujer -de recogimiento e introspección, sin mostrar el rostro-, su piel desnuda y la dureza de la luz que baña la escena resaltan la sensación de tristeza y fragilidad.

Fuente: Los 10… de todo!.

 

Bob Mizer, el fotógrafo que retrató la sensualidad masculina

Originario de Idaho, Estados Unidos, Bob Mizer fue un fotógrafo y cineasta nacido en 1922, comenzó a hacer fotos a principios de los años cuarenta y se concentró en hombres en poses de culturismo o en parejas que simulaban pelear. Con frecuencia las imágenes mostraban los genitales y eran claramente homoeróticas.

Su obra centrada en el desnudo masculino supuso una transgresión a las normas sociales y legales de su época. Las primeras fotografías de Bob Mizer aparecieron en 1942, tanto en color como en blanco y negro, pero en 1947 su carrera se vio salpicada por el escándalo al ser condenado por distribución ilegal de material “obsceno” a través del servicio postal de Estados Unidos. El material en cuestión era una serie de fotografías en blanco y negro, tomadas por Mizer, de jóvenes culturistas llevando únicamente unos taparrabos llamados “posing straps“, un precursor del tanga. Cumplió una condena de nueve meses de prisión en un campo de trabajo de Saugus, Santa Clarita, California. Aunque ahora pueda parecer ridícula la acusación, en su tiempo, la mera insinuación en una fotografía de desnudez masculina no solo era mal vista, también era ilegal.

Los modelos de Bob Mizer no enseñaban mucho más que cualquier otro culturista de por aquel entonces. Era 1945 y la práctica de tomar fotos a estos deportistas se llevaba realizando desde el siglo anterior, pero las imágenes de Mizer insinuaban mucho más que cualquier otra de su género.

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En Estados Unidos, la ley marcaba claramente los límites en cuanto a vestuario se refiere. Los desnudos integrales estaban prohibidos, pero a aquellos musculosos hombres no les hacía falta mostrarse de esa guisa. Aun con algo de ropa conseguían esa sutil provocación que hacía que esas fotos fueran diferentes al resto. Bob Mizer sabía del tirón que tenían, especialmente entre el público gay.

Bob Mizer pasó 48 años haciendo fotografías y películas para su Athletic Model Guild, y 41 años publicando Physique Pictoral, la primera y más explícita revista gay de Norteamérica. Sus diarios personales, que llevó desde que tenía ocho años, dan cuenta de su clara elección sexual desde su adolescencia, sin embargo hasta la edad de 42 años siguió viviendo y trabajando en la casa de huéspedes de su madre, en Los Ángeles, donde su estricto código de ética le impidió expresar con libertad sus fantasías. Por eso, durante los primeros 24 años de su carrera, sólo trabajó a blanco y negro y tuvo la precaución de no mostrar jamás un desnudo masculino total. Pero después de la muerte de su madre en 1964, Mizer construyó rápidamente un imperio dedicado a los placeres de la carne masculina, donde fotografiaba hombres totalmente desnudos en colores psicodélicos.

En las décadas del 70 y el 80, el viejo hotel de huéspedes que regentaba su madre en Los Ángeles, y tras el fallecimiento de ésta, ocurrido en 1964 se transformó en el hogar de decenas de sus jóvenes modelos, que vivían al aire libre, en sofás y galerías, junto a pollos, gansos, cabras, monos, estatuas romanas, árboles de Navidad abandonados y todas los imaginables objetos de utilería que utilizaba para su cada vez más importante y extravagante obra cinematográfica y fotográfica.

Llamado a menudo “el Hugh Hefner de la industria editorial gay” por su revista pionera, Mizer influenció figuras de arte y la sociedad del mismo modo que lo hizo Hef; desde David Hockney, quien dijo que una de las dos razones por las que viajó a Norteamérica fue para conocer a Bob Mizer, hasta Arnold Schwarzenegger, actual gobernador de California, quien posó para Mizer en 1975.

Es una figura de culto que en entre los homosexuales tiene carácter heroico. ¿Por qué? La respuesta tiene seis cifras: el fotógrafo estadounidense Bob Mizer (1922-1992) hizo aproximadamente un millón de retratos de hombres desnudos —o casi— y en poses que en los ambientes gay son consideradas sensuales o eróticas.

No fue un artista dotado —sus fotografías tienen acabado de calendario y nula intención estética—, pero se comportó con valentía para desarrollar un cuerpo de trabajo polémico y peligroso dados los tabúes y la persecución moral, social y judicial de los años en los que empezó a trabajar, a comienzos de la década de los cuarenta del siglo XX, cuando hacer fotos de mujeres desnudas estaba consentido (siempre que se camuflasrn como artísticas), pero era impesable publicar desnudos masculinos.

Bob Mizer continuó con su obra, fotografiando hasta morir en 1992 y luchó contra la censura de su época, cosa que podemos agradecer hoy en día al poder disfrutar de sus obras.

Un fotógrafo poco entendido en su época y que hoy podría ser considerado como uno de los representantes máximos de la evolución del arte LGBT.

Bob’s World: The Life and Boys of AMG’s Bob Mizer es el primer libro que celebra, a color, la desinhibida segunda parte de la carrera de Bob Mizer. Más de 250 vívidas fotos están acompañadas de una historia oral, con las colaboraciones de los artistas David Hockney, Jack Pierson and John Sonsini, los fotógrafos David Hurles y Hal Roth, los modelos Ben Sorensen y Andrew Sears, y Wayne Stanley, heredero de la finca Mizer. El libro incluye un DVD de una hora de duración que contiene películas de entre los años 1958 a 1980, especialmente editadas para esta publicación.

Más información en el sitio oficial de la Bob Mizer Foundation.