Desnudos y baños mixtos en el Manzanares: la historia inédita del Siglo de Oro

La costumbre de los españoles de bañarse desnudos en los ríos, hombres y mujeres juntos, no concordaba con la idea de aquella España católica preservadora de la “buenas costumbres morales”.

Baños en el Manzanares en el paraje del Molino Quemado (Museo de Historia de Madrid).

La imagen de una Edad Media oscura, fanática, insalubre, dominada por los hombres y obsesionada con la represión sexual se repite en cada escena de cine y pasaje de literatura que elige este periodo para ambientarse. Con la misma poca precisión histórica, en el caso español se extienden estos tópicos a principios de la Edad Moderna, de modo que la tétrica estampa de la España de los Reyes Católicos y de la posterior sobriedad de los Austrias lo domina todo. Nada más lejos de la realidad…

En cuanto se acude a las fuentes del periodo, desde estampas cotidianas a escritos y cartas, resulta fácil refutar mitos como que marido y mujer no se veían jamás desnudos o que “ir en pelota” (del vocablo pellote, prenda que iba sobre la saya o el brial durante los siglos XIII y XIV) era prácticamente un pecado. Desde su cuenta en Twitter y en sus blogs Indumentaria y costumbres en España (desde la Edad Media hasta el siglo XVIII) e Historias para mentes curiosas, la experta Consuelo Sanz de Bremond Lloret se dedica a diario a desmitificar este tipo de tópicos fuertemente arraigados en la mente de la gente y a señalar episodios desconocidos de nuestra historia.

Buen ejemplo de ello es la costumbre de los españoles de bañarse aún en el Siglo de Oro desnudos en los ríos, lo que, a ojos de los viajeros, no concordaba con la idea de esa España católica, preservadora de la “buenas costumbres morales”. En su blog, esta experta en indumentaria de la Edad Media y el Siglo de Oro relata que hombres como mujeres acudían en el siglo XVI y XVII al río durante las fiestas veraniegas para disfrutar, sin tapujos, de sus aguas. Algunos usaban camisas para bañarse, pero otros no dudaban en hacerlo sin nada encima. También era habitual hacerlo cuando el sol ya se había puesto.

De este nudismo en el Manzanares, el genio de las letras Francisco de Quevedo se refiere en uno de sus romances:

“Descubre Manzanares secretos de los que en él se bañan
Manzanares, Manzanares,
arroyo aprendiz de río,
tú que gozas, tú que ves
en verano y en estío
las viejas en cueros muertos,
las mozas en cueros vivos”.

Otro tanto de lo mismo decía el novelista y dramaturgo Luis Vélez de Guevara en su obra “El diablo Cojuelo” (1641):

“Daban en Madrid, por los fines de julio, las once de la noche en punto, hora menguada para las calles y, por faltar la luna, jurisdicción y término redondo de todo requiebro lechuzo y patarata de la muerte. El Prado boqueaba coches en la última jornada de su paseo, y en los baños de Manzanares los Adanes y las Evas de la Corte, fregados más de la arena que limpios del agua, decían el Ite rio est”.

En este sentido, Consuelo Sanz de Bremond Lloret destaca en su entrada dedicada a esta curiosa costumbre madrileña la impresión que causaba la costumbre a los viajeros y visitantes venidos de fuera de la Península Ibérica. Es el caso del Cardenal Francesco Barberini, que anotó en su diario en 1626:

(…)en cada fiesta el Diablo quiere su propio altar, y así, si por una parte se desarrollan adecuadamente tal y como apenas [se ha descrito], por otra el desorden no es poco ya que, por el calor que trae la estación y por hacerse la vigilia en esta noche (23 de junio), gran parte de la ciudad y sobre todo las mujeres, va a aquel río Manzanares, al puente Segoviano, y allí gentes del populacho, tanto hombres como mujeres, se lavan entremezclados con poco recato para el servicio del alma. Aquellos otros de mejor condición pasan la velada yendo de arriba abajo, así como entrando con las carrozas en el río para gozar de las locuras de estos primeros. Acostumbran la mayoría de las mujeres a acudir aquí esta noche y al amanecer aparecen desgreñadas, adornando las carrozas y los caballos con vegetación y flores, que en definitiva parece una arcadia, el Siglo de Oro respecto de la libertad y de la poca vergüenza. Entre estas mujeres se ve también a gentiles damas que con el pretexto de creer que el fresco de aquella noche les hará bellas sus cabelleras y se las mantendrá, descienden de sus carrozas y con el acompañamiento adecuado despeinadas caminan paseando y pavoneándose”.

