Quiero que me pase a mí: Monte Verità, la precuela del movimiento hippie

El eclecticismo y la falta de coherencia que se les atribuía supusieron el mejor aglutinante en Monte Verità.

Monte Verità, la precuela del movimiento hippie.

En 1900 siete hombres y mujeres se dirigieron a los Alpes suizos en busca de un lugar donde dar forma a su ideal de convivencia. Encontraron una colina cerca de Ascona, un pequeño pueblo en el cantón del Tesino. Desde su cima se dominaba un amplio horizonte sobre el valle y el lago Maggiore.

Entre ellos se encontraba Henri Oedenkoven, hijo de un próspero industrial belga, y su pareja, Ida Hoffman. Compraron la propiedad y le dieron el nombre de Monte Verità: el monte de la verdad.

Esta verdad no hacía alusión a un concepto absoluto. Se oponía a lo que los fundadores consideraban la mentira de la sociedad industrial. El objetivo era crear un sanatorio que ofreciese a los inconformistas una oportunidad de conocimiento y desarrollo espiritual.

Un sanatorio para inconformistas.

La dieta vegetariana, la igualdad de género y la comunión con el entorno natural se establecieron como los principios básicos de la cooperativa. Su espíritu era inclusivo, abierto a propuestas de nuevos miembros. La rutina se desarrolló en torno al nudismo, los baños de sol, el deporte, el amor libre, el cultivo de los huertos, la abstinencia del alcohol, el trabajo manual y el baile.

En Monte Verità coexistieron corrientes muy diversas. Anarquistas, feministas, socialistas, defensores de la psicoterapia y místicos de la naturaleza acudían en busca de una idea de libertad.

Los hombres se dejaban crecer el pelo y la barba; las mujeres vestían ropa blanca y sandalias. En la prensa se les conocía como “profetas descalzos” o “apóstoles del rábano”. La atención, el escándalo, se enfocaba en su supuesta promiscuidad.

Se construyeron cabañas de madera en las que penetraba el sol y el aire de montaña; creció el cultivo en huertos; una modista ofrecía a los recién llegados prendas que se ajustaban a la vida del sanatorio; se construyó un edificio comunitario en estilo modernista; en la azotea, el sol se adoraba en clave nudista.

Monte Verità, un refugio hippie en los Alpes suizos.

Se fundó una escuela de danza natural y expresiva, no formal, que buscaba la liberación a través de la música. Los bailes se practicaban en los campos de montaña. El Reigen, la danza circular, en corro, fue la expresión característica de esta no-disciplina.

En la celebración del solsticio de invierno de 1904, un abeto se instaló en el comedor del edificio comunitario. Se encendió una gran hoguera, las mujeres cantaban, Ida ofreció un recital de piano, se leyó a Goethe y la noche culminó con un baile.

Afluyeron personajes célebres. Isadora Duncan, Paul Klee, el dadaísta Hugo Ball, Thomas Mann, Franz Kafka, D.H. Lawrence, Trotsky y Freud recalaron en el sanatorio.

Fuente: Traveler.es Texto: Cósimo de Monroy.

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Libro “Contra la vida establecida”. Autor: Ulrike Voswinckel.

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Desnudos en el cine: actrices y actores que se animaron a romper el tabú y la censura

Hedy Lamarr se pasea por un ambiente agreste e ingresa al agua. No lleva ropa. Flota, desinteresada, de espaldas, haciendo la plancha. La película habría pasado desapercibida sin esa decisión, sin esa escena. El director checo Gustav Machaty rompió un tabú, quebró una barrera y se animó a hacer lo que pocos: se animó a mostrar el cuerpo desnudo de su actriz.

Hedy Lamarr en Éxtasis, de Gustav Machaty.

Ella, Hedy Lamarr, atravesó con su osadía los tiempos. Era 1933 y Éxtasis, cuya copia restaurada se presentó en el reciente Festival de Venecia, se convirtió, para muchos, en la primera película que mostró un desnudo femenino integral. Pero esta supuesta cualidad pionera de aquella película se puede desmentir con facilidad porque en realidad hubo otros largometrajes que con anterioridad mostraron a sus actrices desnudas.

La censura en 1907 había dado cuenta de algunos filmes de la era muda como The Serpentine Dance, donde se veía a mujeres bailando sin ropa. En 1915 Annette Keellerman en Daughter of Gods también se desnudó. Su larga cabellera cubría sus senos y hubo otros ejemplos que llegaron antes que la famosa escena de Lamarr. Hasta en alguna parte de la saga de Tarzán de Johnny Weissmuller, aprovechando el ámbito salvaje, se vieron pechos femeninos con naturalidad. Además, durante aquellos tiempos, en historias ambientadas en la antigüedad se llegaron escenificar algunas orgías.

Hedy Lamarr en Éxtasis, de Gustav Machaty.

Si Éxtasis tiene una escena revolucionaria no es la del desnudo de su protagonista, sino aquella en la que tiene sexo con un hombre. Naturalmente no se ve nada de lo que sucede con los cuerpos pero el plano de la cara de la actriz gozando marcó un hito. Ese fue el aporte verdaderamente novedoso y revolucionario de la película. Después de todo,  es el primer orgasmo femenino del cine.

El férreo Código Hays y la censura

La historia del desnudo en el cine se convierte, de manera inevitable también, en la historia de la censura cinematográfica.

Durante décadas en Hollywood la censura estuvo regida por el férreo Código Hays. El nombre se lo debe a William Hays, que había presidente del Comité Nacional Republicano y Director del Correo. Hays no sólo confeccionó una serie de restricciones y directivas que debían cumplir las producciones cinematográficas, sino que también cuidó de su aplicación mucho tiempo.

Las fotos que circulan de él muestran una fisonomía de personaje de historieta: cara alargada, mirada grave y triste, un aire solemne. Sobre su figura corrieron todo tipo de rumores nunca comprobados. Uno de ellos sostenía que la esposa en el juicio de divorcio declaró que su (ex) marido creía que los órganos sexuales femeninos estaban ubicados en el ombligo.

El código creado por Hays no admitía excepciones en cuanto al desnudo ni a todo lo relativo a la sexualidad. Previsor, también castigaba las alusiones por más indirectas que fueran. Su aplicación estricta tuvo como consecuencia un cine que esquivaba esos temas, que se autocensuraba. Un mundo de besos pudorosos, amantes siempre vestidos, manos quietas.

Janet Leigh en Psicosis, de Alfred Hitchcock.

Las alusiones extremadamente veladas, los cortes y las situaciones resueltas en la sala de montaje dominaban la escena. Un plano de una cara que se corta al llegar al cuello, el siguiente sobre unas piernas, el tercero de ropa amontonado en el suelo. Eso era todo lo que se podía mostrar. Directores con gran habilidad como Alfred Hitchcock podían resolver con esos trucos (como en Marnie o la escena de la ducha de Psicosis) pero nada se veía. El público debía imaginar el resto, es decir casi todo.

Naturalmente el Código Hays seguía imponiendo restricciones que nadie se animaba a saltarse. A partir de los inicios de la década de los 60 empezó a ser desafiado por algunos pocos directores que intentaron estirar los límites. La autocensura se imponía. Recién en 1968, Hollywood derogó ese conjunto de reglas y las pantallas se liberaron.

A partir de esa fecha rige el código de calificación de la MPAA (Motion Picture Association of America). Eran otros tiempos. Una nueva generación de cineastas se imponía y el público deseaba y exigía que las historias les fueran contadas de otra manera. Empezaron años en que los desnudos, las escenas de sexo y las de violencia surgieron en las películas. Es decir, todo aquello que el Código Hays no permitía.

El director de cine Russ Meyer en Londres en 1999.

En 1959, un joven director fundó un género, el Nudie. Russ Meyer, con cualquier excusa argumental, lograba poner en escena decenas de mujeres desnudas. De Inmoral Mr. Teas hasta Más allá del valle de las muñecas. Meros pretextos para que el público pudiera ir a la salas para ver pechos: las mujeres de Meyer eran turgentes, como dibujadas con un compás, todos los contornos redondeados. Chicas voluptuosas y alegres correteando, sin ropa, en diferentes paisajes.

En los años de la proscripción de los desnudos y el sexo en el cine, otra manera en que algunos directores intentaron brindar cuerpos sin ropa fueron los largometrajes naturistas. Disfrazados de intentos de búsqueda antropológica, exhibían la cotidianidad de un campo o una playa nudista. Así se aseguraban vellos púbicos, pechos y penes en un contexto que los justificaba. Eran documentales que, sin escenas sexuales, pretendían despertar la imaginación y las fantasías del espectador.