La extraña alianza

Siglos después de aquellas estampas, a principios del siglo XX, nació el movimiento Naturista en Europa. En 1898, se fundó en la Alemania occidental el primer “Freikörperkultur” (FKK), un club donde los amantes de la desnudez en lugares públicos podían compartir su particular afición. El movimiento, que heredaba muchas de las ideas de los higienistas decimonónicos, enemigos de la Industrialización, defendía la “libre cultura del cuerpo” y una convivencia plena con la naturaleza. De Croacia a Francia, la extraña moda se extendió por Europa.

En Alemania, una parte importante de este movimiento de exaltación del cuerpo y del campo devino en una corriente nacionalista que exaltaba la sangre germana; sin embargo, paradójicamente, encontró un abrupto final con el ascenso del Nacionalsocialismo, que, lejos de seguir promoviendo estas prácticas, prohibió de facto el nudismo. Al contrario que allí, como explica Carmen Cubero Izquierdo en su libro “La pérdida del pudor. El naturismo libertario español“, este movimiento llegó a España vinculado, en parte, a las corrientes anarquistas de principios del siglo XX. Se hiló así ideológicamente el Naturismo a la denuncia del sistema moral conservador y, en eso sí como en otros países, al rechazo por la vida urbana y el hacinamiento.

En los albores de este movimiento, los recovecos del río Manzanares se convirtieron en un lugar habitual de reunión tanto para grupos anarquistas como para hombres y mujeres “desnudistas” (como se las llamaba entonces) que hacían excursiones por esta zona, en ocasiones armados con rifles para protegerse de redadas y detenciones policiales. Tomaban baños de sol tal y como lo hacían sus antepasados para volver a unirse a la naturaleza y lograr su emancipación, según defendía este movimiento.

Fuente: ABC Historia. Texto: César Cervera.

El club nudista más antiguo de Canadá celebra su 80 aniversario

El club nudista más antiguo de Canadá, el VanTan Club, celebró el pasado sábado 10 de agosto su 80 aniversario.

Fundado en 1939, el club fue el primero en su tipo en abrir en Vancouver, así como en el país. Durante el inicio del club, no muchas personas tenían automóviles y, como resultado, llegaban a la propiedad del club en autobús o a pie.

Hoy en día, el club se reúne en una propiedad de North Vancouver, pero ya no tienen una casa club. Sin embargo, la propiedad ofrece, “una sauna de leña y una bañera de hidromasaje, instalaciones para voleibol, bádminton, herraduras, tejo, croquet, equipo de juegos para niños, etc. con amplios céspedes para tomar el sol y muchos árboles de sombra”.

Los posibles miembros deben visitar la propiedad hasta tres veces para determinar si se considerará su solicitud de membresía. El club se describe a sí mismo como amigable, pero sin imponer la libertad personal y la privacidad de cada miembro. También se describe a sí mismo como un “club naturista familiar” y está afiliado a la American Association for Nude Recreation.

Daniel Jackson, portavoz del VanTan Club, dijo a Vancouver Is Awesome en un correo electrónico que el club una vez tuvo que colocar ‘anuncios crípticos’ en los periódicos para atraer a nuevos miembros: el nudismo no era tan aceptado socialmente como lo es ahora. Sin embargo, en los años 60 y 70, la práctica se consideraba más socialmente aceptable; las familias más jóvenes comenzaron a unirse al club y el número de miembros creció sustancialmente.

Jackson señala que el Club da la bienvenida al público a visitar el club en dos casas abiertas cada verano, y los alienta a comprender de qué se trata la práctica. También tienen carrozas en los “Lynn Valleys days y Canada Day parades“.