Estas películas de géneros restringidos no tenían exhibición en las grandes salas, ni en las cadenas. Sus posibilidades quedaban reducidas a las Grindhouses, cines de menor calidad que generalmente pasaban películas en continuado con un catálogo nutrido de películas de explotación (Sexplotation) filmadas desprolijamente, con poco presupuesto y en las que las escenas sexuales y los desnudos se metían en la trama de manera frecuente y arbitraria.

Un gran cimbronazo se produjo en 1973 con el inesperado éxito de Garganta profunda. Un film pornográfico. Ya no se trata de algún desnudo, ni siquiera de erotismo. Eran escenas sexuales explícitas detrás de un argumento endeble como el de una mujer que descubre que padece de una anomalía anatómica: su clítoris se encuentra en un lugar tan insólito como la garganta. Esa película, hecha con unos pocos miles de dólares, recaudó en los cines varias decenas de millones. Se convirtió en la que mayores beneficios produjo en la historia en relación a su presupuesto original.

Caligula, del director Tinto Brass, estrenada en 1979.

Calígula, la película de Tinto Brass que marcó una época, tiene una historia detrás que explica algunas cuestiones más allá de la pequeña revolución que causó con su estreno a principios de los 80. El elenco estaba integrado por actores de prestigio como Peter O’Toole, Malcolm McDowell, John Gielgud y Helen Mirren. El productor Bob Guccione, dueño de la revista Penthouse, filmó de noche en los mismos decorados escenas explícitas de grandes orgías que cambiaron el signo (y la reputación) del largometraje.

Varones sin ropa

El desnudo masculino tiene una historia menos frondosa que el femenino. Así como se conocen los hitos en la progresión de las mujeres desnudas, no sucede lo mismo con los varones. Hasta hace muy pocos años Hollywood ha retaceado la desnudez masculina. Un ambiente pacato y machista lo permitía.

Así, cuando aparecían hombres sin ropas en las películas la mayoría de las veces se daba en situaciones humorísticas o paródicas. El recurso de la lámpara, la cabeza de otra persona o el sillón justo tapando los genitales masculinos. La diferencia en el tratamiento entre los sexos era evidente.

Otra característica a destacar: a las grandes actrices se les exigió durante años escenas que implicaran que mostraran el cuerpo pero eso en muy escasas ocasiones ocurría con las estrellas masculinas. En películas donde el sexo tiene una presencia contundente y central como, por ejemplo, en El último tango en París o en los thrillers eróticos de Adrian Lyne de los 80 hay mucha mujer al natural, mucho sexo y casi nada de piel masculina.

Richard Gere en American Gigolo, de 1980.

En 1980 Richard Gere hizo un desnudo frontal en American Gigoló, pero se debe tener en cuenta que todavía no tenía status de súper estrella. En los últimos años esta situación cambió. Actores muy relevantes como Ewan McGregor, Michael Fassbender, Daniel Craig, Vincent Cassell o hasta un personaje anda con su miembro azul al aire en cada aparición como en Watchmen se han expuesto en pantalla.

El cine europeo tuvo menos problemas y más osadía. Ahí están las películas de Ingmar Bergman, Pier Paolo Passolini o la escena de Novecento de Bernardo Bertolucci con la famosa doble masturbación a Robert De Niro y Gérard Depardieu. Ya Leni Riefenstahl en el prólogo de Olympia mostraba cuerpos de ambos sexos al natural, como expresión del ideal helénico. En Oriente siempre fueron más pudorosos. Y en Japón el cine porno llegó a pixelar durante años los órganos sexuales, aunque pudiera adivinarse detrás de esas manchas perfectamente lo que sucedía. Con la excusa de la coproducción con Francia, Nagisa Oshima logró sortear esa restricción en El imperio de los sentidos, historia trágica de amor que contenía escenas sexuales explícitas.

Mientras tanto, las erecciones siguen siendo un gran tabú y tienen muy escasa presencia en la pantalla.

La historia del desnudo en el cine recorrió un camino lleno de ripio en más de un siglo. Entre los críticos se los ha calificado como “cuidados”, “justificados”, “gratuitos”. Por su parte, las actrices y unos pocos actores han justificado su aparición con escasa ropa mientras que el público ha seguido con atención -y no sin morbo- cada una de estas escenas.

La llegada de internet, con el acceso más sencillo a material que antes era de alcance casi imposible, ha naturalizado situaciones. Cada cual en la red puede encontrar lo que busca.

Sin embargo, Hollywood con su vocación cada vez más acendrada de no molestar a nadie, de hablar cada vez de menos temas, de no bucear en los matices, involuciona y a sus historias las carga de moralina y un falso ascetismo. Un puritanismo que prefiere mostrar cada vez menos en una época en que cada vez se ve más.

Fuente: Infobae. Texto: Matías Bauso.

The Magazine Body de ESPN, breve historia

El Magazine Body de ESPN nació en octubre de 2009 con una misión singular: celebrar el increíble poder de la forma atlética. Con la ayuda de 20 atletas valientes, incluidos Serena Williams, Adrian Peterson y Dwight Howard, y un grupo de fotógrafos igualmente élite, el tema debut se estableció inmediatamente como una fuerza cultural.

Desde entonces, Body se ha convertido en algo más que una impresionante cartera anual de imágenes: se ha convertido en una poderosa plataforma de narración de historias, un foro confiable para que los atletas compartan no solo sus puntos fuertes, sino también sus vulnerabilidades. Ha habido muchos hitos en el camino: el ícono del voleibol olímpico Kerri Walsh Jennings posó para el tema en 2013 mientras estaba embarazada de ocho meses. El duatleta transgénero Chris Mosier compartió su poderosa historia de transición con el mundo en 2016. La remera paralímpica Oksana Masters se atrevió a posar sin sus prótesis en 2012. La leyenda del golf Gary Player, en 2013, demuestra que todavía puede tener abdominales rotos a los 77 años.

En los últimos 11 años, a través de miles de fotografías de más de 200 atletas, la franquicia Body de ESPN ha ayudado a cambiar la forma en que las personas piensan sobre la forma atlética. Impulsó y dio forma a debates sobre el aspecto de los atletas y lo que significa tener un cuerpo perfecto para su deporte. Ha inspirado una apreciación más profunda de lo que nuestros cuerpos son capaces de hacer, el poder que poseen, los defectos que nos obligan a aceptar, lo que pueden superar y hacia dónde nos pueden llevar. Es un diálogo del que estamos orgullosos, y estamos comprometidos a continuar en los años venideros.

Fuente: espn.com

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Cap d’Agde, una cierta idea de libertad, retrato de este lugar emblemático

A principios de la década de 1950, los hermanos Oltra tuvieron la idea de crear un campamento naturista en Agde. El balneario es hoy mundialmente conocido a través de sus historias entrelazadas de naturismo y libertinaje…

A principios de la década de 1950, dos hermanos, René y Paul Oltra, trabajan en el viñedo de sus padres cerca del mar, cerca del pequeño pueblo de Agde. Por la noche, les gusta ir a nadar desnudos y notar que cada vez más nadadores, incluidos los alemanes, hacen lo mismo. Los dos hermanos entonces tienen la idea de crear un campamento naturista que verá el día en 1954. Nació el balneario…

Hoy, el pueblo naturista de Cap d’Agde en Hérault, goza de una reputación sulfurosa. De hecho, el sitio se presenta sistemáticamente como el lugar de todos los excesos y la cita de swingers en todo el mundo. Sin embargo, si el espíritu naturista heredado de los años 70 afirma ser diferente del espíritu libertino actual, una palabra siempre regresa y es aceptada por unanimidad en ambos mundos: la palabra “libertad”.

Desde el pequeño campamento naturista de los años 50 de los hermanos Oltra, hasta el pueblo de hoy, eldorado de los libertinos, la historia de una mutación sin igual se escribió en este lugar.

Más allá de la escisión “naturista-libertinos”, este documental nos da a entender la historia y los mecanismos que condujeron a esta evolución. Una película para comprender mejor quiénes son las personas que pueblan este lugar durante un día, una noche, una semana, la época de vacaciones o todo el año.

Cap d’Agde, una cierta idea de libertad
Una película dirigida por Marc Nardino y Carole Mangold vista el lunes 9 de septiembre en la segunda parte de la noche en France 3 Côte d’Azur y France 3 Provence-Alpes.
Coproducción YN Productions, La Cuisine aux Images y France Televisions.

Fuente: france3-regions.francetvinfo.fr/provence-alpes-cote-d-azur Texto: Florence Brun & Sébastien Lemaire (texto original en francés).