Actualmente, el Club tiene unos 50 miembros, pero no todos acuden el mismo día. Como tal, los visitantes tienen un amplio espacio para relajarse y disfrutar de la propiedad pacífica de tres hectáreas.

Obtenga más información sobre VanTan Club aquí.

Fuente: vancouverisawesome.com Texto: Elana Shepert (Texto original en inglés).

Desnud Arte: Gerhard Riebicke

Gerhard Riebicke (1878-1957) era un artista alemán conocido por sus fotografías de desnudos de personas dedicadas a actividades deportivas. Sus fotografías en blanco y negro resaltaban las muchas formas en que el cuerpo podía moverse a través de imágenes de hombres y mujeres bailando, luchando y corriendo. Sin embargo, sobre todo, el trabajo del artista idealizó la salud y la belleza en la Europa postindustrial al mostrar imágenes románticas de mujeres elegantes y hombres musculosos.

Las imágenes ofrecían un contraste con el estilo de vida irremediablemente alienado que la gente enfrentaba en todo el mundo industrializado. Los problemas eran los mismos en aquel entonces y también las ideas de cambio: el eco-movimiento, la liberación sexual y la salud otorgada por la naturaleza no son descubrimientos de la contracultura de los años sesenta, estas ideas están profundamente arraigadas en la historia cultural europea.

Nacido el 6 de febrero de 1878 en Lausitz, Alemania, Riebicke pasó la mayor parte de su infancia en Suiza, y más tarde estudió en la Universidad de Tübingen. Después de completar sus estudios, Riebicke trabajó temporalmente como fotógrafo de prensa en Berlín hasta que abandonó su carrera en el periodismo para dedicarse al arte.

Su amigo cercano, el maestro Adolf Koch, invitó más tarde a Riebecke a trabajar en la Escuela de Educación y Nudismo, donde tomó muchas de sus fotografías más conocidas. Durante todo el régimen nazi, Riebicke trabajó principalmente en fotografía deportiva y apareció en varias publicaciones contemporáneas, pero finalmente fue objeto de censura por parte del Tercer Reich. Riebicke murió en 1957 en Berlín, Alemania.

Fuentes: doorofperception y Naturismo Perú ANNLI.

Nota: Haciendo clic sobre cualquiera de las fotografías puedes visualizarlas en sus tamaños originales, en modo “pase de diapositivas”.

La persecución de los hippies en Formentera 1968/70

El confidente de la policía, el rector de Sant Ferran, estaba escandalizado con el nudismo: “No eran jóvenes violentos, pero si de vez en cuando alguno se agitaba, le dábamos cuatro hostias”.

Lejos de una supuesta tolerancia y pese a la idealización promovida por el marketing turístico, el pasado hippie de Formentera está marcado por la persecución y posterior expulsión de cientos de jóvenes por parte de las autoridades franquistas, la Guardia Civil y grupos organizados de formenterenses en el periodo 1968/70. A partir del verano de 1967, “verano del amor”, Formentera e Ibiza se convirtieron en una escala señalada en la ruta que miles de jóvenes occidentales emprendían con destino a la India y Afganistán.

Desde la llegada de los primeros “peludos” -como se conocían en la isla aquellos jóvenes, la mayoría estadounidenses, británicos y franceses, que se bañaban desnudos, trabajaban poco y vivían con menos- hubo formenterenses que mostraron su rechazo, pero al mismo tiempo, muchos residentes veían con buenos ojos a aquellos extranjeros que alquilaban casas aunque estuvieran en mal estado, consumían en los bares y compraban en las tiendas. Como señala el libro “La repressió franquista del moviment hippy a Formentera” las autoridades del régimen contemplaban con preocupación el hecho de que el colectivo hippie fuera visto con complicidad, incluso simpatía por una parte notable de la población de Formentera, una tolerancia que amenazaba en expandirse al resto del país. Para despejar cualquier cuestionamiento sobre la moral imperante en la Dictadura, los mandos franquistas planificaron una operación para cambiar la percepción sobre aquellos jóvenes harapientos que daban a la isla “un aspecto de pobreza, miseria y abandono” y con los que se había llegado a un extremo nunca pensado: es muy difícil ir a la playa sin ver varios casos (de nudismo), según consta en uno de los informes que escribió el rector de Sant Ferran, Pep Costa, quien ejercía de confidente de la policía.

El 27 de agosto de 1969 el diario ABC publicó un artículo que tuvo gran repercusión en el que se narraba una fiesta de luna llena en una cueva de Formentera, un espectáculo dantesco donde cientos de jóvenes (…) totalmente desnudos y presos de los efectos (…) de la droga estaban sentados alrededor de una calavera, que habían obtenido profanando un cementerio. Además, el artículo, orquestado desde la Dirección General de Seguridad, explicaba que en el encuentro participó una menor de edad hija de diplomático, por lo que el fenómeno hippie quedaba etiquetado como potencial pervertidor de la juventud española, bienpensante y católica.

En ámbito local, pocos días antes de esta publicación, el alcalde de Formentera, Antoni Serra Torres (primer edil desde 1938) remitió una carta al Gobernador Civil pidiendo contundencia contra los hippies, que llevaban una vida licenciosa y descontrolada, dedicándose al pillaje de fruta y manteniendo una conducta extravagante y antisocial que minaba el patrimonio de la juventud isleña. Pocos días después, se da entrada en el Ayuntamiento a un escrito firmado por unos 200 cabezas de familia en el que se solicita que se impida la entrada a la isla de estos jóvenes que practican el desnudismo y el amor libre y que según cálculos del Gobierno Civil eran unos 700 en 1968 y 1.300 en 1969, sobre una población de poco más de 3.000 formenterenses que a su vez ofrecían casi 1.000 plazas de alojamiento turístico.

La participación activa de los formenterenses en la represión del hippysmo fue descrita por primera vez por el sociólogo Carlos Gil en 1971, quien apuntó que se ha formado un grupo de ciudadanos que recorría la isla, echando a todos los que dormían bajo los árboles o en la playa y añade, un hecho que muchos residentes consideraban arbitrario y un atentado contra la libertad. Hoy, un jubilado de 68 años, que prefiere mantenerse en el anonimato, recuerda que cuando tenía 20 participó en estas “batidas”: Íbamos de noche o madrugada, en grupos entre cinco y ocho jóvenes de Formentera, siempre acompañados de un Guardia Civil, buscando por los bosques de Migjorn a todos aquellos que dormían al raso o bajo los árboles. Se encontraban a muchos, una vez había unos dos centenares alrededor de la torre Pi des Català. Estos contingentes no iban armados, “ni siquiera con palos” para aquellos extranjeros no eran nada violentos: incluso a alguno le cortamos el pelo y tampoco presentó resistencia, sólo de vez en cuando alguno se agitaba y le dábamos cuatro hostias, pero era poco habitual. El objetivo era conducirlos a pie o en camiones hasta el cuartel de la Guardia Civil, una vez llevamos a 120, asegura el testigo. Por este motivo se agilizaron las expulsiones, que en 1970 llegaron a las 3.000 en las Pitiusas, se intensificó la aplicación de la ley de “Vagos y Maleantes”, se clausuraron casas alquiladas a hippies y se controlaron los accesos para vía marítima a Formentera, exigiendo buen aspecto y mostrar dinero en metálico antes de embarcar.

La represión tuvo como consecuencia una reducción importante del flujo de jóvenes alternativos que el verano de 1971 llegaron a Formentera en búsqueda de su propia Ítaca, mientras que los que eligieron quedarse se convirtieron en artesanos o artistas que abandonaron la resistencia pasiva y pasaron a mostrarse más activos buscando artimañas legales para esquivar a las autoridades y convertirse en residentes de la isla. Casi cincuenta años más tarde de la llegada de aquella ola de cabellos despeinados, ropas de colores y aroma de marihuana, hoy nadie niega la contribución de aquellos jóvenes, la mayoría universitarios y de clase acomodada, que ayudaron a difundir en todo el mundo los encantos de Formentera como un destino turístico natural y auténtico.

Fuente: proximoferry.com Texto: Josep Rubio

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